Friday 09 de December de 2016

Santo Niño de Atocha

Raúl Muñoz del Cojo      27 Sep 2013 19:10:06

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Para los que hacemos del turismo una actividad primaria en esta latitud de Zacatecas, Plateros siempre ha sido un punto de referencia para ubicar geográficamente el lugar donde vivimos.

Recuerdo que cuando estaba en la universidad, la mayoría de las personas, incluyendo extranjeros, relacionaban perfectamente la tierra donde moraba nuestro Santo Niño.

Para mala fortuna nuestra, tal vez por la falta de valores o el cambio de educación en el país, el Niño de Plateros ya no es la referencia que era antes. Ahora nuestra pertenencia se basa en el lugar donde nacieron Los Temerarios o, peor aún, donde habitaban algunas personas importantes de la mafia nacional.

¿Por qué comienzo así? Porque soy un eterno convencido de que, si no conocemos los detalles importantes de la historia, seremos un pueblo que no tiene futuro. Para evitar esto, trataré de ser breve describiendo la leyenda del niño de los milagros en tierras fresnillenses.

Esta nace en Atocha, un suburbio de Madrid, donde muchos hombres estaban en la cárcel por la fe que profesaban y, debido a que los carceleros no alimentaban a los presos, las familias les tenían que llevar sus alimentos.

En esa época, el califa al mando emitió una orden de que sólo niños menores de 12 años podían llevar el alimento a sus familiares; los prisioneros con hijos tenían esperanzas, pero los que no, estaban condenados a morir.

Debido a esto, las mujeres rogaban a la Virgen de Atocha encontrar la manera de alimentar a sus maridos, hijos o hermanos. Al poco tiempo, los niños volvían a sus casas con una historia extraña. Un joven niño visitaba y alimentaba a los prisioneros que no tenían familiares jóvenes que lo hicieran.

Los pequeños no sabían quién era, pero la pequeña vasija de agua que llevaba nunca se vaciaba y la pequeña canasta de pan que traía siempre estaba llena para alimentar a los desafortunados que no tenían quién les llevase de comer. Este niño llegaba de noche y pasaba frente a los guardias dormidos; a los que estaban despiertos les regalaba una hermosa sonrisa.

Aquellos que le habían pedido un milagro a la Virgen de Atocha comenzaron a sospechar acerca de la identidad del pequeñín. Para confirmarlo, los zapatos del Niño de Atocha siempre estaban gastados. Siempre que se los cambiaban por nuevos, al igual que los anteriores, siempre estaban muy usados. Luego de que los reyes Fernando e Isabel expulsaron a los Moros de España en 1492, la gente siguió devota implorando milagros al Santo Niño.

Cuando los españoles viajaron al nuevo mundo trajeron consigo imágenes y devociones de sus tierras; como era de esperarse, la Virgen de Atocha no se quedó en el viejo mundo.

Para 1540 se descubrieron minas de plata en México y emigraron para acá. En Plateros, una pequeña aldea contigua a las minas de Fresnillo, construyeron una iglesia en honor al Santo Cristo de los Plateros, un crucifijo milagroso. A un costado, se colocó en un altar una hermosa imagen de Nuestra Señora y su niño.

En la estatua original, la imagen cargaba al niño con su brazo izquierdo y era desmontable; en una ocasión curiosamente se perdió. Se talló un reemplazo a medida. El nuevo niño tenía características indígenas. Más parecida a una muñeca que a una escultura, la imagen tenía una peluca de pelo humano y sus manos eran muy grandes y toscas.

Los párrocos comenzaron a llevar al Santo Niño a las procesiones en las Navidades, en las fiestas de febrero de la Candelaria, en la Purificación de la Virgen, a la iglesia parroquial cercana a Fresnillo.

A fines de la época colonial, la devoción al Santo Niño creció y eclipsó a Nuestra Señora de Atocha y también a la del Señor (Santo Cristo) de los Plateros. Como la reputación del Santo Niño como hacedor de milagros creció a través de los años, el santuario en el área escasamente poblada de montañas escarpadas se convirtió en un importante lugar de peregrinación.

El Santo Niño había recibido tantas ofrendas de voto que en 1883 se construyó un edificio especial, el Salón de Retablos, para albergarlas y ser un museo del santuario. Con el paso de los años, la buena reputación del Santo Niño y sus milagros trasciende fronteras y se los concede a todo tipo de personas, desde soldados en la Segunda Guerra Mundial, hasta enfermos en muchas partes del mundo.

Es incalculable la cantidad y valor de retablos que mencionan los milagros realizados por “El Chaparrito” a infinidad de personas en el planeta. Existen otras imágenes del Santo Niño como un pequeño peregrino deambulante en todo el mundo. Dos de ellas son la que está en Cuzco, en la región de Perú y la llamada Palaboy o Wanderer (“peregrino”) en las Filipinas.

Para terminar, sólo me restaría pedirle al Santo Niño nos conceda el milagro a los turisteros de abrirle los ojos a la gente de Plateros para acabar con anarquías y hacer que puedan ver el potencial que se está perdiendo por malas costumbres añejas y vicios locales. Ojalá nuestra nueva administración coopere también y, en un periodo razonable, convirtamos a Plateros en el lugar que era y merece estar. Espero de corazón que los platerenses entiendan el daño que se están haciendo; para cambiar, tenemos que empezar en casa. Hasta la próxima.


*Trotamundos
Por Raúl Muñoz del Cojo
Trotamundos Por Raúl Muñoz del Cojo





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