Thursday 08 de December de 2016

Salaverna, “hundida” por explosiones de la minería

Selene Lamas      11 Nov 2013 00:59:38

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  • En la vieja Salaverna el escenario es devastador; pocas son las casas que aún se mantienen en pie. (Miguel Correa) En la vieja Salaverna el escenario es devastador; pocas son las casas que aún se mantienen en pie. (Miguel Correa)
  • Rodeada por fallas geológicas; Sezac Rodeada por fallas geológicas; Sezac
  • La localidad, con más de 100 años de antigüedad, hoy es inhabitable. (Miguel Correa) La localidad, con más de 100 años de antigüedad, hoy es inhabitable. (Miguel Correa)
  • La localidad, con más de 100 años de antigüedad, hoy es inhabitable. (Miguel Correa) La localidad, con más de 100 años de antigüedad, hoy es inhabitable. (Miguel Correa)
  • Debido a que antes de la mudanza hubo varias intrigas, la gente que habita el nuevo Salaverna desconfía de sus vecinos y evitan saludarse. (Miguel Correa) Debido a que antes de la mudanza hubo varias intrigas, la gente que habita el nuevo Salaverna desconfía de sus vecinos y evitan saludarse. (Miguel Correa)
  • Desde la mudanza, en el nuevo Salaverna no han tenido fiestas patronales. (Miguel Correa) Desde la mudanza, en el nuevo Salaverna no han tenido fiestas patronales. (Miguel Correa)
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Luego de varios años de luchar por su comunidad, los habitantes de Salaverna temen ser despojados de sus terrenos debido a la actividad minera en el municipio de Mazapil.

Mientras autoridades del Servicio Geológico Mexicano niegan que exista una falla geológica natural en el terreno, la Dirección de Minas de la Secretaría de Economía (Sezac) advierte de un inminente derrumbe de la comunidad debido a esa supuesta falla geológica.

De acuerdo con un estudio de riesgo realizado por la Sezac, los hundimientos registrados en la comunidad de Salaverna, en el municipio de Mazapil, no son producto de la actividad minera que realiza Minera Frisco, sino de la propia falla.

No obstante, según un mapa geológico del Servicio Geológico Mexicano (SGM), por la comunidad de Salaverna no atraviesa ninguna falla geológica que pueda causar hundimientos. En el mapa también se puede apreciar que la zona sobre la que está pueblo es de un tipo de roca denominado pórfido-riolítico, que se caracteriza por tener grandes valores de oro.

Pese a esto, Juan de Dios Magallanes Quintanar, director de Minas de la Sezac, insistió en que el riesgo en Salaverna es inminente debido a que la localidad está asentada sobre una falla geológica en activo.

Refirió que en la mina en 2010 también se registró un derrumbe ocasionado por la anomalía natural, en el que hubo pérdidas humanas. El funcionario estatal dijo que “eventualmente Salaverna se hundirá, pues la actividad geológica natural no puede ser detenida”.

Sin embargo, dijo que para la minería esta falla representa menos riesgos, pues normalmente están preparados para los derrumbes, pero tampoco están exentos de otro siniestro.

En un reporte geológico estructural realizado por la dependencia dice: “Se tienen algunas fallas activas y procesos erosivos activos, adicionalmente, a profundidad, se puede encontrar que el contacto entre el skarn y las calizas superficiales pueden generar planos de debilidad activos que pueden llegar a colapsar”, sin poder determinar tamaño en proyección a superficie.

Agrega que la zona “además de tener acuñamientos generados por al menos dos familias de planos de fallas, con ello se han colapsado grandes bloques tanto de mineral como de roca huésped (skarn y caliza), que podrían generar hundimientos de moderados a medianos a superficie, ya que las estructuras se encuentran ‘trabajando’ (esto significa que se sigue colapsando, pero no por causa de las obras mineras, sino causas naturales) con lo cual no se puede garantizar estabilidad de obras civiles en superficie, concretamente, el templo de Sagrado Corazón de Jesús puede a llegar a sufrir hundimientos”.

