Sunday 11 de December de 2016
»Zacatecanos visitan a sus fieles difuntos en el Día de Muertos 

Panteones, con historias  que estremecen

Melina González      1 Nov 2013 23:00:01

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  • Desde temprana hora los puestos de flores ya lucían su mercancía afuera del cementerio. (Oscar Baez) Desde temprana hora los puestos de flores ya lucían su mercancía afuera del cementerio. (Oscar Baez)
  • Acudieron a ver a sus familiares. (Oscar Baez) Acudieron a ver a sus familiares. (Oscar Baez)
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Poco antes de las 10 de la mañana el Panteón de Herrera, que usualmente luce desértico, ya resplandecía: cientos de arreglos florales ya habían sido colocados y otros cientos más se estaban terminando de colocar.

Como cada año, miles de personas acuden a las tumbas de sus seres queridos a llevarles algún presente en señal del cariño y recuerdo que se les guarda. Las calles aledañas al Panteón de Herrera yacen sumergidas en el bullicio de los compradores: amas de casa caminan frenéticamente entre los puestos buscando el manojo de flores de cempasúchil más barato.

Otras, apuradas, buscan entre los comerciantes el disfraz para sus hijos; otras más se dan tiempo para desayunar en alguno de los puestos de enchiladas o tortas que tradicionalmente se colocan.

Un grupo de niños de un kínder cercano recorre con sus folclóricos atuendos las calles pidiendo el muerto; se acercan a un grupo de policías municipales que, entre sonrisas, dan una pequeña cantidad de monedas a los primeros niños que se les acercan.

Los puestos de artesanías, de comida y dulces típicos, como melcochas y calaveritas de azúcar, lucen repletos; sin embargo, ninguno ostenta tal cantidad de compradores como los puestos de las flores. Una familia de vendedores no se da abasto descargando las flores de cempasúchil de la parte trasera de su camioneta: “apúrale m’hijo, que viene lo fuerte mañana”, se dicen.

Y es que tradicionalmente es hasta hoy, 2 de noviembre, cuando la gente acude a los panteones a visitar a sus familiares; la mayoría se adelantó “para evitar tanto amontonadero”, dice una señora.

Contrastes
Gran contraste se aprecia entre el Panteón de Herrera y el de la Purísima; el primero se ha convertido en un ir y venir de personas de todas las edades, mientras que en el segundo se puede apreciar, de vez en vez, entrar a deudos de los que ahí yacen enterrados con algún discreto arreglo floral, que contrasta por mucho con los folclóricos ramilletes depositados en el Panteón de Herrera.

Asimismo, cada tumba de los panteones de Dolores y Jardines de Guadalupe narra una historia diferente y única, donde el dolor no es para los que partieron, sino para lo que los extrañan.

Desde el 5 de julio, cuando su nieta fue sepultada en el panteón de Jardines de Guadalupe, Cecilia Amaro Zaragoza no deja de acudir cada ocho días a limpiar la tumba de su “angelito”, que regresó con Dios.

“Me la mataron antes de que cumpliera los ocho meses de nacida”, dice con lágrimas y la voz entrecortada, mientras su hija lee oraciones junto a la tumba de Estrella, quien este noviembre cumpliría el año de vida.

Casi en un susurro confiesa que el artífice de este perverso acto fue el mismo padre de Estrella. Su mamá aún luce las agresiones que le propinó su pareja, que ahora está en la cárcel por el asesinato de su pequeña. “Ese día yo la dejé en su cuna, se la encargué a mi esposo y me salí a vender”, recuerda la mamá.


“Cuando regresé, quise besarla, pero él me pidió que no lo hiciera porque la despertaría. Me puse hacer el quehacer y cuando me pidió que me acercara, me empezó a golpear muy fuerte; como pude, escapé y tomé a mi bebé entre mis brazos para pedir ayuda”, explica.

Sin embargo, hasta que huyó se dio cuenta de la trágica realidad: su hija ya estaba sin vida. Este 1 de noviembre un rehilete sobre su tumba parece moverse con el soplo de Estrella para la familia Amaro Zaragoza; acudir cada semana es una forma de no olvidarla “porque ella sigue entre nosotros”.
Americanista, por siempre

Rubén Amador, ferviente americanista, murió a los 29 años en un accidente vehicular; este 1 de noviembre su hermano José lo recuerda llevándole a su tumba la bandera de su equipo favorito, una gorra y una playera de las Águilas.

“Lo quería mucho y su partida nos dolió más, por lo que en estas fechas la familia se une para recordarlo”, explica José, quien dijo que a Rubén le hubiera gustado mucho ver al América campeón del futbol mexicano.

Asimismo, Emilia Venegas acompañó este viernes a su esposo a limpiar la tumba de su suegra, a quien ella quiso como a una madre. “La recuerdo con cariño. Ella me ayudó en muchas cosas al principio de nuestro matrimonio; el acudir es una forma de regresarle tanto amor”, expresa.

Momento de unión
Música, recuerdos, flores y cerveza es lo que la familia Peralta lleva a sus difuntos que descansan en el Panteón de Dolores.

Rosa Flores Oliva, viuda de Peralta, acude desde hace 24 años al panteón a recordar los años felices que pasó con su esposo. Junto a él también yacen dos de sus hijos: “no hay dolor más grande para una madre que ver partir a uno de sus niños”.

Cada año acude con sus nueve hijos y nietos a limpiar las tumbas, les llevan música y varias oraciones.

Desde hace años doña Rosa prefiere ponerles flores artificiales, pues son más baratas, les duran más tiempo y alegran con sus colores las tumbas.




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