Tuesday 06 de December de 2016

Ser radical, no rigorista

José Manuel Félix Chacón      18 Feb 2014 22:00:06

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Amables lectores de esta sección de los miércoles. Indagando por ahí encontré este artículo del Señor obispo Sigifredo Noriega y me pareció interesante y hoy quiero compartirlo con ustedes.

Ser radical (tal como se oye) no está de moda, aunque los extremistas radicales ocupan un espacio importante en las noticias de cada día. Ser rigorista tampoco está de moda, aunque sus posturas y reacciones extremas ocupan también su buen espacio en los tiempos y espacios noticiosos.

Las manifestaciones, tanto de radicales (radix = raíz, en latín) como de rigoristas (rigor = rigidez, tieso, severidad escrupulosa, en latín) se salen de lo que la buena educación social considera normalidad o de lo que la juerga política considera políticamente correcto. ¿Equilibrio calculado y cómodo? ¿Jugar con el score? ¿Madurez es el justo medio? ¿Mediocridad ideológica? ¿Falta de compromiso? ¿Opacidad como estilo de vida privada y pública? Por otra parte, cada vez son más aceptados públicamente y publicitados los considerados deportes extremos, las formas extremas de solucionar conflictos existenciales, laborales, políticos, religiosos y más.

En los años 60 y 70 (los jóvenes de aquel tiempo) escuchamos con frecuencia que Jesús recibía calificativos de radical, revolucionario, superestrella y más adjetivos que expresaban radicalismos, extremismos de distintos géneros.

En nuestro tiempo, más tranquilo en cuestión de ideas radicales y confuso-confundido-light en cuestiones de moral y costumbres, nos volvemos a hacer la misma pregunta: ¿Jesús es un radical? ¿un rigorista desadaptado? Sus discípulos, modelo 2014, ¿debemos ser radicales? ¿rigoristas adaptados?
La Iglesia católica, tan exigida y vapuleada por determinados radicalismos y rigorismos, ¿debe tomar partido por la izquierda, por la derecha, por la idea dominante del momento? ¿Debe dar cuentas de los comportamientos de sus fieles a la ONU? El cristiano está invitado (dichosos los invitados a la mesa del Señor) a encontrar la respuesta en la persona, palabra y comportamiento de Jesús. La Palabra de este domingo y los dos que siguen es clarificadora: Jesús es un radical, extremadamente exigente y lleno de ternura y compasión, al mismo tiempo.

En el texto (Mateo 5, 17-37) aparecen dos grupos, al parecer, radicales, rigoristas y más: los escribas y los fariseos. Ambos grupos (y partidos) buscaban la correcta interpretación de la ley y los profetas. No eran tan malos, pero ante la influencia de la ocupación de los romanos no quedaba mejor refugio que aprender, leer e interpretar la ley de Moisés de manera correcta.

A veces lo hacían de manera rigorista e hipócrita. Jesús no se suma a esas corrientes, tampoco las niega. Va mucho más allá. Indica la necesidad de ir a la raíz de todo comportamiento, a la interioridad de la fe y su manifestación en obras que construyen comunidad.

No se trata de cantidad, tampoco de calidad entendida como el mínimo del peor es no hacer nada. En otras palabras, la vida del discípulo no se reduce a vivir correctamente; hay que preguntarse si se hace con buenas intenciones, con el deseo y la voluntad de dar el más y más del amor en todos los campos de la existencia o vida.
 




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