En la parte de recomendaciones, el informe menciona que no sólo el templo está en riesgo; también el resto de las construcciones puede “sufrir daños en sus estructuras por causas de geología estructural, estos movimientos son por causas naturales, no imputables a las operaciones mineras debido a la diferencia entre los volúmenes de roca que han ido colapsando y a los volúmenes de producción, en interior mina. Estos colapsos ponen en riesgo vidas humanas, al exterior no se puede determinar aún, sólo con mayores estudios estructurales, pero a futuro (igual sin determinar periodo) generarán daños en casas y edificaciones”.

No hay fallas, dice el SGM
Francisco Javier Chávez Rangel, enlace del SGM en Zacatecas, comentó que según la lectura del mapa geológico al que tuvo acceso Imagen, no hay elementos que puedan ocasionar los hundimientos.

Estimó que los desplomes ocurridos son producto de la actividad minera que se realiza bajo el subsuelo de la comunidad. Agregó que para explotar el área donde está la roca con valores de oro se requerirá abrir un tajo, lo cual demanda el desplazamiento de la comunidad.

Una comunidad en ruinas
Luego de tres años de conflicto con Minera Frisco, la comunidad de Salaverna, en el municipio de Mazapil, está dividida, ha perdido su identidad, siente trastocadas sus costumbres y enfrenta promesas incumplidas.

La localidad, con más de 100 años de antigüedad, hoy está destruida; 15 familias se resisten a abandonarla y con las fuerzas que les da su amor por el terruño duermen noche tras noche “con el corazón en hilo por las explosiones”, como relatan lugareños.

A cerca de 5 kilómetros de donde se ubica la comunidad, que hoy puede pasar por un escenario devastado como en las fotografías de la Segunda Guerra Mundial, está la nueva Salaverna.

Aunque las calles están pavimentadas, ahí el espíritu de unión que caracteriza a los pueblos pequeños es inexistente; los vecinos están divididos, guardan rencor y les faltan razones a que asirse para conseguir una sana convivencia en sociedad.

El segundo grupo de familias que se mudó al lugar en diciembre de 2012 no ha recibido las escrituras de sus viviendas ni saben con quién dirigirse para reclamarlas. A la nueva comunidad también le faltan símbolos y espacios que generen unión, pues no tiene canchas, pese a que se las prometieron y las imágenes de la iglesia tampoco las han podido recuperar.

Resquicios de la devastación 
La vieja Salaverna, como se ha llamado a la comunidad hoy casi derruida, aparece anunciada en la carretera para llegar a la cabecera de Mazapil; se ubica en la loma de un cerro caracterizado por respiraderos de mina que la rondan por los cuatro puntos cardinales.

En su interior hay decenas de casas derrumbadas; en algunas, los pedazos de azulejo demuestran que algún día fueron habitables, pero que pronto hasta sus cimientos desaparecerán si la minera propiedad del magnate Carlos Slim logra desplazar a todos sus vecinos.

Las viviendas que aún están de pie se distinguen con trabajo, rodeadas de escombros y reflejan el maltrato que ha recibido la comunidad, pues sus jardines lucen grises, al igual que sus paredes.

La maleza que dejó la saliente temporada de lluvias conspira para ocultar la devastación, pero al internarse en lo que antes fueron las singulares calles empedradas de la comunidad se aprecia la tragedia.

Prueba de ello son la iglesia y la escuela que, por azares del destino, están juntas y que hoy están a punto de derrumbarse por las constantes detonaciones y el hundimiento que hace 10 meses se registró.

La iglesia que antes fue una hermosa construcción, según las fotos que presumen los lugareños, ya no conserva ni su estabilidad; está agrietada, abandonada y empolvada. Su puerta principal está cerrada con un candado y al interior ya no se observa ninguna imagen, pues las trasladaron a Mazapil ante el temor de que se derrumbara.

La escuela y sus 17 salones tienen las ventanas quebradas y su fachada está decolorada y resquebrajada. En su parte exterior tiene la leyenda “La patria es primero”. “Aquí el dinero es lo que fue primero”, dice un habitante que pidió ser llamado Miguel.

El aviso
“Todo esto comenzó en febrero de 2010, cuando vinieron Edmundo de la Vega y José Luis Ramírez, pero no lo creíamos hasta que nos dijeron ‘avísenle a todos que por seguridad van a ser reubicados’”, explica Javier Contreras, quien ya radica en la nueva Salaverna.

