Saturday 10 de December de 2016

Paralelismos trágicos

J. Luis Medina Lizalde      24 Nov 2013 21:10:05

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Desde el 8 de octubre se encuentra en poder de sus secuestradores quien fuera subsecretario de Ganadería, ingeniero Jaime Ávila Cortés, la familia ha sido engañada en tres ocasiones en que sus captores se comprometen a devolverlo a los suyos, sin que cumplan, a pesar de que en las tres ocasiones se les ha entregado rescate.

Jaime no es el único jerezano viviendo tan duro trance, en idéntica circunstancia se encuentran cuando menos otras dos personas.

El empresario chilero del municipio de Morelos, Porfirio Trejo, salió de idéntico infierno después de pagar cuantioso rescate, tal como lo hicieron dos productores de Chaparrosa, Villa de Cos.

La verdad es que las extorsiones y secuestros tienen con el Jesús en la boca a los habitantes del estado de Zacatecas, a pesar del silencio que acompaña estos actos delictivos, silencio que tiene como uno de sus perniciosos efectos anular la legítima presión social sobre las autoridades responsables de prevenir, investigar y castigar estos delitos.

Los diversos testimonios que he podido conocer desde que escribo del tema coinciden en que las autoridades no reciben denuncia alguna de familias temerosas de desencadenar la ira de los delincuentes en contra de un miembro víctima de secuestro. Por tal razón muchas veces es hasta que se produce el desenlace cuando la autoridad se da por enterada y ocasiones hay que ni entonces.

Pero también en no pocas ocasiones los allegados de una víctima de secuestro denuncian el hecho e invariablemente reciben la orientación de las autoridades responsables de atender el caso para que obedezcan las instrucciones de los delincuentes, fortaleciendo objetivamente la presión ejercida por los delincuentes.

Casos habrá de que tales orientaciones sean inspiradas en la priorización de salvar una vida y casos habrá en que lo que opere sea la complicidad con las bandas delictivas.

En el catálogo de políticas contra el crimen organizado ensayadas por otros países sobresale la de algunas regiones de Italia, donde se convirtió en delito el pago de rescate de parte de los familiares de un plagiado como fórmula radical para arruinar la industria del secuestro, aun a costa de seres humanos inocentes.

Entre nosotros no faltan voces que defienden esa lógica; sin embargo, antes de instalarnos en tan inhumano extremo, mucho tenemos por hacer mediante la puesta en juego de otras respuestas que tienen que ver con la eficacia y la ética.

Colombia era la referencia negra
En décadas recientes los mexicanos fuimos inducidos a percibir al crimen organizado como calamidad lejana.

Colombia fue víctima de la estigmatización promovida, al mismo tiempo que las mafias del narcotráfico flotaban en las entrañas del régimen mexicano para irrumpir con trágica espectacularidad, al grado que México sustituye a Colombia como la referencia del infierno y hace de Pablo Escobar Gaviria soldado menor ante la entrada en escena de El Chapo.

Toda proporción guardada, de la misma manera que los mexicanos fuimos inducidos a pensar que la tragedia colombiana era impensable en México, los zacatecanos somos conminados a suponer que “Zacatecas no es Michoacán”.

Sin embargo, lo que ya deberíamos haber aprendido es que no estamos a salvo de experimentar la ruptura del tejido social que dé paso a la exacerbación de lo que, aunque relativamente soterrado, ya padecemos.

Caminos de Michoacán
Tan mentalizados estamos los zacatecanos para que la sociedad se defienda con sus propios medios que todo mundo, empezando por los voceros gubernamentales, vertió encendidos elogios a los humildes habitantes de Villa Cárdenas, municipio de Francisco R. Murguía, cuando se organizaron para repeler al grupo delictivo que les exigía la entrega de todas las armas, asumiendo en esencia idéntica actitud a los habitantes de Tacíntaro, Michoacán.

Los ganaderos zacatecanos que recientemente demandaron autorización de armarse para defenderse ellos mismos, envían el mismo mensaje que los productores aguacateros michoacanos le vienen diciendo al gobierno michoacano.

Los numerosos signos de impotencia, indiferencia y complicidades de la clase política michoacana tienen su equivalente local en la ausencia crónica del tema en las agendas de muchos actores políticos y en la no menos crónica deslegitimación que envuelve su desempeño.

El ocultar hechos hasta donde sea posible, otra similitud. Otro paralelismo trágico es el que nos lleva a esperar la solución procedente de la Federación: Michoacán fue la primera entidad donde se recurrió al empleo masivo del Ejército aquel 11 de diciembre del 2006; los resultados lo dicen todo, hoy por hoy nada es igual porque todo está peor.

En Zacatecas seguimos en el espejismo de que el Ejército, la Marina y los policías federales harán la tarea de devolvernos la tranquilidad perdida y que a nosotros sólo nos toca “echarles flores”. Sin cambio de vereda no hay cambio de destino.

Nos encontramos el jueves en El recreo.




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