Friday 09 de December de 2016

Padres contra hijos

Juan Carlos Ramos León      29 Jun 2014 20:40:24

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Los hijos son un reflejo de sus padres. O la sombra de estos.

Derivado de determinadas circunstancias tuve la oportunidad de observar la conducta de algunas mamás con respecto a sus hijos pequeños.

Noté grandes diferencias entre aquellas mamás mesuradas, que sabían pedir la opinión de sus hijos, escucharlos y corregirlos ante sus errores, ya fuera de manera fraternal o en tono más severo según se requiriera, y entre otras mamás, de esas que no se callan un solo minuto y que se la pasan criticando a todo y a todos, y que cometen el gravísimo error de humillar en público a sus hijos.

Se ha comentado mucho que los niños son como esponjas que todo lo absorben; no hay acto o comentario hecho por nosotros los adultos que no resulte más o menos trascendente para la formación de su personalidad y en verdad considero que no hay algo peor que emitir comentarios peyorativos y humillantes sobre los hijos en público.

Hay hasta quienes les ponen apodos.

Entre otras, observé a una señora que se la pasaba llamando “huesitos” a su hijo. Bien simpático el seudónimo, ¿no? Francamente no creo que el calificativo incrementara del todo el amor propio del niño. Y mucho menos porque solía ir acompañado de comentarios tales como “este niño está bien flaco, no hay como hacerlo que engorde”.

Bastaba ver directamente a los ojos al niño para darse cuenta del grave daño emocional que esto, aun cuando parezca totalmente inofensivo y hasta curioso, en verdad le estaba causando.

Y así como ella, había otros contrastes; una que parecía que sus hijos eran un pequeño pelotón de soldados. Hasta peloncitos los traía. Y ella tenía voz y actitud de comandante suprema.

Ante un sinnúmero de órdenes agresivas y hasta contradictorias y confusas noté claramente que uno de los pequeños agachó la cabeza de vergüenza y, aunque no lo puedo asegurar, me pareció verlo que se secaba una lágrima.

Y estaba otra que decía: “es que esperen a que conozcan a mis hijos, ¡ay! ¡Son tan mal portados!”. Y resulta que arribaron dos pequeñines de lo más simpáticos, que venían de su salón de clases con una gran sonrisa dibujada en el rostro, pero que les bastaron unos minutos con una parlanchina y laxa mamá, para, efectivamente, convertirse en todos unos monstruos.

Observé un último detalle. Acudían a la enfermería muchos niños con cortaditas y golpecitos leves para que los atendieran como si requirieran hospitalización. Padres sobreprotectores creamos hijos con muy bajos umbrales de dolor.

Cuando algo anda mal con nuestros hijos lo primerito que nos debemos de preguntar es ¿qué andará mal con nuestra conducta como padres? Les puedo asegurar que en el 90 por ciento de los casos ahí está el detalle.




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