“Comenzamos a hacer asambleas para ver lo que pediríamos; por ejemplo, pensábamos solicitar que las medidas de las nuevas casas coincidieran con las que teníamos allá, porque nosotros somos gente de campo y estamos acostumbrados a la amplitud”, dice.

El silencio
“Un año después, se comenzaron a oír rumores de que y se estaban construyendo las nuevas casas, pero nunca se nos consultó nada a nosotros, que éramos los afectados; la empresa sólo fue a ponerse de acuerdo con las autoridades, que en ningún momento nos defendieron”, explica María Perales.

Inconforme, manifiesta que los representantes de la minera fueron a visitarlos en cuatro ocasiones en ese año, pero sólo para recordar que se reubicaría a los habitantes. En una ocasión los pobladores decidieron acercarse para exponerles la situación de cada familia, pero les dijeron que esto no se podía, que si oían a cada familia nunca iban a acabar.

Intrigas
Entrado el año 2012 se pidió a los habitantes que se trasladaran al nuevo Salaverna; sin embargo, la comunidad solicitó un plazo de un mes a fin de que se avanzara en la construcción, pero antes de que concluyera el plazo apareció un nuevo enviado de la empresa, Juan Manuel Márquez.


Desde su llegada "todo fue mal", pues comenzó a reunirse con grupos de familias y a “intrigar” sobre que unos querían más cosas que otros; el matrimonio consideró que esto fue con el propósito de ponerlos en contra.

“Y así fue, su táctica funcionó, ya que días después se marcharon más de 30 familias a pesar de que en el nuevo pueblo no había ninguna institución”, destaca.

“Fue entonces cuando comenzó la destrucción, empezaron por derrumbar las construcciones emblemáticas de la comunidad. Primero comenzaron con las cuadras que eran unas pequeñas casitas donde vivían los mineros desde hace décadas, luego tumbaron el viejo hospital y remataron con el hotel”, recuerda.

También expresa que el resto de las familias se negaron a irse, al menos mientras no terminaran de construir la iglesia, la escuela y el hospital, pero el 14 de diciembre del año pasado vino el hundimiento que puso al borde del pánico a la comunidad, ya que algunas familias tenían sus viviendas a 20 metros de donde se produjo el colapso.

“Eso si nos asustó, sentimos en peligro nuestras vidas y dijimos ‘es mejor la seguridad y la tranquilidad que estar viviendo así’, por lo que al día siguiente comenzamos la mudanza, pero creemos que eso lo provocaron intencionalmente”, argumenta María.

"No nos daban ni la paz"
“Cuando llegamos aquí los que se vinieron primero nos miraban feo, decían que nos odiaban, no nos hablaban para nada y en misa ni siquiera nos daban la paz”, expresa Francisco Javier.

Sus palabras las confirma el trato que hay entre los habitantes de la nueva Salaverna. Cuando se encuentran en las calles no se saludan, sólo se ven de reojo.

Es el caso de la familia de Mario Pérez, que al ver que a uno de sus vecinos, además de la casa, la empresa le proporcionó un pequeño terreno a un costado de la vivienda y optó por cercar un espacio que quedaba junto a su casa.

Pero la estrategia no funcionó, días después recibieron un citatorio del Ministerio Público y cuando acudieron les dijeron que dejaran de invadir ese espacio o los encarcelarían. Don Mario explica que esa decisión la tomaron a raíz de que en el contrato que establecieron con la empresa se asentó que a ellos se les daría lo mismo que a las familias que aceptaran trasladarse a la postre, como fue el caso del vecino con más tierra.

No obstante, la familia tuvo que regresar el terreno y hoy sigue en su pequeña casa, no disponen del jardín y el patio que antes tenían, no pueden tener sus pollos ni sus chivas, pero se resisten a deshacerse del caballo al que tienen confinado en un pequeño espacio en la parte trasera de la casa.

Mario comenta que aunque a ellos les dieron sus escrituras por ser de las primeras familias que se mudaron, aún no les construyen canchas, por lo que adecuaron un lote baldío que temen se los quiten.
El exminero lamenta que las lluvias de septiembre humedecieron su vivienda y muestra cómo varias partes de la casa están manchadas por la humedad y en otras secciones hubo caída de yeso.

