Wednesday 18 de January de 2017

Crisis en escalada

Ricardo Gómez Moreno      30 Sep 2014 23:28:06

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Muchos mexicanos que hasta hace poco tenían esperanzas de que la violencia y la inseguridad llegaran a su fin con la llegada de Enrique Peña Nieto al poder, hoy están decepcionados y con un temor que antes no habían conocido.

Pareciera que todas las desgracias se hubieran juntado para estallar al mismo tiempo: desastres naturales que evidencian la incapacidad de los gobiernos para reaccionar oportunamente; brotes de inconformidad social en diferentes puntos del país; una masacre presumiblemente perpetrada por el Ejército en julio es descubierta; caen asesinados líderes sociales y defensores de derechos humanos; policías de Iguala, Guerrero, abren fuego contra estudiantes normalistas y matan a siete, hieren a 16 y desaparecen 57; en otro hecho, en el mismo estado, mueren siete personas.

En otros frentes, el peso se hunde ante el dólar y su devaluación se acerca a los 14 pesos. El presidente Enrique Peña Nieto anuncia que México enviará soldados a zonas de conflicto bélico como parte de las fuerzas de la Organización de Naciones Unidas. Rompe así la tradición pacifista de la Doctrina Estrada de no intromisión en asuntos de otras naciones.

Peña Nieto se somete así a exigencias de Estados Unidos, cuyo gobierno anuncia que México ya se sumó a la coalición de 62 países que combatirán al Estado Islámico. El Presidente mata dos pájaros con un tiro: apoya la belicosidad de Barack Obama y paga a Israel el nombramiento de Estadista Mundial 2014 que le concedió un grupo religioso judío.

Por si todo esto no fuera grave, la reforma educativa hace crisis cuando se intenta cambiar el plan de estudios y la ley orgánica del Instituto Politécnico Nacional. Miles de estudiantes ya han salido a las calles a rechazar esos cambios. “La técnica al servicio de la Patria”, dice el lema del Poli, y su comunidad no quiere ponerla al servicio de las transnacionales.

El país comienza a convulsionarse por el rápido deterioro de la economía y el agravamiento de la inseguridad. La oleada de violencia ya no es exclusiva de los señores del narcotráfico y de quienes los combaten; ahora alcanza a luchadores sociales y grupos de inconformes que empiezan a movilizarse.
Presumiblemente, el país se encamina a una radicalización que pondrá a prueba al gobierno de Peña Nieto y sus reformas constitucionales.

El panorama, quiérase o no, es muy semejante al que imperó en meses previos al 2 de octubre de 1968.
Ojalá todos los actores políticos que influyen y deciden sean capaces de valorar el mensaje de los sucesos diarios, cada vez más peligrosos y complejos, y en vez de poner etiquetas de catastrofistas a quienes les piden sensatez, analicen bien la situación y encuentren soluciones pertinentes.

Periodista




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