Sunday 11 de December de 2016
»Pablo Torres y Aníbal Llamas rescatan el relato 

Relatan la leyenda de la finca de Las Quince Letras

Raúl Silva      2 Nov 2014 19:29:31

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  • Los clientes no perdieron detalle del fascinante hecho.  (Miguel Correa) Los clientes no perdieron detalle del fascinante hecho. (Miguel Correa)
  • Andrés Briseño dio vida al relato.  (Miguel Correa) Andrés Briseño dio vida al relato. (Miguel Correa)
  • Alvaro, Alina, Pablo, Aníbal y Alfredo disfrutaron de la narración.  (Miguel Correa) Alvaro, Alina, Pablo, Aníbal y Alfredo disfrutaron de la narración. (Miguel Correa)
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Las Quince Letras es la cantina más antigua de la ciudad y una de las más visitadas, pero pocos conocen la existencia de su tenebrosa leyenda.

Los clientes de este lugar con más de 100 años de antigüedad, disfrutaron de una noche de terror y buen ambiente en torno a la celebración del Día de Muertos.

El narrador oral, Andrés Briseño, se encargó de contar la leyenda La desconocida y trágica historia de Tadeo García.

¿Pero, quién era Tadeo García? Se preguntaron los asistentes. Era un tipo al que le apodaban El Toro y que se atrevió a venderle su alma al diablo en una noche de copas.

De acuerdo con la historia investigada y redactada por Pablo Torres Corpus, presidente del Comité de Jerez Pueblo Mágico, y Aníbal Llamas, propietario, la vida de excesos y borracheras de ese personaje
arruinaron su vida.

María de Jesús Escobedo, dueña de una mina, le otorgó una habitación dentro del archivo del lugar, espacio que hoy ocupa la cantina, como recompensa a su lealtad.

Cierta ocasión, encontró una piedra de oro y agarró una borrachera por meses y se obsesionó por una meretriz llamada Micaela.

Para retenerla, una noche gritó: "¡Satanás, manifiéstate, quiero venderte mi alma!" De la nada apareció un catrín y a cambio de vino, dinero y Micaela para siempre, le entregó su alma.

La mañana del 22 de diciembre de 1890 conoció a otra Micaela más joven, bella y maravillosa. La llevó a su casa donde sació sus deseos y vio cómo esa mujer mostró un espeluznante rostro con lengua de serpiente.

De pronto, un voraz incendio acabó por completo con la habitación del archivo minero y una voz grave le dijo: “He venido a cobrar, ni tu alma ni tu cuerpo tendrán reposo y ahora sí... Salud”.

El cuerpo de Tadeo no se calcinó y cuando lo llevaban al Templo de Santo Domingo, desapareció y regresó al lugar donde murió.

Entre brindis, aplausos y risas terminó esta historia que pocos conocen sobre la finca que ahora ocupa Las Quince Letras.
 




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