Saturday 10 de December de 2016
»Ha triunfado como compositor, cantante y actor 

Talento innato, la estrella de Ernesto Juárez Frías 

Raúl Silva      19 Jul 2014 20:20:05

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  • Desde pequeño, el artista de Nochistlán descubrió su pasión por el piano.  (César Chacón) Desde pequeño, el artista de Nochistlán descubrió su pasión por el piano. (César Chacón)
  • Tiene más de 100 canciones. (César Chacón) Tiene más de 100 canciones. (César Chacón)
  • Uno de sus logros fue rescatar la figura de Tenalmaxtle.  (César Chacón) Uno de sus logros fue rescatar la figura de Tenalmaxtle. (César Chacón)
  • Además de investigar cada biografía, dibujó a los 110 distunguidos personajes.  (César Chacón) Además de investigar cada biografía, dibujó a los 110 distunguidos personajes. (César Chacón)
  • Participó en 70 películas. (César Chacón) Participó en 70 películas. (César Chacón)
  • El artista conserva con cariño los cancioneros, fotografías y grabaciones que resumen su carrera. (César Chacón) El artista conserva con cariño los cancioneros, fotografías y grabaciones que resumen su carrera. (César Chacón)
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De personalidad extrovertida y un talento innato formidable, Ernesto Juárez Frías se ha convertido en un ícono zacatecano de la música, el cine y las artes.

En su haber tiene más de 100 canciones grabadas, decenas de pinturas y dibujos; ha actuado en más de 70 películas, obras de teatro y ha escrito tres argumentos cinematográficos y dos libros.

A los 6 años comenzó su travesía por el mundo de la música en su natal Nochistlán.

Era enero 6, Día de los Reyes Magos, y cerca de su cama encontró un timpanito, similar a una marimba metálica.

“Yo feliz de la vida empecé a tocar música de esa época como si yo hubiera estudiado”, recordó el artista.

Sus dotes artísticas sorprendieron a su padre Jesús Juárez, entonces encargado de la oficina de Telégrafos del municipio.

Desde temprana edad se vislumbraba su camino de éxito, plagado de creatividad, energía, educación, gloria y fama.

Nacido bajo el signo de Leo, el 4 de agosto, heredó el talento de su padre, a quien Ernesto consideró un hombre privilegiado por poseer una voz de tenor.

Luego, le obsequió un piano y le contrató al maestro Andrés Antón, que aunque estaba cuadripléjico, logró impulsar su desarrollo musical.

Él también tenía conocimientos de filosofía, lo que ayudó a que el pequeño Ernesto adquiriera una formación integral; le enseñó solfeo y a tocar el violín y el piano.

En esas mismas clases, el artista descubrió su facilidad para el dibujo, ya que como Antón sólo podría mover algunos dedos, se las ingenió para crear un teclado en el que le señalara las notas musicales.

En cierta ocasión, hizo un retrato del exgobernador Leobardo Reynoso, que en ese tiempo andaba de campaña para diputado en Nochistlán.

Se le había organizado un desayuno en la primaria donde estaba Ernesto, por lo que cuando el dibujo llegó a sus manos, Reynoso se quedó sorprendido y en recompensa le dio una moneda.

“Yo la solté y salí corriendo, me dio miedo que me diera dinero”, relató entre risas.

Entre sus estudios de primaria y los de música, logró componer su primera canción, llamada Borradita diente de oro.

Su musa de inspiración fue una bella mujer con diente de oro que observaba a la hora del recreo, dijo.

En una de las fiestas de su pueblo conoció a un trovador al que le mostró la canción y quedó fascinado, comentó Juárez Frías, y le prometió que la grabaría.

El comienzo de un gran sueño
Con tan solo 13 años, ingresó al Seminario Conciliar de Guadalajara para continuar su formación académica, aunque nunca pudo alejarse de la música, ya que dirigió el coro de seminaristas.

Tres años después, lo abandonó, pues no era su vocación.

El destino tan fortuito llevó a su familia a radicar en Aguascalientes, por lo que a los 17 años se unió a la Academia de Bellas Artes y a la Orquesta Sinfónica de esa ciudad.

