Saturday 10 de December de 2016

Permisividad apátrida

J. Luis Medina Lizalde      18 Jun 2014 22:20:09

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Henry Lane Wilson, el tenebroso embajador gringo patrocinador de la traición de Victoriano Huerta y del asesinato de Madero y Pino Suárez, siempre contó con la activa complicidad de mexicanos carentes del más elemental sentido de patria.

Además del propio Huerta, una porción alta de la clase política de entonces se alineó indignamente al régimen, y lo mismo hicieron no pocos de los grandes hacendados y hombres de riqueza, además de jefes y oficiales que en vez de seguir el ejemplo de pundonor de militares profesionales como el propio general Ángeles y el zacatecano Pedro Caloca, optaron por el bando de la traición hasta que la furia popular culminó su aniquilamiento aquel 23 de junio de hace 100 años.

La opción por el interés extranjero contrapuesto al interés nacional de una parte de individuos en situación de obtener provecho político o económico individual es una constante en la historia de México y probablemente en la de todos los pueblos, por tal razón, no hay gobierno que se respete que no permanezca atento a eventualidades derivadas de semejante proclividad humana, pero ¿qué sucede cuando es el propio régimen el que alienta el sacrificio de lo propio en beneficio de dominaciones externas? Un botón de muestra del oscuro proceso de desnacionalización integral en que estamos sumergidos lo encontramos en el siguiente relato.

extraño en su propia tierra
Los habitantes de la colonia Bella Vista de Concepción del Oro perdieron la tranquilidad desde que hace cinco años los canadienses que extraen el oro y la plata de Aranzazú detonan barrenos de tal magnitud que las casas del vecindario aludido se fracturaron irremediablemente.

Angustiados por la inminencia de perder su modesto patrimonio, han acudido a las autoridades, han presentado denuncias, repartido volantes, declarado ante periodistas, han apoyado a candidatos a cambio de apoyo, han contratado abogados y pseudo abogados, han firmado convenios con la compañía minera que no se cumplen, bloqueado caminos de acceso a la mina y todo lo que se les ocurre que pueda servir a su causa.

Tuve la ocasión de entrar en contacto con un grupo significativo de los damnificados de Aranzazú Holding (antes Macocozac) en una de las casas dañadas por las explosiones, relatan que no duermen tranquilos desde que se volvió habitual despertar por el estruendo y las sacudidas que cada explosión provoca.

Al mismo tiempo que claman por solidaridad dejan constancia de que no confían ni en su propia sombra. Nos dicen que mantienen en el bajo perfil a los que trabajan para los canadienses por temor a ser despedidos.

Nos cuentan que los embarcaron con un individuo al que supusieron abogado que les sacó dinero a ellos y a la empresa a cambio de nada, señalan que la presidenta municipal del pasado trienio se puso de parte de los canadienses de manera franca y que el actual les dice que retiren su denuncia para poderlos ayudar, nos platican cómo fueron a caer con un licenciado que por escucharlos les cobró 500 pesos, de un agente del Ministerio Público que evidentemente participa del juego intimidatorio de la empresa canadiense.

Nos narran el frustrante encuentro con el gerente de Aranzazú Holding, según su descripción, un déspota exponente del racismo europeo (sueco, parece ser) que no escatima insultos al tratar con ellos.

Tratan de confrontarlos con los trabajadores de la mina a los que les hacen creer que la protesta de los damnificados de las explosiones de Aranzazú pone en riesgo la fuente de trabajo.

Cuentan que el procurador los atendió diligentemente y que hasta tuvo la gentileza de proporcionarles su número telefónico al que llaman y llaman sin que les conteste.


Se quejan amargamente de los periodistas que ponen cosas distintas a lo que ellos declaran y a los que perciben de plano de parte de la empresa.

Su molestia sube de tono cuando se refieren a una declaración periodística del secretario general del Gobierno del Estado, Francisco Escobedo, donde asegura que les fueron entregados 500 mil pesos sin ser verdad.

Resienten abandono de los tres niveles de gobierno, de los periodistas, de los partidos, de los diputados y de los abogados. Sienten que todos se hacen del lado de los canadienses.

tierra de conquista
Esa sensación recorre todo el territorio nacional con riqueza minera donde se instala el capital canadiense.

En Canadá respetan las leyes, cuidan la ecología, pagan buenos salarios, negocian con los trabajadores organizados y no regatean impuestos.

Allá no les permiten sobornar, dañar a terceros o corromper autoridades.

¿Cuál es la razón de que las mineras canadienses hagan aquí lo que jamás se atreverían en su propia tierra?

Es la permisividad apátrida, mediocre y sin ley que nos conduce, esa es la razón.

Nos encontramos el lunes en El recreo.




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