Wednesday 07 de December de 2016

Poderes fácticos de riego y de temporal

J. Luis Medina Lizalde      29 Dec 2013 21:55:58

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La experiencia particular de los zacatecanos con los poderes fácticos, siendo añeja y variada, palidece ante la irrupción de factores de poder de superiores dimensiones, como los consorcios mineros, a los cuales el gobierno federal les ha concesionado más de una tercera parte de nuestro territorio. Los poderes de factura local quedarán como reminiscencias de un pasado que nos recuerda que la ciudadanía plena, la democracia y el estado de derecho son apenas metas a lograr.

El siglo pasado fue testigo de la perdurabilidad de un poder fáctico llamado Leobardo Reynoso que durante los dos sexenios que siguieron a su mandato constitucional impuso su voluntad hasta que Adolfo López Mateos lo mandó al servicio exterior y el ingeniero José Isabel Rodríguez Elías operó el desmantelamiento de sus porciones de poder remanentes.

De manera paralela y sin entrar en conflicto entre ambos, el general Anacleto López, desde la hacienda de Víboras, municipio de Tepetongo, dejó constancia cruel de su poderío, que no tenía autoridad que se le resistiera ni ley a la que se sometiera. Solo la muerte puso punto final a su dominio regional en Jerez y alrededores.

Tlaltenango conoció otro poder fáctico más o menos contemporáneo, el del sacerdote católico Antonio Quintanar, líder nato, organizador y visionario que supo movilizar a sus feligreses en pro de obras trascendentes como la carretera a Jalpa y que por esa vía adquirió un poderío político tal que no había modo de tomar decisiones terrenales relevantes sin consultarlo; su indisputada hegemonía llegó a su fin en forma de mujer.

Junto con los infaltables notables de corte provinciano hemos tenido, o mejor dicho padecido, a los poderes fácticos de temporal, entendiendo por tales a los que acceden a tal condición como consecuencia del encumbramiento de un pariente permisivo.

Se trata de hijos, cónyuges, cuñados, hermanos, sobrinos, primos y amigos de la infancia de gobernantes. El rechazo social que generan encuentra paliativos en la conciencia general de que son mal de temporada y que su destino es regresar al mundo de los simples mortales a cosechar desprecio y gastar lo mal habido.

Cultura preciudadana
Un modo de ejercer poder fáctico consiste en no padecer las consecuencias por una acción que a alguien desprovisto de ese poder le serían ineludibles. Piénsese en el funcionario de medio pelo o en el periodista farolón que se estaciona en lugar prohibido atenido a su capacidad intimidatoria.

Otra manera de ejercer el poder fáctico estriba en la capacidad de que otros se comporten conforme a nuestra voluntad, sin fundamento legal alguno; por ejemplo, para que servidores públicos contraten o despidan a determinado individuo, para asignar contratos, para imponer “mordidas” a cambio de algo al que el “mordido” tiene derecho”.

No fue la autoridad de que legalmente estaba investido Porfirio Díaz la que hizo posible que uno de los 42 aprehendidos en ruidosa fiesta gay fuera puesto en libertad mientras que a los restantes 41 se les imponían severas penas; fue el poder fáctico del suegro Porfirio Díaz lo que produjo el desenlace.

La contraparte infaltable de la añeja presencia de los poderes fácticos es la igualmente larga existencia de individuos investidos de autoridad formal, achaparrados, medrosos a extremos caricaturezcos ante los poderes fácticos de su entorno, pero eso sí, implacables aplicadores de la ley a los transgresores sin fortuna ni apellido lustroso.

Federalismo selectivo
Cuando los poderes fácticos las”pueden más” que los poderes sustentados en el derecho, las instituciones son en realidad “sus instituciones” porque están sustraídas al control social, secuestradas por intereses privados y, por ende, susceptibles de ser mandadas al diablo en aras de la verdadera institucionalidad; así vivimos en el México contemporáneo, sin que Zacatecas sea la excepción.

La riqueza del subsuelo zacatecano, por decisión del gobierno federal, está a disposición de los consorcios mineros extranjeros, principalmente canadienses y algunos mexicanos. La contaminación, la deforestación y el aniquilamiento de los mantos acuíferos son procesos en curso.

Los métodos que en otras partes se prohiben, aquí se ponen en práctica. La reforma fiscal que tanto criticaron tales consorcios ha sido flexibilizada en su beneficio. La renuencia patronal a respetar los derechos laborales y sindicales en algunos casos y el avasallamiento de comunidades y legítimos poseedores de las tierras con riqueza mineral es cada vez más obvio.

Ante tal panorama, es alarmante que los gobernantes zacatecanos no muestren voluntad alguna de reclamar al gobierno federal la irresponsable dilapidación de la riqueza del subsuelo zacatecano, sin tomarle parecer a sus legítimos dueños. En ese terreno debería campear el mismo espíritu federalista que se invocó para defender la permanencia del órgano electoral local.

Nos encontramos el jueves en El recreo.
 




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