Sunday 04 de December de 2016
»El anticlericalismo en Zacatecas, última parte  

Responden los católicos 

Xochitl Marentes      18 Oct 2014 22:15:57

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  • La hostilidad contra la Iglesia tensa más las cosas. Los fieles resienten las prohibiciones y se organizan para hacerles frente. Un zacatecano propone la creación de la Liga Nacional Defensora de la Religión. (Fototeca Nacional del INAH).   (Cortesía) La hostilidad contra la Iglesia tensa más las cosas. Los fieles resienten las prohibiciones y se organizan para hacerles frente. Un zacatecano propone la creación de la Liga Nacional Defensora de la Religión. (Fototeca Nacional del INAH). (Cortesía)
  • En Zacatecas, los católicos se reorganizaron para las elecciones y crearon la Unión Democrática Zacatecana. (Fototeca Nacional del INAH).  (Cortesía) En Zacatecas, los católicos se reorganizaron para las elecciones y crearon la Unión Democrática Zacatecana. (Fototeca Nacional del INAH). (Cortesía)
  • Durante el periodo de gobierno de Plutarco Elías Calles, la hostilidad aumentó y desembocó en la Guerra Cristera.   (Cortesía) Durante el periodo de gobierno de Plutarco Elías Calles, la hostilidad aumentó y desembocó en la Guerra Cristera. (Cortesía)
  • Los miembros de la la Liga Nacional Defensora de la Religión pasarán a autollamarse cristeros, con base en su grito de guerra “¡Viva Cristo Rey!”.  (Cortesía) Los miembros de la la Liga Nacional Defensora de la Religión pasarán a autollamarse cristeros, con base en su grito de guerra “¡Viva Cristo Rey!”. (Cortesía)
  • El comité de la liga estaba preparado para oganizar un movimiento armado.  (Cortesía) El comité de la liga estaba preparado para oganizar un movimiento armado. (Cortesía)
  • Estado Mayor en campaña contra los cristeros en Michoacán. (Fototeca Nacional del INAH).  (Cortesía) Estado Mayor en campaña contra los cristeros en Michoacán. (Fototeca Nacional del INAH). (Cortesía)
  • Cristeros durante una celebración religiosa. (Fototeca Nacional del INAH).  (Cortesía) Cristeros durante una celebración religiosa. (Fototeca Nacional del INAH). (Cortesía)
  • (Cortesía) (Cortesía)
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Debido a que la sociedad zacatecana era un pueblo devoto a la religión católica, apoyaba las decisiones y la postura de sus representantes respecto a las circunstancias políticas que envolvían a la ciudad y sintieron un rechazo directo por parte de las autoridades al ser limitados de manera violenta en sus prácticas religiosas.

Sin embargo, las situaciones que presentamos eran un mero síntoma de nuevas restricciones que venían en el futuro con la declaración de la Carta Magna de 1917.

Luego de la declaración de la Constitución el 5 de febrero de 1917, los prelados mexicanos enviaron una circular como protesta, en el que manifestaban que mientras la institución se mantuvo pacífica, a pesar de esa actitud fueron tachados de traidores y de conspiración.

Aunque solamente localizamos una parte del edicto, prevemos que hace alusión al artículo 3 en lo referente al carácter laico de la enseñanza en lugares públicos y particulares, así como a la prohibición a
las Iglesias a fundar o dirigir escuelas primarias.

El articulo 130 impedía a los sacerdotes criticar la constitución y al gobierno, votar y participar en asociaciones políticas. 

Esta legislación molestó no solamente a las autoridades eclesiásticas, sino también a los fieles que comenzaron a organizarse para hacer frente de alguna forma a estas actitudes hostiles.

En Zacatecas, los católicos se reorganizaron para las elecciones creando la Unión Democrática Zacatecana, heredera del Partido Católico que fue dirigida por David Ruiz de Esparza.

La unión postuló como candidato a la gubernatura de Zacatecas a Aurelio Castañeda, quien ganó los comicios, así que la presencia política y social de la institución religiosa en el estado se mantenía con fuerza, a pesar de las organizaciones liberales que habían brotado durante el periodo revolucionario. 

Otras entidades del país hicieron lo propio y además de la organización para las elecciones, crearon organismos como la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), la Unión Popular de Anacleto González Flores, en Jalisco, y los Sindicatos Campesinos Católicos como el de Valparaíso, organizado por Aurelio Acevedo y Luna.

Tal parece que la Iglesia Católica trató de utilizar la misma fórmula que el gobierno para acercarse a los ciudadanos, en este caso a los católicos y mantenerlos activos a través de la movilización social, mediante organizaciones.

Es muy probable que la Iglesia previera un conflicto armado próximo y esta era una manera de adelantar una organización y reclutamiento para la lucha, sin ser anunciado como tal.  

La situación hostil no terminó en ello, pues el inconformismo se fue agravando paulatinamente.

En 1926, cuando Plutarco Elías Calles estaba al mando, aunado a su ya conocido anticlericalismo, trató de establecer una iglesia denominada Iglesia Apostólica Mexicana, para competir directamente con la católica y debilitar a los sindicatos afines a ella.

Esto lo emprendió de la mano del dirigente de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), Luis Morones, según Luis Rubio Hernansaez, en su libro Zacatecas bronco.

La respuesta inmediata de la Iglesia Católica se conoció por el arzobispo de México, quien condenó públicamente la Constitución.

El zacatecano Rafael Ceniceros y Villareal encabezó la respuesta social, mediante la creación de la Liga Nacional Defensora de la Religión, que tenía como finalidad defender los derechos de los católicos mexicanos con una lucha pacífica y legal.

Este era un indicio de un fuerte carácter religioso de algunos sujetos de la sociedad zacatecana, que seguramente fungían como representantes de un buen porcentaje de fieles.

La creación de la liga reunía en su fundación asociaciones como Los Caballeros de Colón, Las Damas Católicas, la Congregación Mariana de los Jóvenes, La Adoración Nocturna, la Federación
Arquidiocesana del Trabajo, la Confederación Nacional Católica del Trabajo y la ACJM. 

La reacción de Plutarco Elías Calles fue expulsar a 200 sacerdotes extranjeros y al representante del Vaticano, y poner en marcha la denominada Ley Calles, en reglamento al artículo 130 constitucional, que ordenaba el cierre de las escuelas religiosas y expulsaba a los religiosos extranjeros.

De esta forma, la Iglesia determinó la suspensión del culto en los templos, aunque tampoco se permitió en las casas particulares.   

No solamente las partes oficiales reaccionaron, sino que la tensión aumentó cuando la sociedad civil se involucró.

En 1927 estalló una insurrección campesina en Guanajuato, que se extendió a 10 estados más, en la que la comunidad de católicos se levantó en armas con el grito “¡Viva Cristo Rey!”.

De esa forma dio inicio la Cristiada, que duró tres años; terminó en 1929, cuando se llegó a un acuerdo entre la Iglesia y el Estado, en el que este último se comprometió a no hacer efectivas las leyes anticlericales. 




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