Saturday 03 de December de 2016

República sin ciudadanos 

J. Luis Medina Lizalde      11 Dec 2013 22:10:05

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No hay sorpresa en el curso de la reforma a la Constitución Federal para retrotraernos a la situación previa a la expropiación petrolera decretada el 18 de marzo de 1938, la derechización irreversible del PRI lo convirtió en socio natural del PAN, pero no es en la privatización de nuestra más importante riqueza natural donde reside la catástrofe mayor, al fin y al cabo faltan de escribir todavía muchas páginas de esta historia, trágica es la República sin ciudadanos en que convirtieron a nuestro país. 

El acuerdo entre Peña Nieto, Gustavo Madero y Jesús Zambrano no estaría destinado como lo está, a simbolizar lo tenebroso y oscuro si se hubiera dado de cara a la sociedad, como se dan los acuerdos legítimos, aun cuando para su éxito se requiera de razonable secrecía en aspectos concretos, ahí están las prolongadas conversaciones de paz entre las FARC y el gobierno de Colombia para citar un caso suyo más complejo.

 El Pacto por México se suscribió a escondidas de los miembros de los partidos allí representados, transgredió la legalidad interna de cada uno de los institutos y usurpó groseramente el papel de las cámaras legislativas, eso acontece solamente en una república de débil ciudadanía. 

Los senadores mayoritariamente votaron una reforma fundamental sin tomarse la molestia de escuchar a la ciudadanía y avalaron, como ahora lo hacen los diputados federales en su inmensa mayoría, la mafiosa estrategia de escoger la temporada decembrina, cercanísima a las festividades de la Virgen de Guadalupe, tal como cuando se aprobó convertir los quebrantos financieros de los banqueros en pesada carga para los mexicanos. La debilidad ciudadana lo hace posible.

Porfirio Díaz es el primer gobernante en la historia de México que se hace del control de los medios de comunicación corrompiendo y reprimiendo según se necesitara; sus sucesores han seguido el ejemplo aunque los historiadores admiten dos honrosas excepciones. La de Francisco I. Madero y la del general Lázaro Cárdenas. Tan nefasta tradición ha obstaculizado el desarrollo de una sociedad verazmente informada, dado que los medios bajo soborno oficial institucionalizado se asumen reflejo del poder ante los gobernados y no a la inversa. Ello es a la vez causa y efecto de la debilidad ciudadana. 

Hasta pinochet nos da el ejemplo                     
En la disputa del petróleo la modernidad democrática corrió a cargo de la ciudadanía opositora a la apertura de la industria petrolera a los capitales privados, pues no reclamaron que su postura fuera avalada por los legisladores federales nada más porque sí. 

Lo único que muchos mexicanos demandamos es que antes de someter a votación el dictamen correspondiente, por su trascendencia, fuera sometido a consulta con fundamento en lo dispuesto en el Artículo 35 de nuestra Carta Magna, tal como Canadá consultó a sus ciudadanos para decidir si seguían siendo un solo país o daban paso a la separación de Quebec, o como Estados Unidos consultó a sus ciudadanos en torno al Tratado de Libre Comercio con sus vecinos del Sur y  Norte, o como los países europeos consultaron a sus ciudadanos en torno a la adopción del euro como moneda corriente, o como Augusto Pinochet consultó a los chilenos para quedarse o dejar el poder, ¿por qué en México eso es mucho pedir? Por la debilidad de nuestra ciudadanía. 


Cerriles usos y costumbres 
Nuestra deformada conciencia ha visto con indiferencia la confiscación de los derechos ciudadanos de los empleados públicos y ha permitido que los gobernantes contraten y despidan, promuevan o congelen en función de compromisos o fobias partidistas. ¿Habrá alguna vez calidad en el servicio público con tan cerriles usos y costumbres? Esto lo hace posible la debilidad ciudadana.

El sobado recurso de “los abajo firmantes” avaladores de oficio del gobierno en turno  es  patética evidencia de atraso,  ¿cuántos dirigentes gremiales, de colegios de profesionistas, de cámaras del sector privado, acostumbran preguntar a sus representados antes de asumir una postura? La indignidad con la que se “sueltan” a partir de una llamada desde la oficina pública forma parte de los usos y costumbres y signo inequívoco de débil ciudadanía. 

No es menor la trágica decisión de abrir las puertas a los descomunales poderes fácticos de la industria petrolera mundial y nuestra plena incorporación a la zona de seguridad de los Estados Unidos, pero tan ominosa realidad palidece ante otra de superior magnitud: somos un país de súbditos, somos una república de tele espectadores envueltos en un conflicto armado con más bajas civiles que Afganistán y solo detrás de Siria entre los 24 escenarios bélicos contemporáneos. 

Mandela marcó el camino: la desobediencia civil es el principio que convierte en ciudadanía a la colectividad inmersa en el hartazgo. 

Nos encontramos el lunes en El recreo. 




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