Friday 09 de December de 2016
»Narradores reciben fuertes aplausos del público 

Reviven hazañas de Francisco Villa

Erika Flores      24 Aug 2014 23:47:01

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  • María Eugenia Márquez y Lucero González Alcalá iniciaron los relatos. (Nallely de León) María Eugenia Márquez y Lucero González Alcalá iniciaron los relatos. (Nallely de León)
  • Elier, Guillermo, Scarlet y Laura Flores. (Nallely de León) Elier, Guillermo, Scarlet y Laura Flores. (Nallely de León)
  • Rosa María, Olga, Maru, Lucero y Luis Guillermo. (Nallely de León) Rosa María, Olga, Maru, Lucero y Luis Guillermo. (Nallely de León)
  • Luis Guillermo debutó en esta presentación. (Nallely de León) Luis Guillermo debutó en esta presentación. (Nallely de León)
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Era el 20 de julio de 1923 y el reloj marcaba las 8 de la mañana cuando Francisco Villa fue acribillado en su auto, en la calle Gabino Barreda de la ciudad Hidalgo de Parral, Chihuahua.

La noticia consternó a Lucero, quien periódico en mano no podía creerlo.

Al saberlo, Maru recordó las cosas que tenía planeadas hacer, como abrir un banco especialmente para dar préstamos a campesinos para que compraran maquinaria y una cuenca lechera.

¿Por qué?, cuestionó Lucero. Francisco Villa tenía muchos enemigos, contestó su amiga, mucha gente en el poder a quien beneficiaba que desapareciera.

Y fue así que las narradoras Lucero González Alcalá y María Eugenia Márquez, directora de la Compañía Estatal de Narración Oral, atraparon la atención del público  del Foro principal para empezar a contar la vida del Centauro del Norte.

Entre corridos cantados por Antonio Aguilar y el público, los cuentacuentos se turnaron para relatar algunas de las experiencias del campesino que tuvo que huir de la hacienda donde trabajaba porque se vengó del hijo de su patrón, quien había intentado violar a su hermana.

Tiempo después, contaron, Doroteo Arango Arámbula quedó como jefe de un grupo de bandoleros por su valentía y adoptó el nombre de Francisco Villa porque así se llamaba la persona a quien sustituyó.

Luego regresó a la hacienda a vengarse de todos los que le hicieron daño, pero después añoró convertirse de nuevo en el campesino aquel que labraba la tierra para tener una vida tranquila y sedentaria.

Entonces comenzó a buscarse, a seguir la sombra de Doroteo y fue así que llegó y tomó Torreón.

Por eso también aceptó participar en la Toma de Zacatecas, pues sabía que en esa ciudad atraparía por fin su sombra.

El 22 de junio de 1914 arribó a Calera, contó Olga Regina Rodríguez.

Tenía el apoyo de 22 mil hombres y el general Felipe Ángeles.

Los cuatro puntos cardinales estaban cubiertos, por lo que el 23 de junio a las 10 de la mañana sonó el cañonazo que dio por iniciada la batalla.

Los federales, unos 12 mil 500, quedaron rodeados y sin manera de huir.

Desde el cerro de Vetagrande podían observar sus movimientos, dijo.

Villa ordenó derribar las columnas donde su sombra se escondía, pues estaba dispuesto a atraparla.

Se metió a varias casas y edificios que al final fueron destruidos.

El Centauro del Norte nunca encontró la paz que buscaba.

A las 6 de la tarde, la ciudad ya había sido arrebatada a los huertistas; con ello, tendrían paso franco a la Ciudad de México, el punto final.

Olga recordó las palabras de Felipe Ángeles, que quedaron plasmadas en su diario, cuando se percató que el camino de Zacatecas a Guadalupe quedó repleto de cadáveres.

El final
El 20 de julio de 1923, Villa había convivido con el pequeño que tuvo con Manuela Casas.

Había salido de su vivienda poco antes de las 8 de la mañana.

Fue el día de las coincidencias, dijo Maru, pues recién se había hecho una zanja en la calle que transitaría, que para desviar el agua pluvial.

Las tropas habían salido de la ciudad para ensayar en pleno julio, su participación en los festejos de la Independencia, en septiembre.

El auto en que viajaba tuvo que detenerse un momento por la zanja y luego aceleró para recibir una lluvia de balas.

Cientos de personas le lloraron y asistieron a su funeral.

El gobernador de Chihuahua impidió que fuera enterrado en el mausoleo que Villa había hecho para descansar en paz y fue enterrado en una fosa cualquiera.

Tres años después, por órdenes del general Francisco Durazo, varios hombres robaron la cabeza  del revolucionario.

Al quitarla del cuerpo, uno se cortó el brazo.

Esto dio seguridad a sus enemigos de que nunca más despertaría.

Se dice que todos los hombres que participaron murieron al poco tiempo por diferentes causas. El que se hirió, falleció a causa de la gangrena.

Y aunque vivió muchos años, Durazo no volvió a estar tranquilo por alucinar la cabeza de Villa.

El público aplaudió la participación de cada narrador, en especial la de Luis Guillermo Flores, quien debutó en esta presentación.




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