Monday 05 de December de 2016

Tres parábolas que explican la realidad del Reino de Dios

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      19 Jul 2014 19:20:07

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El Reino de Dios fermenta poco a poco las culturas y modos de ser del hombre. (Cortesía)
El Reino de Dios fermenta poco a poco las culturas y modos de ser del hombre. (Cortesía)
Introduccón
Quiero dar comienzo a mí homilía de este domingo XVI del Tiempo Ordinario, Ciclo A, citando un texto del evangelista San Mateo al comienzo del capítulo 13.

En este, el evangelista nos ha dejado siete parábolas que dan a entender el ser y el quehacer del Reino de Dios. El domingo pasado nos ocupamos de la parábola del sembrador, quien esparce su semilla que cae en diversos terrenos y produce una cosecha de acuerdo al tipo de suelo.

El texto es el siguiente: “Un día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca; toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas” (Mt 13, 1-3).

Las cosas de las cuales Cristo habló a la gente situada a la orilla del mar, se referían al misterio del Reino de Dios.

Los domingos 15, 16 y 17 de este tiempo litúrgico, nos enseñan esas siete parábolas del capítulo 13 de San Mateo, que a nosotros nos toca contemplar, asimilar sus contenidos doctrinales y con la responsabilidad de aplicarnos esta doctrina para dar contenido evangélico y litúrgico a nuestras celebraciones dominicales.

Y con ellas intensificar nuestra vida espiritual de cristianos, con el seguimiento y el testimonio que debemos dar de Cristo en la Iglesia y para el mundo, con nuestra misión de anunciar siempre a todos los hombres el misterio del Reino de los Cielos.

Las 3 parábolas que en evangelio nos enseña
Primero la del “Trigo y la cizaña”; luego “El grano de mostaza” y por último, “La levadura” que fermenta la masa del pan.

A) Parábola del Trigo y la cizaña
La explicación sintética de esta parábola, nos la da el mismo Jesús: El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino.

La cizaña son los partidiarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

En la cosecha se levantan el trigo y la cizaña, no antes, porque la mala hierba de la cizaña tiene sus raíces entrelazadas con las del trigo y al separar la cizaña, entonces se arranca también la buena semilla del trigo y se puede echar a perder.

Cuando se recoge la cosecha, se pueden separar las semillas buenas del trigo, dejando de lado la cizaña que luego se junta para quemarla; el trigo, en cambio, se almacena seguramente aparte en el granero.

La cizaña representa a todos los malvados que están en contra de Dios y sus buenos seguidores. Los ángeles al final de los tiempos mesiánicos, juntarán a esos malvados que inducen a otros al pecado y los arrojarán en el horno encendido.


Allí será el llanto y la desesperación... Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino del Padre. El que tenga oídos que oiga, concluye Jesús.

B) Parábola de La semilla de mostaza
Dice Jesús que la semilla de mostaza representa el Reino de Dios. Esta semilla es pequeña, pero sembrada empieza a crecer hasta convertirse en un árbol grande, magnífico en su fronda, a la cual llegan los pájaros para guarecerse.

Así, sin que se aprecie abiertamente cómo va creciendo esta semilla hasta convertirse en árbol grande, hace comprender de qué manera empieza en la tierra de este mundo el Reino de Dios, pasando desapercibido hasta que se manifiesta con toda su grandeza y esplendor.

El Reino divino acoge a todos los hombres llamados a formar parte de este Reino, desde este mundo hasta alcanzar la eternidad gozosa y para siempre.

C) Parábola de La levadura que hace fermentar toda la masa
Jesús nos dice: “El Reino de los cielos se parece un poco a levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina y toda la masa acabó por fermentar”.

El Reino de Dios con sus valores morales y espirituales, va fermentando poco a poco las culturas y modos de ser de los hombres, para que se transformen con la fuerza y la gracia del evangelio, en el Reino de Dios para salvación temporal y eterna de quienes libremente quieran pertenecer a este Reino de amor, servicio y comunión.

Se excluyen la corrupción pecaminosa, las malas costumbres y la lejanía y rechazo de Dios que llevan a la infelicidad en este mundo y a la condenación eterna.

Conclusión
Jesús, al instaurar el Reino de Dios en este mundo, por medio de su Iglesia, no aparece como un juez implacable que separa a los buenos de los malos, sino como pastor universal, paciente y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad.

Ha venido a salvar a los pecadores que se arrepientan. A los buenos o justos, los acoge para que adheridos a él y a su evangelio y mandatos divinos, se santifiquen y conquisten la vida eterna, para transformar la historia pagana en historia de salvación redentora.

Realizando en ella la gran civilización del amor, del perdón y la fraternidad renovada con la energía del Espíritu Santo...




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