Friday 09 de December de 2016
»Juan Carlos Yebra busca una nueva oportunidad para vivir, pero le cuesta $1.5 millones  

Perdió 30 años de su vida por un tumor cerebral 

Heraclio Castillo      7 Dec 2013 22:18:16

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  • Después de la primera operación, Juan Carlos Yebra se enfrentó a la discriminación para obtener un trabajo.  (Cortesía) Después de la primera operación, Juan Carlos Yebra se enfrentó a la discriminación para obtener un trabajo. (Cortesía)
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  • El tumor.  (Cortesía) El tumor. (Cortesía)
  • Más de 15 especialistas
ha consultado Juan Carlos Yebra; ninguno ha querido operarlo. (Heraclio Castillo) Más de 15 especialistas ha consultado Juan Carlos Yebra; ninguno ha querido operarlo. (Heraclio Castillo)
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Los primeros 30 años de su vida se esfumaron tras la operación. Inicialmente, el diagnóstico fue osteocondroma (crecimiento anormal de los cartílagos); sin embargo, tras la primera operación en noviembre del 2007 la vida de Juan Carlos Yebra cambió drásticamente.

Con 37 años de edad, sólo recuerda los últimos seis. No obstante, la pérdida de la memoria a largo plazo no ha sido impedimento para que Juan Carlos inicie un nuevo camino.

Sin embargo, su experiencia ha sido como partir de cero, desde el primer beso, conocer el mar o descubrir el sabor de los alimentos, pues incluso eso se había borrado de su memoria.

Con nostalgia, comenta que hay dos cosas en especial que le conmueven: la lluvia y hacer bromas. Pero a pesar de su actitud positiva, actualmente sufre de ataques convulsivos cada cierto tiempo, seguido de periodos con pérdida de memoria y fuertes dolores de cabeza, tan intensos que puede sentirlos aun cuando sólo tiene 5% de sensibilidad en el lado izquierdo del cuerpo.

En su intento por recuperar la salud, Juan Carlos ha visto a más de 15 médicos especialistas, entre neurocirujanos, neurólogos y oncólogos y ninguno ha querido operar; los últimos médicos a los que ha consultado ahora piden un millón y medio de pesos para poder atenderlo.
Pese a todo, reúne fuerzas para crear una asociación, pues desea “que la gente conozca que tener una enfermedad terminal no es el fin del mundo, es una puerta a hacer más cosas por la gente”.

Su historia
Una mañana de octubre del 2007 Juan Carlos se levantó y bajó al primer piso del hotel donde trabajaba en un pueblo de España. Como todos los días, encendió las luces y prendió el horno para calentar el pan para los primeros huéspedes y luego desayunar. Pero la rutina terminó cuando el ojo derecho comenzó a nublarse, hasta que la vista se cubrió por completo.

El problema lo descubrieron los doctores más tarde, cuando una tomografía reveló que tenía un tumor en el cerebro, casi del tamaño de una nuez. Medía 2x2 centímetros, pero hizo que la cabeza de Juan Carlos se hinchara “como balón” en cuestión de horas, por lo que se decidió su operación inmediata.

No obstante, cuando la aseguradora supo que se trataba de un tumor cerebral, “Mapfre México desapareció de mi vida, al grado que Mapfre Madrid, que es la matriz a nivel mundial de Mapfre, les llamó y les dijo (en una conferencia) ‘no puedes abandonarlo, nosotros absorbemos los gastos, pero tú como Mapfre México tienes que autorizarlo’. Y no quisieron”, recuerda.

Juan Carlos estuvo dos días internado en el hospital antes de que fuera evaluado por el neurocirujano Secundino Ferrer, quien al revisar las tomografías le explicó que “es una nuez, esta nuez la acabamos de detectar, no sé qué sea, no sé cómo funciona, no sé cómo operar”.

En ese momento a Juan Carlos le daban una esperanza de vida de dos años más en caso de no someterse a una cirugía. El médico le preguntó: “¿qué es lo que más quieres hacer en la vida?”.

Como nacer de nuevo
Viajó. Pronto empezó a planificar su vida. La operación estaba programada para diciembre del 2007; sin embargo, el 20 de noviembre le hablaron del hospital para comunicarle que debía ser operado de urgencia en tres días, pues su historial clínico indicaba que ya había presentado pérdida de memoria en al menos dos ocasiones.

