Saturday 10 de December de 2016

Simplemente amaneceres

Raúl Muñoz del Cojo      11 Jul 2014 20:40:11

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Aprovechando que hoy es uno de esos días en los que todo se ve bonito, trataré de hacerle valorar el amanecer diario. Si es creyente, lo motivaré a que agradezca a Dios la dicha de despertar cada mañana.

Tal vez esto sea parte de la rutina en la cual a veces renegamos porque el despertador suena en lo más profundo de la compañía de Morfeo. También se puede dar un mal amanecer si nos desvelamos, tomamos o nos acostamos con una muina de todo el día.

Antes de empezar a profundidad con el tema, debemos ver los amaneceres como una oportunidad para hacer algo nuevo o pendiente.

Observe desde su casa la majestuosidad del sol que baña con su luz cada centímetro de la tierra y marca el territorio de una nueva oportunidad de vida.

Sin importar la hora a la que se levante, la luz matutina le indicará que posee, como todos los días, una nueva oportunidad para hacer lo que quiera en la vida.

Casi con el verano en los hombros, y para entrar en el tema turístico, en esta ocasión le hablaré de lugares donde puede disfrutar de amaneceres maravillosos, dignos de cualquier cuento de hadas.

Si no le gusta levantarse temprano, le puedo asegurar que después de leer esto tal vez se anime a hacerlo al menos una vez en la vida.

El primer amanecer de cuento lo puede tener en la ciudad de Venecia, en Italia. Este lugar de lagunas y palacios dispone de una infinidad de esquinas para ver salir el sol.

Por su quietud y vistas panorámicas, el mejor lugar para darle los buenos días a la vida se encuentra en la escultura del niño y la rana, en los muelles de la Fondamenta delle Zattere.

Otro lugar donde vale la pena madrugar y ver un amanecer está en Turquía, país cuyas ciudades encierran la mezcla del oriente y occidente.

El Cuerno de Oro en la ciudad de Estambul es el punto donde se debe estar para ver salir el sol. Los altos minaretes de las mezquitas queriendo rasgar el cielo y el agradable rubor de la mañana llenarán sus sentidos de tal manera que solo le faltará ver a Aladino y su alfombra mágica.

Un lugar que se antoja mucho y donde se puede disfrutar desde el primer segundo de luz del día está en Elk, California. Aquí se estila hacer camping colgado de un ciprés, donde también se puede desayunar.

Es muy agradable sentir la presencia del sol en cada centímetro de la piel mientras se despierta con un horizonte irrepetible de fondo. La única desventaja es que esta experiencia es algo cara, pues el capricho ronda los mil dólares la noche.

Dicen los que saben que la construcción del megalítico Stonehenge fue pensado para contemplar desde allí los amaneceres, atardeceres, solsticios y estrellas para que luego los entendidos interpretaran sus signos a favor de la humanidad.

Aquí se puede unir a los locos neodruidas británicos y contemplar el espectáculo en el lugar del solsticio de verano, cuando las autoridades dejan acercarse al monumento mucho más allá de las vallas de seguridad.

Otra ciudad que puede presumir de dorados amaneceres es San Francisco, en Estados Unidos, donde las posibilidades de ver salir el sol se hacen infinitas y se conjugan las bellezas naturales y arquitectónicas de la zona.

La sugerencia es tomar su famoso tranvía y disfrutar de todos los puntos posibles a la salida del astro rey.

Para los amantes de la naturaleza, les recomiendo un amanecer en el Serengueti, en Tanzania, donde podrá ver a contraluz las siluetas de animales que lo sorprenderán por su rareza y magnitud.

Los buenos días se darán en tonos amarillos y salvajes, lo que hará que guarde una impresionante postal para todos los días del resto de su vida.

Si es amante del misterio, el lugar ideal para pensar es la Isla de Pascua, en Chile. El amanecer le ayudará a descifrar los miles de secretos que guarda este maravilloso lugar, cuando las primeras luces del día pintan a los moais que la vigilan.

Puede dormir en el Explora Rapa Nui Posada, de Mike Rapú, y asistir a este espectáculo que se convierte en el mejor ritual matutino.

En México podemos disfrutar de solsticios, amaneceres y cambios de estación en muchas zonas arqueológicas del país.

De norte a sur tenemos grandes extensiones que nos llenarán de energía y harán que nuestra imaginación corra hacia aquellas épocas en las que la naturaleza y astros marcaban los destinos de esas civilizaciones.

El último amanecer es, sin duda, uno de los más bonitos para su servidor. ¿Cómo olvidar la estampa del Cerro de Proaño, las torres de la Purificación desafiando el azul profundo del cielo fresnillense o contemplar la inmensidad de Valdecañas en el horizonte?

En compañía de amigos en una parranda o al hacer ejercicio, amaneceres como el de Fresnillo no hay dos. Hasta la próxima.




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