Saturday 10 de December de 2016

perspectivas Miel y veneno, a la vez 

Antonio Sánchez González      5 Jun 2014 23:40:20

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Horacio Jinich me contó que gustaba de ver consultas a domicilio por la noche porque a veces lo invitaban a cenar y a través de la conversación en la mesa podía complementar lo que escribiría en la receta: el ambiente social y familiar puede ser causal de enfermedad. Los médicos tenemos una posición privilegiada como observadores de la sociedad. Si estamos atentos, la gente nos cuenta sus sentimientos al tiempo que nos enteran de sus dolencias: podemos sentir el pulso de sus miedos y deseos en el momento de la palpación de sus entrañas.

En Jerez estamos colectivamente enfermos hace años. La falta de salud se siente en las calles igual que en los consultorios médicos. Aquí, cuando se trata de curarse, para un enfermo es más importante la opinión de su pariente en la Unión Americana que la propia, o la del médico. Igual sucede a la hora de pintar la casa, pagar contribuciones, comprar comida o tomar decisiones en el gobierno municipal, porque “el que paga la música, escoge la pieza”.

Hace mucho que en Jerez no somos capaces de producir o pagar nuestros alimentos, ni hablar de pensar en decidir nuestro rumbo social y económico. Hace mucho que no somos capaces de satisfacer las necesidades esenciales de nuestros jóvenes, mucho menos de acompañarlos en sus sueños. Por eso se van; huyen.

En pocos años, de ser un centro comercial, agrícola y ganadero con importancia regional, nos convertimos en un pueblo preocupado por construir monumentos absolutamente inútiles, como lienzos charros, explanadas y domos escolares; lastimosamente, parece que el único ejercicio intelectual del que somos capaces como colectividad es descifrar el chismorreo en el que se ha convertido el gobierno municipal.

Que se cite a una reunión para aclarar los detalles del inexplicable, inútil e innecesario viaje a España de una funcionaria local, pagado con recursos públicos, es la expresión más acabada de la crisis que vivimos. Nuestra vida pública está hecha de “eventos” y “conferencias de prensa” sin esencia.

Jerez es uno de los tres municipios de este estado pobre que ha visto disminuir su producto interno bruto toda una década. En términos técnicos, estamos en recesión hace trienios. Los muchachos sin quehacer, los comercios cerrados y los robos en las casas, son los síntomas del padecimiento.

Lamentablemente, ninguno de nosotros está pensando en el remedio. El delirio que nos causó el espejismo del montón de turistas que se supone merecemos acabó con el cuidado que debimos mantener en las fuentes de riqueza que engrandecieron a este pueblo. Hoy, tenemos una economía local exclusivamente basada en los 600 empleos que genera el edificio de la presidencia municipal, cuyo patrón cambia cada tres años.

Dice una trillada aseveración que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Seguramente nos merecemos gobiernos patéticos, derivados de partidos no comprometidos y encabezados por actores con motes inspirados en personajes de película de El Piporro, dedicados a una continua perorata porque reconocen sus puntadas insuficientes para resolver estas patologías. Están incapacitados y no tienen interés.




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