Friday 09 de December de 2016

Todos contra todos

Juan Carlos Ramos León      2 Feb 2014 22:00:05

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Un buen amigo -ciudadano de a pie, también- repite constantemente estas palabras: “El Internet le ha dado voz a quien no está preparado para usarla públicamente” (más o menos así).

Noten ustedes, al comentar en cualquier sitio de Internet una nota, un artículo, un foro público, etc., como se habla y se discute de todo menos del contenido de la nota o del foro. Generalmente con palabras ofensivas (la mayoría de ellas altisonantes) acaban haciéndose pedazos entre dos o más cibernautas. Y me atrevo a afirmar que esto sucede EN TODOS LOS CASOS (es rarísimo el que no). Le invito, ciudadano de a pie, a que haga un ejercicio de verificación.

¿Qué hay de fondo en esto? Lo mismo que en la forma: intolerancia total, “aquí no más mis chicharrones truenan”. Voltaire decía: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”; esta nueva corriente de intolerantes sociales cambiaría esas palabras por “Digas lo que digas defenderé con mi vida una opinión contraria no más por puritito gusto”.

La intolerancia se ha adueñado de todos nuestros espacios, ¡hacia dónde caminamos, caray! Y el problema es que, efectivamente, no es posible formarse un criterio discutiendo de forma madura y racional determinados temas cuando, perdóneseme lo “discriminatorio” del comentario, llega uno con toda la buena intención a esos foros y ¡se puede colar cualquier analfabeta sin quehacer y con computadora!

La libertad de expresión es una arma poderosa que sencillamente no debería de estar en manos de cualquier persona, o por lo menos deberían de quedar bien claras las reglas para usarla, ya que si bien es cierto que todos tenemos derecho a ella también es cierto que el derecho de uno termina donde empieza el del otro.

Estas reglas a las que hago referencia no son otras que las buenas costumbres, la educación que se toma de la casa, no de las instituciones públicas. La primera sería el saber escuchar. Si en el seno de nuestros hogares apenas uno empieza a hablar y ya está el otro callándolo o corrigiéndolo a esto es a lo que se llega. Dicen por ahí que Dios nos dio una sola boca para hablar, pero dos orejotas para escuchar el doble de lo que hablamos y del aprender a escuchar se aprende también a tolerar.

Una segunda regla sería el principio de la benedicencia. Nuestra naturaleza tiende a encontrarle el lado negativo a todo. Comencemos aceptando esta condición y practiquemos un sencillo pero eficaz remedio: toda vez que se nos venga a la mente una idea negativa sobre determinada persona hagamos el esfuerzo de pensar en DOS cosas positivas de ella misma.

Algo tenemos que hacer para volvernos más tolerantes porque si no vamos a seguir en esta jungla en que impera la lucha de todos contra todos.




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