Su angustia era tal que pasó en vela la noche previa a la operación, por lo que la anestesia tuvo un efecto inmediato. La operación duró aproximadamente siete horas, luego de las cuales el neurocirujano se dirigió a los familiares con un pronóstico adverso.

De acuerdo con Juan Carlos Yebra, el doctor Secundino Ferrer les dijo que “las cosas van mal, acaba de tener otro infarto cerebral, yo ya he decidido parar; lo que saqué no es lo que yo pensaba, tengo 40 años operando y nunca había encontrado algo así. Pensamos que era un tumor definido, pero adentro es un pulpo, está por todos lados y lo deshice (a Juan Carlos), técnicamente”.

El neurocirujano recomendó a la familia hablar a la Embajada de México en España para comenzar con el papeleo y trasladar el cuerpo “porque no va a salir y, si llega a salir, te va a quedar cuadrapléjico, por lo menos; quedó muy dañado”.

Sin embargo, tras la operación, Juan Carlos refiere que “abrí los ojos y vi unos ojos azules, como el cielo de Zacatecas. Nunca he visto un cielo como esos ojos. Ahí me di cuenta de que estaba en un hospital.

De repente, alguien entró, no supe quién era; entro alguien más, no supe quién era; me quedé dormido”.

Al principio la idea era realizar la operación, permanecer tres semanas en cuidados intensivos, más el tiempo de recuperación. Juan Carlos salió de terapia intensiva el mismo día de la operación. Este avance y el de días posteriores le fue comunicado al neurocirujano, quien salió de vacaciones luego de la cirugía.

Este “milagro de la medicina”, como había definido el caso el doctor Secundino Ferrer, parecía que daría nuevos bríos a Juan Carlos, pero no fue por mucho tiempo. Al salir del hospital, en diciembre, sus familiares lo trajeron a México para su rehabilitación y en el aeropuerto internacional de la ciudad de México advirtieron los primeros indicios del daño que había sufrido.

“Había una señora que me jalaba el abrigo y me jalaba el abrigo y le digo a mi suegra ‘dígale a los policías que me quiten a esta señora’ y que me dice mi suegra ‘no, Carlos, tranquilízate; ella es tu mamá”, refiere entre lágrimas que no puede contener.

Partir de cero
“Me subieron a una camioneta y en todo el camino lloré y lloré porque estaba en una camioneta con gente que no conocía”, aunque se trataba de sus familiares, entre ellos su madre, quien llevó el peso de la situación en sus hombros, pero llegó a tal grado que un día de febrero del 2008 “se enojó conmigo y me dejó solo”.

La experiencia de encontrarse en una ciudad desconocida, rodeado de gente desconocida, le angustió tanto que en los próximos días se dedicó a buscar trabajo, “pero iba con el ojo cerrado, con una cicatriz inmensa y todo mundo me decía que no”.

Su búsqueda lo llevó hasta Acapulco, donde descubrieron que el tumor no afectó sus conocimientos académicos y así pudo aprovechar su habilidad para manejar las finanzas.

Por azares del destino, llegó a Zacatecas, donde “empezamos a ver las deficiencias del sistema de salud: desde una cama de hospital vieja, enfermeras no capacitadas, neurocirujanos enojados”, entre otros detalles. No obstante, eso no menguó su interés por investigar sobre su tumor.

Se realizó varios estudios en hospitales de Nuevo León, San Luis Potosí, Jalisco, el Distrito Federal, Guerrero, Torreón y Zacatecas; pero la mayoría de los médicos daban un pronóstico negativo: “te vas a morir, vete a morir a tu casa”. Además, refiere, “es enfrentarte con doctores que te patean la cama, te escupen, te dicen ‘ve y muérete a tu pueblo’, pero no les guardo rencor, porque me ha tocado encontrarlos en la calle o en el hospital”.

Mientras en el Centro Médico Nacional Siglo XXI, del IMSS, los doctores se negaron a operarlo hasta que fuera “realmente necesario”, como refiere Juan Carlos; en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, ubicado en Aguascalientes, los médicos ofrecen realizar la cirugía de forma gratuita, aunque en la dirección del hospital le piden 1 millón 500 mil pesos por el uso del quirófano.

