Thursday 08 de December de 2016

Mandela a vuelapluma 

Ricardo Gómez Moreno      17 Dec 2013 22:30:05

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La mañana del domingo 15 de diciembre Nelson Mandela fue sepultado en la aldea Qunu, la misma donde nació hace 95 años. Entonces el clan Thembu, de la tribu Xhosa, lo eligió para ser su futuro rey, pero él decidió que su historia sería otra.

Hace ocho días, esta columna pretendió una elegía; hoy será un sintetizado recuento de algunos momentos de su vida.

En 1964 Tata Madiba ingresó a la cárcel de Robben Island, donde estuvo 18 de los 27 años que vivió tras las rejas. En su celda, de cuatro metros cuadrados, solo había un cubo que funcionaba como retrete. Dormía en el suelo.

Solamente se le permitía escribir una carta cada seis meses y podía recibir una visita durante 30 minutos una vez al año. Todos los días laboró bajo el ardiente sol en una cantera.

Durante su encarcelamiento, en tres ocasiones el gobierno racista le propuso concederle la libertad si públicamente renunciaba a sus ideales. Su ánimo inquebrantable le hizo rechazar el chantaje.

En 1962, cuando viajaba por Europa, recibió la oportunidad de quedarse a vivir en el Reino Unido, pero rechazó la oferta y regresó a Pretoria para mantenerse como líder del Consejo Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés).

Cuando a los 46 años de edad lo condenaron a muerte, acusado de sabotaje y conspiración para derrocar al Estado, le conmutaron esa pena por 27 y medio años de prisión, luego de que expuso el siguiente argumento:

“He luchado contra la dominación blanca, y he luchado contra la dominación negra (…), he albergado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y verlo hecho realidad. Pero, su Señoría, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

En prisión, ni maltratos ni el intenso trabajo forzado lo debilitaron. Hizo de la cárcel su universidad.

Estudió leyes, historia, sociología y aprendió a hablar el afrikaans, idioma de quienes lo reprimían.

Así se convenció de que el camino hacia la libertad y la democracia no era la lucha armada, sino la lucha pacífica.

Al ser puesto en libertad, en 1990, acto que el mundo entero festejó, Nelson Rolihlahla Mandela no se dejó seducir por la venganza y en cambio optó por el camino del amor, de la reconciliación y la unificación, fórmula con la que lograría liberar a Sudáfrica y después convertirse en el primer presidente negro de su país y Premio Nobel de la Paz en 1993.

Mandela no fue rey de su tribu, pero sí uno de los más grandes orgullos de la Humanidad.

 




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