Tuesday 06 de December de 2016

Protección del patrimonio artístico

Alvaro Octavio Lara Huerta      7 May 2014 22:10:07

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Corneluis Gurlitt tenía en su poder más de mil 500 obras de arte. (Cortesía)
Corneluis Gurlitt tenía en su poder más de mil 500 obras de arte. (Cortesía)
Hace un par de días se dio a conocer el fallecimiento del “coleccionista” alemán Cornelius Gurlitt, quien saltó a la fama apenas hace dos años cuando se descubrió que atesoraba más de mil 500 piezas de arte robadas en la Segunda Guerra Mundial.

Desde magníficas creaciones, Picasso, lo mismo que Chagall y obras de Matisse son la resaca del terrible y lamentable saqueo del que fueron objeto museos y grandes colecciones privadas de Europa durante el conflicto armado.

Al parecer, falta un buen tiempo para el desenlace de esta historia, pues la falta de descendencia directa del “coleccionista”, así como un acuerdo inconcluso de devolución de algunas piezas a quienes puedan comprobar plenamente la auténtica propiedad vuelve más complicada la situación.

Al conocer realidades como esta, es imposible no pensar en la vulnerabilidad del arte ante el desastre, ya sea natural o por conflictos sociales.

La responsabilidad de la conservación más exitosa que se conoce es la compartida, cuando la sociedad organizada asume las tareas de preservación del patrimonio ante la amenaza de su desaparición.
Recuerdo Oaxaca en el 2006, ante una efervescencia social y un conflicto fuera de control, la intervención de académicos, artistas e intelectuales por vaciar a medianoche los principales museos del centro de la ciudad garantizando su seguridad y permanencia.

O la impresionante cadena humana en la Plaza Tahir para proteger el acervo del Museo Egipcio durante el revuelo de la primavera árabe en 2011.

Menos afortunado es el patrimonio sirio, del que se desconoce el verdadero daño.

Varios sitios culturales han sido campos de batalla, por lo que la interrogante vuelve a nublar la razón. ¿Estamos preparados para proteger nuestro patrimonio?

No se puede proteger lo que se desconoce, por eso es de suma importancia la divulgación de la herencia artística local y nacional.

La desaparición de obras artísticas arranca a las generaciones futuras del más importante legado que le puede dar la sociedad, el tener programas de divulgación artística especializados para todo público garantiza la conciencia artística por proteger el patrimonio cultural de las ciudades.

La promoción de los talentos creativos locales, nacionales y universales es una tarea sustantiva tanto de las instituciones públicas como los centros educativos y de formación.

Tener servicios de interpretación en cada museo y centro cultural fomenta la apropiación de los espacios y refuerza la identidad del ciudadano.

La cultura es el alma de los pueblos y un motor del desarrollo, no existe ni existirá mejor programa de cuidado del patrimonio que la conciencia social.

Volviendo al inicio de esta historia, es de reconocer el tiempo que Gurlitt resguardó gran parte de la historia de la humanidad, es pertinente que cada trabajo artístico regrese a su museo, galería y colección de origen.




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