No pedimos ser reubicados
Don Javier comenta que al segundo grupo de personas que se trasladó en diciembre de 2012 no les han dado las escrituras de sus hogares y también están a la espera de la construcción de espacios públicos, como canchas, un auditorio y una casa del peregrino que tenían en la vieja Salaverna.

Además, “ha habido muchos problemas, ya estamos molestos y agraviados; no pedimos esta reubicación y con la empresa queríamos acordar un trato digno, pero la manera en que lo hicieron no es la correcta”, lamenta María.

Sólo pedían que se respetaran sus costumbres, su religiosidad, que se apegaran a lo legal al construirles casas semejantes a las que tenían y que les dieran una indemnización justa, pero nada les concedieron.

La indemnización fue de 15 mil pesos y las viviendas son de 15 metros de largo por 7 metros de ancho.
“Nosotros les decíamos que respetaran nuestra forma de vivir, que respetaran nuestras tradiciones; aquí son zonas rurales, estamos acostumbrados a vivir con amplitud, a tener patios, gallinas y todo eso, pero no tomaron en cuenta nada, ni mallas ni escalones ni huertas; nada”, dice María.

"No nos vamos a ir"
“Ellos tienen mucho dinero, esta mina es muy rica; sólo pedíamos un terreno de 50x50, pero no les dio la gana y sólo siguen enriqueciéndose con la pobreza de nosotros”, comenta Miguel Gutiérrez.

Explica que no está dispuesto a irse, pues considera una injusticia que le quieran dar una “casilla” a cambio del patrimonio que tiene en Salaverna. Don Miguel comenta que él fue trabajador de la minera por más de 30 años hasta hace unos meses, cuando fue despedido por no aceptar trasladarse a la nueva Salaverna.

También manifiesta que las familias que aún están en la vieja Salaverna hace unas semanas interpusieron una demanda contra la empresa por daño psicológico y presiones, pero a la fecha no han recibido respuesta. 

En diciembre del año pasado nos hicieron pasar una amarga Navidad cuando se registró el hundimiento; nuestros niños siempre recordarán eso y con nada nos pagarán lo que nos han ocasionado”, dice.

Don Miguel agrega que es una infamia lo que se está haciendo con la comunidad, pues considera que la empresa comenzó a falsear el terreno desde hace 10 años, cuando se hizo un túnel de la mina que está en la comunidad de Terminal, en Concepción del Oro, hasta Salaverna.

Comenta que ahora bajo la comunidad “todo está hueco” y el nivel más profundo está a 700 metros bajo la superficie. “Conocemos nuestro pueblo, aquí nacimos. Sabemos que la tierra no tiene fallas, que el gobierno quiera hacer creer lo contrario y que estén de acuerdo con la minera es otra cosa”, afirma.

Con don Miguel coincide Angélica, un ama de casa que asegura que no se irá mientras la empresa no les ofrezca una vivienda amplia y digna.

Sin respuesta
“Yo trabajé para esta mina más de 50 años. Mi hijo se mató trabajando en ella y todo para qué. Sólo me echaron de la casa cuando tumbaron las cuadras”, lamenta Samuel Montoya, de 68 años, quien hoy vive en un salón junto a la iglesia a punto de derrumbarse porque no tienen a dónde ir.

El lugar luce inhabitable, está totalmente agrietado, los techos se están cayendo y diariamente duerme en su camioneta por temor a que la construcción se venga abajo mientras duerme.

Con lágrimas en los ojos, afirma que la empresa se negó a darle una vivienda en la nueva comunidad porque la casa en la que residió era de las cuadras; es decir, de la minera. De una y otra forma les ha pedido que le presten una casa, pues él ya es mayor y está enfermo, pero no han accedido y tampoco le dan esperanzas.

En otra situación difícil está don Jesús Pérez, de 70 años, quien desde hace dos meses aceptó trasladarse a la nueva Salaverna, pero no ha recibido ninguna respuesta. Para él ya es un problema estar en la vieja Salaverna porque está enfermo y no tiene cómo trasladarse a al hospital porque no dispone de vehículo.

Ante ello, expresa con resignación que aguardará a que la minera le entregue su nueva vivienda, pero insiste en que teme sufrir algún problema de salud y no tener cómo acudir al médico.




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