Su lucha
Este diciembre Juan Carlos Yebra cumplirá seis años desde que le detectaron el tumor; ha vivido cuatro años más que el pronóstico que le daban de vida. El tumor mide ahora entre 7 y 9 centímetros, aunque está creando otros pequeños tumores en el cuello, junto al oído y en la espalda; una metástasis.

Además, Juan Carlos sufre de crisis convulsivas, por lo que no debe estar solo.

En su vida diaria siempre trae consigo una cajita con una inyección, pastillas para el dolor de cabeza y su teléfono, pues en caso de tener una crisis convulsiva, simplemente marca el primer número que aparezca para avisar dónde se encuentra.

También tiene periodos en que pierde la memoria, mientras que el temblor en el lado izquierdo del cuerpo se ha acentuado con el tiempo. Asimismo, el tumor ha incidido en el uso del lenguaje, pues en ocasiones habla español y de pronto cambia a un acento ibérico, para luego pasar al inglés o alemán. El estrabismo se acentúa cada vez más porque el tumor, cada vez que crece, mueve más el ojo porque está recargado en los nervios ópticos.

En Alemania investigaron su caso y cobran 75 mil euros por la operación, lo que equivale a algo más que 1 millón 340 mil pesos, aunque su diagnóstico es cáncer. Para corroborarlo deben hacer una biopsia, pero para eso deben abrir la cabeza de Juan Carlos y no hay médico que se decida a hacerlo.

Él insiste a los doctores en que le operen, sin importar si sobrevive a la cirugía. Afirma que, en caso de no lograrlo, hay 10 órganos vitales que le pueden servir a alguien más.

Campaña
Actualmente Juan Carlos está reuniendo firmas para crear una asociación civil. Al principio la idea era reunir 1 millón 500 mil pesos para su operación; sin embargo, ahora su objetivo es pedir a la Federación que equipe a los hospitales, que se contrate a personal capacitado y que los pacientes reciban mejor atención. A la fecha lleva ya cerca de 6 mil firmas.

Sobre su operación, Juan Carlos refiere que una empresa de mensajería es la única que se ha ofrecido a aportar 1 millón de pesos, pero con la condición de que la sociedad también se solidarice, por eso insiste en crear esta asociación civil.

“Creo que es un sueño lejano, pero no improbable. Yo sé que si entre todos se hace un enlace, podemos decirle a la Federación que equipe nuestros hospitales. Tenemos el mejor hospital, que es el Hospital General y es el mejor equipado de Zacatecas”; sin embargo, lamenta que no se haya contratado al personal para manejar dicho equipo.

Otro objetivo de Juan Carlos es “enseñar a la gente que no eres un numerito en un hospital; eres un ser humano en un hospital”. Por tal motivo, cuestiona: “¿Por qué discriminar a la gente porque tienes un ojo chueco y un tumor en la cabeza? Hay quien es ladrón y sigue trabajando”.

A la fecha él da clases en una universidad; cumplirá tres años dando clases a nivel licenciatura y maestría. También ha impartido conferencias, fue candidato a diputado plurinominal hace tres años, pinta y se dedica a la investigación, con aval del Conacyt.

Pese a las circunstancias adversas, Juan Carlos se repite día con día “yo me he mentalizado: un día va a tronar, sí; que cada día se acerca más, sí; pero yo me voy a seguir preocupando por los chavos de la universidad, seguirlos instruyendo”.

Además, con convicción afirma que “me siento mejor con esta historia que tratando de buscar en el pasado”, ante su pérdida de memoria. La frase que lo motiva día a día es “vida, nada te debo, nada me debes, todos mis sueños se han cumplido”.

Después de la primera operación, Juan Carlos Yebra se enfrentó a la discriminación para obtener un trabajo.

Perdió 30 años de vida
"Quiero que la gente conozca que tener una enfermedad terminal no es el fin del mundo, es una puerta a hacer más cosas por la gente (...) quiero enseñar a la gente que no eres un numerito en un hospital; eres un ser humano en un hospital", expresó Juan Carlos Yebra

Contacto 
Si usted quiere apoyar a Juan Carlos Yebra Guzmán para unirse a su campaña a fin de que pueda ser operado puede encontrar más detalles en su página de Facebook: Mi nombre es Juan Carlos Yebra Guzmán.




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