Wednesday 07 de December de 2016

Solemnidad de Jesucristo, rey del universo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      23 Nov 2013 22:30:05

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El reino de Jesucristo “no es de este mundo”, pues en él reina la humildad, el amor, la justicia, la paz, la santidad y la verdad.  (Cortesía)
El reino de Jesucristo “no es de este mundo”, pues en él reina la humildad, el amor, la justicia, la paz, la santidad y la verdad. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
Hoy celebramos con grande gozo y esperanza la solemnidad de Jesucristo como rey del universo. Esta celebración cierra el Ciclo C de nuestra liturgia católica para abrir otro, el A, y de esta manera seguir avanzando en nuestra inserción dentro de la historia de la salvación.

En esta fecha y con esta solemnidad se concluye al Año Jubilar de la Fe, convocado por el Papa Benedicto XVI, según sus palabras, con motu proprio “La puerta de la fe”:

“He decidido convocar a un Año de la Fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, rey del universo, el 24 de noviembre de 2013. En la fecha del 11 de octubre de 2012 se celebrarán también los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por mi predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y la belleza de la fe”.

El mismo Papa nos dijo: “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana será una buena ocasión para introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe”.

Este Año de la Fe, que culmina hoy, deja abierta la puerta hacia el futuro para seguir construyendo nuestra Iglesia misionera con el testimonio eficaz y comprometido de todos los que se glorian del buen nombre “cristiano”, precisamente en nuestro mundo secularizado y que en mucho de sus ambientes y grupos humanos se ha paganizado rechazando el anuncio de la “buena nueva del evangelio”, salvación que Dios ofrece gratuitamente a todos los hombres de buena voluntad.

Por otra parte, desde el primer domingo del Adviento, el día primero del próximo mes de diciembre, nuestra Diócesis de Zacatecas, dará comienzo al Año Jubilar, con programas pastorales especiales, para conmemorar los 150 años de haber sido instituida por el Papa Pío IX.

Jubileo que compromete a todos los fieles católicos de esta querida Diócesis, para ser, hoy más que nunca, heraldos del evangelio como “discípulos misioneros” de la “nueva evangelización”; nueva en sus métodos, nueva en sus expresiones y con el ardor ferviente de la caridad, según el impulso misionero que nos ha legado el Papa Beato Juan Pablo II, de feliz memoria.


SIGNIFICADO PROFUNDO DE LA SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO
Ante todo, es muy necesario distinguir qué clase de reino es el de Cristo. Jesús nos dice que su reino que él ha instaurado “no es de este mundo”.

Es decir, que no debe confundirse ni equipararse con los gobiernos y reinos temporales que los hombres han establecido como formas de ejercer la autoridad y lograr siempre, como debe ser lo normal, el bien común de los súbditos.

Los presidentes y gobernadores civiles se manifiestan rodeados de poder; son escoltados por sus policías y ejército; viven rodeados de seguridades económicas y tienen muchos de ellos guardaespaldas.

Son honrados y homenajeados como representantes máximos al ejercer su autoridad con esplendor y dignidad correspondientes a su condición personal y pública.

En cambio, el reino de Cristo, siendo él verdadero y auténtico rey, se manifiesta en la humildad, en la pobreza. Este reino es para el tiempo y la eternidad en la cual brillará todo su poder como resucitado, recapitulando en su persona divina y como hombre Dios, todas las cosas visibles e invisibles, en una existencia trascendente con relación a todo lo que existe en el espacio y en el tiempo creados y limitados.

Siendo esto así, por revelación divina, podemos con las enseñanzas de la Iglesia que él mismo ha fundado, explicar los rasgos que la liturgia de esta gran solemnidad nos dice, acerca de lo que debemos entender lo que es el reino de Jesucristo.

Este reino está presente en la historia de los hombres y del universo creado. ¿Cómo? He aquí las dimensiones o rasgos fisonómicos que lo definen:

a) Es un reino eterno y universal. Es para el tiempo y la vida futura y definitiva. Es para todos y cada uno sin acepción de personas.

b) Es el reino de la verdad y de la vida. En él no se confunden la verdad con el error y viceversa. Ni se confunden el bien con el mal. Abunda la vida a la cual todos los hombres estamos llamados a respetar y salvaguardar, para participar en el banquete de la comunión fraterna como hijos adoptivos del Padre eterno, hermanos de Jesús y templos vivos del Espíritu Santo.

c) Reino de la santidad y de la gracia. Estamos llamados por el bautismo y demás sacramentos, especialmente la eucaristía, a vivir en estado de gracia; es decir, en amistad con Dios todos los días de nuestra existencia.

Debemos cumplir en este reino con las exigencias del amor a Dios y a los hermanos y en esto principalmente consiste la santidad como cumplimiento de la voluntad divina.

d) Reino de la justicia, del amor y de la paz. Ser justos dando a cada quien lo que le corresponde, respetando los derechos y obligaciones propios para también respetar los derechos y obligaciones para con los demás.

El amor sin fronteras y sin distinciones de razas, pueblos, culturas, lenguas y naciones. El amor a Dios y a los hermanos respetando y cuidando el medio ambiente, es la plenitud de la ley.

Y desde luego ser siempre promotores de paz, concordia, tolerancia y generosidad, para que todos y cada uno de los súbditos de este Reino, se realicen como verdaderos y auténticos hermanos, perdonando incluso a quienes nos persiguen y ofenden devolviendo bien por mal.


CONCLUSIÓN
Si queremos ser súbditos de Cristo, rey del universo, conozcámoslo más y más, a través de las Sagradas Escrituras, siendo fieles al magisterio y la tradición de la Iglesia.

Viviendo con fe viva en el ejercicio de las obras de misericordia; afianzados en la esperanza para alcanzar ahora y para el futuro, las promesas de Dios salvador y viviendo en la comunión del amor que engendra vida feliz, hasta conquistar con Cristo, camino, verdad y vida, el reino inmortal y lleno de luz, en la comunión con Cristo y todos sus súbditos como conciudadanos plenamente realizados en la Jerusalén celestial que nos aguarda.

Obispo emérito de Zacatecas




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