Monday 05 de December de 2016

Superhéroes 

Juan Carlos Ramos León      2 Mar 2014 21:30:06

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He podido constatar que personas con toques especiales que les dan facultades sobrehumanas existen. O por lo menos es la única forma que tengo de explicarme el fenómeno que les voy a narrar a continuación.

El jueves pasado fui a una conferencia. Aquí la anuncié la semana pasada y, por cierto, quiero pedir una disculpa pública porque yo dije que sería el viernes cuando en realidad estaba programada para el jueves. Si a alguien confundí con mi error doble disculpa.

Antes de la conferencia pude cruzar algunas palabras con la expositora y autora del libro El hombre que escribió en el cuaderno azul. Desprendía una sencillez, humildad y serenidad que pocas veces se encuentran juntas en una persona.

Es madre de seis hijos; de los seis, cuatro son biológicos y dos adoptados; los dos adoptados padecen Síndrome de Down y uno de ellos murió hace ya algunos años (era una niña). Aunque ella y su esposo podían tener hijos por cuenta propia, la vida les puso enfrente las condiciones para no poder decir no a la adopción de estos pequeños y así lo hicieron.

Fueron un matrimonio feliz, que dedicaba parte de su tiempo a actividades de acción social y misiones de evangelización, hasta que la muerte tocó a su puerta.

En un intento de secuestro, su esposo fue despojado cobardemente de la vida. Un hombre que durante su vida solo hizo el bien, terminó siendo tocado por el peor mal que aqueja a nuestros tiempos.

Tengo que confesarles que me invadió un profundo sentimiento de repugnancia cuando escribí las palabras “fue despojado cobardemente…” por la persona (un joven, según se sabe) que tomó en sus manos el arma que ultimó a este gran hombre. Y estoy seguro de que cualquiera de ustedes comparte conmigo esta desagradable sensación.

Tal vez por eso es que me sorprendió y conmovió en lo más íntimo cuando la expositora, en el clímax de su ponencia, compartió con el auditorio lo siguiente: “mis hijos rezan todos los días por el joven que mató a su padre”.

El perdón que solo un corazón magnánimo puede dar ante un hecho tan reprobable e incomprensible como éste se dio desde el mismísimo momento en que fue conocida la noticia del terrible suceso.

Fue hasta que esta admirable mujer reunió las fuerzas suficientes para ir a la oficina de su difunto marido a recolectar sus objetos personales que, entre muchas otras cosas, encontró un cuaderno azul con notas que brotaron de su magnífico corazón y, ella lo confiesa, no pudo sino compartirlas con nosotros escribiendo el mencionado libro.

Gracias por este testimonio de vida, por recordarnos que el amor es más fuerte que todo y que, como decía Santa Teresa de Ávila: “a quien Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta”.

 




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