Años más tarde, se mudó a la bizarra capital a estudiar en el Instituto de Ciencias de Zacatecas, donde no le valieron sus estudios de secundaria y tuvo que volveros a cursar para entrar al bachillerato.

En esos años, la vida de Ernesto Juárez transcurrió siempre en ascenso. Formó el cuarteto Manuel M.

Ponce y dirigía su propio programa de radio; ahí conoció a la actriz y cantante Carmen Salinas, quien fuera su primer intérprete.

Desde antes de cursar la secundaria, deseaba ingresar al Conservatorio Nacional de Música, pero su padre y su madre, Domitila Frías, lo convencieron de terminar sus estudios en Zacatecas.

Del suelo a la gloria
Con muchos sueños y una pequeña maleta, el joven de 21 años tomó un camión rumbo a la Ciudad de México a conquistar el Conservatorio Nacional de Música.

“Estando allá le hablé a mi papá para decirle que estudiaría música por un año y que si no hacía nada de provecho, me regresaría”, expuso el cantautor.

Lejos de su piano, sentía la sensación insaciable de tocar. Su única alternativa era meterse a una mueblería y tocar de incógnito, aunque lo sorprendían y sacaban del lugar.

Aún y cuando seguía en el conservatorio, logró integrarse al elenco de la programación de la XEW radio, La voz de la América latina, donde conoció a artistas famosos.

Palabras de Amor, interpretada por el también zacatecano Antonio Aguilar, resultó su primer gran éxito musical.

Una noche, Ernesto conoció a Nicolás Mejía, un empresario de la sastrería, al que dicho tema le encantaba y le regaló un piano para que siguiera componiendo.

No lo podía creer; lo había citado en su casa al día siguiente para que eligiera el que más le gustara.

A primera hora, Ernesto llegó al lugar y entre tres hermosos pianos, eligió el más fino.

Ya cuando trabajadores de mudanza se las ingeniaban para subirlo al cuarto piso donde rentaba un
departamento para estudiantes, llegó Mejía.

Consternado, pensó que había llegado a quitarle el piano, pero no fue así. El empresario le dijo que no podía regalárselo, que se lo pagara cuando triunfara; ese recuerdo emocionó al compositor hasta humedecer sus ojos.

Había aprendido mucho en el conservatorio, pero no ganaba lo suficiente para mantenerse, por lo que se integró a la famosa Orquesta de Ingeniería, formada por estudiantes.


Por invitación de la agrupación y luego de insistirle e insistirle, acudió a tocar y le pagaron 300 pesos por esa noche, creyó que era el pago mensual, explicó entre risas, “yo me volví loco porque en la orquesta sinfónica del conservatorio me pagaban 70 pesos mensuales”.

Luego, entró a la facultad de Derecho de la UNAM; continuó por 17 años en la Orquesta de Ingeniería; “éramos los más famosos de México”.

Siendo estudiante, una mañana caminaba por el centro de la ciudad y a lo lejos escuchó: “Borradita diente de oro, chaparrita de mi vida como te quiero yo a ti, yo quisiera que supieras lo mucho que he sufrido y de amor muero por ti”.

Se quedó pasmado, reconoció la letra de su canción y de inmediato se dirigió hacia el café chino, de donde salía la melodía.

Pidió al dueño del establecimiento ver el disco y saber si le habían dado el crédito, su sorpresa fue mayor, estaba firmada con su nombre y era interpretada por un grupo que se llamó Los Gavilanes del Norte.

Esa canción fue la que en su niñez le dio a un trovador que fue a la feria de su pueblo.

Sus melodías han sido interpretadas por figuras como Antonio Aguilar, Chabela Vargas, Lola Beltrán, Yolanda del Río, Lucha Villa, Alberto Vázquez, Johnny Laboriel, Richard Clayderman, entre otros.

Intrépido aventurero
Alrededor de los 30 años, con una familia conformada, la suerte volvió a hacer de las suyas.

