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Dilma y el futbol 

Ricardo Gómez Moreno      8 Jul 2014 21:20:11

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Nunca como ahora se verá qué tan vinculado está el futbol profesional con la política.

Mercantilizada en extremo y controlada por una FIFA (siglas en inglés de la Federación Internacional de Futbol Asociación) penetrada por prácticas mafiosas en las que intervienen federaciones nacionales, empresas y monopolios de la televisión, la actual Copa del Mundo se aproxima a su fin con la humillante derrota de Brasil ante Alemania con marcador de 1-7.

País anfitrión del segundo espectáculo deportivo más importante del orbe después de los Juegos Olímpicos, el pentacampeón Brasil estaba entre los grandes favoritos para quedarse con el preciado trofeo de oro.

Su eliminación ayer, en cuartos de final, no solo repercute en el ánimo nacionalista, sino que podría significar un impacto demoledor en los objetivos políticos y sociales del actual gobierno.

Dilma Rousseff, la actual presidenta que mantuvo en su gobierno una línea de izquierda progresista, como antes lo hiciera Luiz Inácio Lula da Silva, durante dos mandatos consecutivos, espera ser reelecta el próximo 5 de octubre.

Si la escuadra verde-amarilla hubiera ganado, ella habría asegurado la reelección, pero el revés sufrido en Belo Horizonte puede ahora significar su derrota en las urnas.

Hace poco más de un año comenzaron en aquella nación sudamericana violentas protestas contra la Copa del Mundo, por las elevadísimas inversiones hechas en estadios y la infraestructura necesaria para los encuentros deportivos y la recepción de millones de turistas, todo a costa de una fuerte reducción del gasto social.

El mes pasado, poco antes de que comenzara la competencia, las protestas se agudizaron hasta el grado de que internamente se dudaba que el Mundial pudiera efectuarse, pero una vasta y efectiva campaña mediática encabezada por la FIFA y divulgada por las cómplices cadenas televisoras de todo el mundo -miles de millones de dólares estaban en juego- opacó el descontento de los brasileños y logró que el campeonato no fuera cancelado.

Al comenzar a rodar el balón estalló la algarabía y el Mundial sigue, al menos hasta ayer, con relativa tranquilidad.

Lo que vendrá, cuando surja el nuevo campeón y se apaguen los juegos pirotécnicos de la clausura, es impredecible.

Para la mayoría de los brasileños la gran fiesta terminó. Para otros concluirá cuando los visitantes abandonen el país y el retorno a la realidad sea inevitable.

Si en las urnas el pueblo da la espalda a la exguerrillera Dilma Rousseff y pierde la reelección, una derecha tan neoliberal como la mexicana podría regresar al poder y muchos avances sociales estarían en riesgo de perderse.

Sin embargo, Brasil tiene también el compromiso de los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro.

¿La justa olímpica ayudará a Dilma o la empujará a su derrota?




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