Saturday 10 de December de 2016

Pirata ¿yo?

Juan Carlos Ramos León      16 Feb 2014 20:03:17

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Hace algún tiempo tuve una discusión con una señora un tanto entrada en años sobre el precio de un CD original de Luis Miguel. Tiempo ha, puesto que el comercio de las obras musicales se da ya mayormente por otros canales.

La señora estaba indignada por lo alto del precio del disco. Yo estaba indignado porque si había algo que le faltara a ella no era precisamente el dinero.

Le insistía fuertemente en que se trataba, no de un pedazo de plástico con algo de información grabada en su interior, sino en el resultado artístico del trabajo arduo de muchas personas, comenzando por el cantante, y reforzaba mi argumento con la siguiente analogía: “si usted decide, digamos, pintar un cuadro para luego venderlo está en su derecho de ponerle el precio que le plazca, hasta de regalarlo, si quiere, pero es el valor que usted le da a una obra de su creación, de algo que sacó de la nada y a lo que le imprimió su emoción e inteligencia, pero nadie tiene el derecho de copiárselo para lucrar con él; el derecho de explotar su obra es únicamente suyo”.

Sobra decir que ni yo la convencí ni ella a mí, afortunadamente seguimos siendo amigos hasta la fecha, o por lo menos eso creo yo.

El asunto de la piratería es materia de una amplia discusión, pero yo tengo una postura al respecto y aquí la voy a plantear: quien lucra con la creación de otro sin su consentimiento no merece otro calificativo que el de “ladrón” y quien lo acepta y se lo paga a éste para comprar dicha creación a un precio menor se debe de considerar a sí mismo como un “cómplice”.

No se ofenda por favor. Todos hemos sido “cómplices” de robo -en estos términos- más de una vez, por eso creo conveniente que nos sentemos unos minutos a reflexionar al respecto.

Comencemos por tratar de imaginar la estructura que hay detrás de, digamos, un vendedor de películas clonadas que pone su puesto en la calle. Tú vas, tomas el disco, lo pagas y ya, pero nunca te preguntas quién lo copió, de dónde obtuvo el original, qué herramientas utilizó y con qué dinero las compró, cuántas copias hizo y cómo fueron llegando éstas a todos los puntos de venta en los que se encuentran. 

Esto, estimado lector, se conoce comúnmente como “crimen organizado”. Ahora preguntémonos: ¿será el copiado de películas la única actividad ilícita a la que esta red se dedica? La respuesta, para la mayoría de los casos es: NO.

Le decía, la discusión puede tomar muchas vertientes. Yo sólo le pido un favor: trate de ser un poco más reflexivo la próxima vez que se encuentre a punto de adquirir un producto pirata: podría estar financiando al crimen organizado, estaría usted cometiendo un delito y posiblemente volviéndose cómplice de otros más graves.







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