Sunday 04 de December de 2016

Las modernas tentaciones

José Manuel Félix Chacón      11 Mar 2014 22:00:07

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Precisamente el miércoles pasado dábamos el banderazo inicial de este tiempo así llamado la Cuaresma, el encaminarnos a recibir la ceniza era una forma de marcarnos a un tiempo especial de gracia, hace apenas unos días la liturgia dominical nos invitaba a reflexionar sobre el hecho de que Jesús fue tentado en el desierto.

Queda claro que los seres humanos somos por naturaleza los únicos portadores del gen o cromosoma de la tentación y de sucesivos atentados, tentaciones pasajeras.

La experiencia de la prueba recorre toda la vida. La razón es evidente: somos libres. Dios, nuestro padre y padre nuestro, nos ha hecho a su imagen y semejanza; muy bien hechos, por cierto.

Aparecen la posibilidad y realidad del pecado. El misterio de la libertad emparenta con el misterio del mal que puede venir de dentro (naturaleza humana herida) o de fuera (el tentador que atenta permanentemente) o de ambos lados. Optar, aceptar, decidirnos es tarea diaria. Somos inevitablemente tentados en aquello que más nos duele.

El primer domingo de Cuaresma nos invita a poner los pies sobre la tierra y el oscuro mundo de la tentación y el submundo de las variadísimas tentaciones antiguas, modernas y posmodernas.

Contemplamos a Jesús, hijo del hombre e hijo de Dios, experimentando lo que todo ser humano ha experimentado, experimenta y experimentará: la tentación de "salirse con la suya", salirse del camino, de la pista, del plan de Dios, de la voluntad de Dios.

Medita san Agustín: “Cristo hubiera podido no permitir ser tentado por el diablo, pero si él no hubiera sido tentado, no pudiera haberte enseñado el modo de vencer la tentación”.

“El duelo entre Jesús y Satanás se produce a golpe de citas de la sagrada escritura. En efecto, el diablo para alejar a Jesús del camino de la cruz, le presenta las falsas esperanzas mesiánicas: el bienestar económico, indicado por la posibilidad de transformar las piedras en pan; el estilo espectacular y milagrero, con la idea de arrojarse desde el punto más alto del templo de Jerusalén y hacerse salvar por los ángeles y, en fin, el atajo del poder y del dominio, a cambio de un acto de adoración a Satanás”.

Nos encontramos ante un mundo moderno, por lo tanto las tentaciones son modernas, podemos correr el riesgo de no darnos cuenta de nuestro papel en este mundo y en esta sociedad, el hombre contemporáneo no se siente satisfecho y es por eso que busca ciertas “comodidades”.

Hace algunos días me di a la tarea de hacer un pequeño sondeo. La pregunta era muy sencilla "¿Actualmente cuáles son tus tentaciones?" Me sorprendían enormemente sus respuestas. Por ejemplo, la mayoría de los niños entre 8 y 12 años decían que su máxima tentación era el internet, los niños sentían que no podían dejar un momento sin estar conectados. Yo creo que no es tanto el estar o no estar conectado, sino más bien la codependencia a la que se puede llegar; si no sabemos hacer buen uso de este medio de comunicación podemos perder la capacidad de pensar, crear, innovar, etc.

En resumen, me atrevo a decir que la máxima tentación es alejarnos de Dios y no darnos cuenta.
 




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