Thursday 08 de December de 2016

 Razones que motivan a la superación 

Huberto Meléndez Martínez      11 Nov 2013 21:30:08

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Dedicado con aprecio y admiración al Mtro. José Manuel Trejo del Real (QEPD)

Para poder asistir a la escuela, aspirando a acceder a un mejor estado de conocimiento profesional, aquel singular profesor debía franquear varios retos.

Primeramente debía vencer la adversidad geográfica porque vivía a más de doscientos cincuenta kilómetros de la capital del estado, a donde debía asistir los sábados, a los cursos semi escolarizados de una institución educativa.

Segundo, tener que organizarse durante la semana, adelantar trabajo, cumplir sus compromisos escolares hasta el último minuto del viernes; viajar las tres horas de camino y llegar puntual a sus clases.

Tercero, atender el trabajo acumulado en el transcurso de los días para cumplir con sus alumnos, cumplir las comisiones con el equipo de profesores de su escuela, desempeñar su rol familiar y realizar las actividades que le conferían en sus estudios los maestros.

Cuarto, hacer ahorros significativos en sus gastos personales porque tenía que hospedarse una noche, cubrir sus alimentos e invertir en materiales propios de su carrera. Para economizar recursos tuvo que viajar algunas veces con amigos, eventualmente “de aventón” y frecuentemente hubo que hacer el pago de pasajes, durante aquellos cuatro años.

Quinto, vencer los cuestionamientos de sus colegas cuando le preguntaban si era redituable la numerosa cantidad de sacrificios que implicaba realizar sus estudios. Sentía una tentación recurrente de quedarse a descansar como sus amigos, de disminuir el ritmo de trabajo y deshacerse de compromisos (porque además tenía un empleo asegurado). Su convicción y deseos de superación vencían prácticamente todas las dificultades.

Uno de sus condiscípulos, El profe Trejo (así le decían estudiantes y colegas), que trabajaba y vivía en la capital del estado, estaba en el otoño de su vida, se sentía demasiado cansado para estudiar la licenciatura de los números, además padecía una enfermedad difícil. Sin embargo también sentía aquel impulso de superación. Al transcurso del tiempo se sobreponía a sus sentimientos de decaimiento porque pensaba: “quiero dejar de venir a clases, pero ese profe viene desde tan lejos cada semana, y yo…, que vivo a unos cientos de metros de la escuela, no puedo desaprovechar esta oportunidad. Sería imperdonable abandonar mis estudios sólo porque me siento un poco indispuesto”.

Al paso de los semestres El maestro Baena (como lo conocían sus alumnos), fue sobreponiéndose a las adversidades porque el ejemplo de esfuerzo que mostraba su compañero Trejo, era envidiable. Pensaba: “es abominable que, siendo yo tan joven, con energía y salud, quiera declinar. Pero este maestro, mayor de edad, tan decaído y enfermo no renuncia. Es una señal que me manda la vida, de que debo continuar”.

Son muy diversas las motivaciones que tienen las personas con deseos de superación, no siempre son originadas por la esencia de los estudios, ni siquiera por las metas que se persiguen en pro del mejoramiento profesional, muchas veces son laborales, afectivas o humanitarias. Cualquiera de ellas es un motor efectivo, lo importante es que las haya.

Tal vez los dos tenían presente aquel pensamiento de Abraham Lincoln: recuerde siempre que su resolución para triunfar es más importante que cualquiera otra cosa.
 




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