Sunday 22 de January de 2017

Señor García Márquez

Ricardo Gómez Moreno      22 Apr 2014 22:10:07

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Luego de una larga, bondadosa y muy productiva vida, Gabriel García Márquez falleció el pasado 17 de abril.

Como siempre ocurre cuando fenece algún eminente personaje de la literatura universal, los comentaristas se deshacen en loas y los convierten en protagonistas de incuantificables y a veces hasta increíbles historias; paradójico, por cierto, cuando se trata de uno de los maestros del realismo mágico, que mezcla lo real con lo imaginario.

Así García Márquez alcanza el estatus de hombre legendario labrado por personas que en algún momento cúspide de su vida tuvieron algún acercamiento con el autor de El coronel no tiene quien le escriba.

Agrada escuchar esas historias en las que todos suelen mencionar con orgullo y desenfado el diminutivo Gabo, como si hablaran del Tuercas, el mecánico con el que beben cerveza mientras arregla los frenos del auto.

Amigos tengo que vivieron con el célebre escritor todo lo humanamente posible. Unos -qué envidia, porque en esas ocasiones no asistí- convivieron con él en una casa de Coyoacán.

Otros organizaron una reunión de reporteros y además de del Gabo, quisieron lucirse invitando al director del diario en el que trabajábamos en los años 80. Lamentablemente, ese señorón -nuestro director general, claro- cuando se le subio el alcohol y las drogas, se comportó como si estuviera con políticos o funcionarios mexicanos; es decir, con majaderías y prepotencia.

Tampoco tuve la fortuna de asistir a alguna de las reuniones en las que estuvieron entrañables amigos con los que semanalmente convivía el laureado escritor, quien, por cierto, estaba orgulloso de su pasado de reportero. “En verdad, nunca he dejado de ser reportero”, le escuché decir en una ocasión.

Efectivamente, al leer sus novelas y trabajos periodísticos recopilados en libros, confirmo que como novelista nunca dejó de ser reportero ni periodista.

Tuve dos acercamientos al escritor. Ambos fueron a temprana hora y en domingo, en una tienda de autoservicio, cuando empujábamos nuestros respectivos carritos. Lo único que hice fue expresarle un respetuoso: "Buenos días, señor García Márquez", y él tuvo la amabilidad de extenderme su mano.

Sin embargo, lo que sentimental y profesionalmente me acercó más al escritor fue la publicación en Excélsior de El olor de la guayaba, libro biográfico escrito por el periodista Plinio Apuleyo Mendoza. Aún no salía a la venta y tuve la dicha de ser en México uno de los primeros lectores del libro, ya que la editorial La Oveja Negra nos envió en exclusiva una copia del texto original. Me tocó recibirlo, destinarle su posición en la primera plana y escribir los títulos periodísticos de las cinco entregas en que lo publicamos.

Sean estos recuerdos un humilde homenaje a tan gran escritor y hombre de bien.




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