Friday 02 de December de 2016
»Choferes de la Revolución y su paso por Zacatecas en 1914  

Truco de un robo 

Redacción      5 Apr 2014 23:39:25

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En la primera parte de este capítulo, el chofer del taxi número 13 fue solicitado por la policía para encontrar a dos ladrones.

Se trata de un hombre de unos 60 años de edad, bien vestido, de porte elegante, que siempre iba acompañado de otro.

Él los había transportado con frecuencia y no podía creer que se trataba de dos estafadores.
Condujo a los policías a la casona donde siempre los dejaba y, para su sorpresa, estaba abandonada.

“Entonces se investigó con los vecinos de ambos lados de la casa y se supo que el palacete aquel de las verjas de hierro, en el cual se introducía el Barón y su ayuda de cámara, pertenecía a la familia Z, no recuerdo el nombre, que había salido a Europa desde hacía largo tiempo huyendo de la Revolución, ya que se trataba de parientes o amigos del expresidente de México, el general Porfirio Díaz, y que al irse habían dejado su casa montada a todo lujo y tal y cual estaba cuando ellos residían en ella, en manos del portero, un viejo criado que la cuidaba y aseaba.

“Al oír esta información, los dueños de la joyería cambiaron de actitud y comenzaron a comprender su verdadera situación, solo yo aún no podía entender claramente dónde estaba la clave del asunto ni cómo se había cometido el tal robo.

“Hasta que allá, otra vez en la Inspección General de Policía, se me explicó de la siguiente manera:

“El Barón, hombre de respetabilísima apariencia, se presentó la primera vez en la joyería acompañado de su criado y pidió que le fueran mostrados los juegos de mancuernillas y botones de camisa de buena clase que allí expendían.

“El Barón eligió cuando se los mostraron, el que más le agradó y religiosamente cubrió su importe, unos 20 o  22 pesos, pues se trataba de pequeños objetos de oro; se retiró, tomó el táxi que lo esperaba a la puerta (el mío) y pasó largo rato, una hora a lo más, cuando de improvisto se presentó el ayuda de Cámara en la joyería y llamando al empleado que atendía a su patrón, le suplicó que revisara la caja de las mancuernillas por si faltaba alguna más de la que el patrón había comprado.

“El empleado revisó y desde luego notó que efectivamente faltaba un juego igual en valor al que había comprado el anciano poco antes, entonces el ayuda de cámara se apresuró a pagar la substracción, pidiendo mil perdones para su amo y explicando que éste padecía una enfermedad cerebral que lo hacía un maniático incorregible y que siempre substraía en primer descuido de los empleados un objeto igual a la que hubiera comprado.

“Que debido a esto, él, el ayuda de cámara, lo acompañaba a todas partes para cuidarlo por encargo de su familia con el propósito de remediar los desmanes del Barón y que éste no pasara un mal rato, pero les rogaba se tomara en cuenta que se trataba de un nombre inglés acaudalado, aunque enfermo. Con esta explicación se retiró.

“A los pocos días El Barón volvió a la joyería y en esta ocasión pidió plumas fuentes, escogió una de las más finas y acto continuo, casi en las narices del empleado, se hurtó otra igual, salieron del establecimiento, abordaron el táxi y como la vez anterior, el ayuda de cámara vino a pagar el hurto del barón siempre con pena en la cara y pidiendo mil persones.

“Así lo estuvieron haciendo, el Barón comprando un chuchería y robándose otra y el ayuda de cámara pagando el hurto con igual pena en cada caso, hasta que un buen día el Barón al presentarse en la joyería dijo que quería hacer un regalo a su nuera, para lo cual pidió que se le mostraran los aderezos de brillantes.

“El empleado, gustoso, extrajo de la caja fuerte los más bonitos y de más alto valor que la casa tenía y el Barón se puso a elegir y, como se esperaba, escogió uno de un valor poco más o menos de 17 mil pesos. Acto continuo, se embolsicó otro.

“Como esta suma de dinero no era humanamente posible que el Barón la trajera en la bolsa, sacó la chequera e hizo la entrega de un cheque contra el Banco de Londres y México, y como siempre, se retiró abordando el mismo taxímetrio.

“La única diferencia que hubo esa vez fue que el ayuda de cámara no volvió a pagar lo hurtado por El Barón, por más que lo esperaron todo ese día y el siguiente, y fue entonces que se pensó en ir a hacer efectivo, el cual huelga decir que era perfectamente falso, ya que esa institución de créditos no conocía a barón alguno de ese nombre ni menos podía tener fondos en esa institución.

De esta manera se dio el asunto a la policía, la que fue por mí al sitio para que diera luz en el asunto como ya digo antes, cosa que resultó infructuosa, ya que hasta a mí se cuidaron de darme a conocer su verdadera identidad, y creo que a nadie, ya que ni con el tiempo pudo averiguarse nada, a no ser que el portero de la familia Z del palacete de la calle de Pomona fue su cómplice y huyó con ellos”.

Sigue las aventuras de este personaje cada domingo. Continuará... 

Extracto de Choferes de la Revolución 
Autor: Luis Jiménez Delgado 
Biblioteca de la Crónica de Zacatecas 

 




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