En un bar de la Ciudad de México en el que tocaba y cantaba todas las noches, Juárez Frías conoció a un hombre que le ofreció mudarse a Alemania a hacer lo mismo.

“Yo pensé, este cuate me está tomando el pelo, no le creía nada”, comentó, hasta que un día su mujer llegó golpeando un sobre entre sus manos y le reclamó si tenía una amante en ese país europeo.

“Ella estaba enojadísima” y recordó la invitación para ir a cantar a esa nación, por lo que los dos fueron a la embajada de Alemania por el boleto de avión, expuso.

Frankfurt, Alemania fue el siguiente punto que conquistó. Un restaurante estilo mexicano, llamado Acapulco, se convirtió en el escenario donde fue aplaudido y ovacionado por los comensales.

Sus interpretaciones de música vernácula le valieron una estadía de un año.

Cuando regresó para ver a su familia, descubrió que se había convertido en un desconocido para sus hijos menores, por lo que optó por quedarse en México.

Traspasó las fronteras de la música
Su incursión en la meca del cine fue en la película Paso a la juventud, cuando formaba parte de la Orquesta de Ingeniería; le gustó tanto, que decidió tomar clases de teatro.

Sus contribuciones al séptimo arte no solo han sido en actuaciones, también como argumentista, siendo Juana Gallo la más reconocida; el papel estelar fue para la mítica María Félix.

A ésta le siguieron La Coyota I y II, que protagonizara Beatriz Adriana. La primera fue galardonada en 1984 en Las Vegas, Nevada por los productores de películas.

Más de 70 películas han formado parte de su vida actoral, alternando con figuras de la época. Su prolífica carrera como músico y actor han dado frutos con cientos de premios y reconocimientos.

De paso por la política
Otra de las facetas de Juárez Frías en la que incursionó fue la de político, donde tuvo una incipiente carrera.

Al culminar sus estudios de abogacía, entró a laborar al Tribunal de lo Contencioso Administrativo y en el entonces Congreso del Trabajo.

Luego fue invitado a ser candidato a diputado federal por el DF, por lo que estuvo en el Congreso de la Unión por tres años.

Confiesa que no le gustó ese mundo, por lo que optó por la retirada.

Volvió a ser invitado para ser candidato a senador por Zacatecas, pero declinó, dijo, ya que su pasión fue, es y seguirá siendo la música y las artes.

Nueva etapa
Los últimos 15 años de su vida los ha dedicado al arte. Atrás quedaron los set cinematográficos y los escenarios musicales, comenta el hijo pródigo de Nochisltán.

“Estoy en una nueva etapa de mi vida, dedicado a mi faceta de escritor, pintor, promotor cultural y compositor”, refirió.

Su máxima obra literaria es la Galería de Personajes Zacatecanos, un compendio de 110 dibujos de su autoría a lápiz, acompañados de biografías de diversas figuras del estado que él mismo investigó.

Se encargó de reivindicar la imagen de personajes como Manuel M. Ponce, al que no querían reconocer como zacatecano porque se rumoraba que nació en Aguascalientes.

Fue el primero en escribir sobre Tenamaxtle, aunque su obra fue copiada por el escritor Miguel León Portilla. Además dedicó tiempo a crear un novenario en honor a un mártir de Nochistlán.

Luego de varios años de gestiones, hace poco logró que los restos de Beatriz González Ortega fueron llevados al Mausoleo de las Personas Ilustres de La Bufa.

Actualmente se encuentra en producción de lo que será su tercer libro, que se trata de artículos publicados en un diario local.

Mientras recorre sus salas de piano, de pintura, cine y reconocimientos, Ernesto Juárez platica que la base del éxito es la tenacidad y que ahora su misión es reivindicar la historia.

Su formidable legado está esparcido en las paredes de sus casas en Nochistlán, Zacatecas y el Distrito Federal, pero desea donar sus obras y grabaciones para que las conozcan todos los zacatecanos.

Le preocupa no tener un lugar digno para exhibirlas; sin afán de pretensión le gustaría tener un museo como un legado cultural, pero que sea en vida para disfrutarlo y dirigirlo.




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