Saturday 21 de January de 2017

Sistema social en decadencia 

Juan Carlos Ramos León      6 Oct 2013 20:10:05

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“Cuando notes que el comercio se efectúa, no por consentimiento de sus partes, sino por obligación; cuando veas que, con el fin de producir, necesitas permiso de quienes no producen nada; cuando observes que el dinero fluye hacia quienes trafican no en bienes, sino en favores; cuando te des cuenta de que muchos se hacen ricos por el soborno, por la presión, más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen de ellos, sino que, por el contrario, los protegen a ellos de ti; cuando observes cómo la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en sacrificio, puedes asegurar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.”

Ayn Rand, escritora rusa, autoexiliada de su país por su repulsión al régimen comunista, puso en boca de uno de los personajes de su obra maestra, La Rebelión de Atlas, publicada en 1957, esta sabía conclusión.

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Rand se oponía, en su época, a los regímenes totalitaristas. Se hablaba, entonces, de socialismo y capitalismo –se habla, todavía, en los discursos rancios de algunos políticos que no se han atrevido a subir al tren de la modernidad- y se dividía al mundo en dos bloques, como si no existiera una tercera, cuarta o quinta vía.

Con muy dolorosas excepciones de regímenes totalitaristas que no pintan gran cosa y que se resisten a las exigencias de un mundo en constante cambio, el totalitarismo por imposición ya caducó. El problema de hoy se origina en quienes forman parte de nuestros sistemas administrativos públicos mejor conocidos como “gobiernos” y ejercen el poder.

En nuestro país, con la ley en la mano, se clausuran negocios por capricho; se realizan compras gubernamentales a precios muy por encima de valores de mercado; se erigen altos funcionarios de gobierno personajes de muy dudosa reputación y con muy discutibles intenciones; se logran impresionantes fortunas personales con recursos públicos –o gracias a los favores otorgados por investiduras de poder-; se libera a culpables y encarcela a inocentes y cada día se inventan nuevas y muy creativas formas de exprimir aún más al sector que produce.

Por otra parte, como consecuencia de lo anterior, se disuade al inversionista, se expatria al científico, al artista, al deportista y se pisotean los derechos de quienes solamente pretendemos un modo honesto de vivir.

Quienes hayan leído La Rebelión de Atlas saben que la trama versa sobre un grupo de productores que, dadas las presiones de un régimen capitalista en decadencia, deciden desaparecer y detener con ello el motor del progreso de un país. Lástima que sólo se trate de ficción porque por mi mente, y estoy seguro de que por la de muchos otros ciudadanos de a pie, ha pasado más de una vez la tentadora idea de hacer lo mismo.

*Ciudadano de a pie
 




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