Sunday 11 de December de 2016
»La suerte del taxista da un giro inesperado  

Un automóvil científico 

Redacción      26 Apr 2014 20:54:48

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En la primera parte de este capítulo el chofer relató cómo fue alejado del sitio por la fuerza, luego de que dos sujetos se enteraron de que sabía de mecánica.

Lo llevaron a un cuartel, donde lo tuvieron por un tiempo. Luego se fueron directamente a una casa para llevarse el automóvil que resguardaba y un viejecito les abrió la puerta.

“Entonces el anciano, procurando cerrar la puerta tanto como le fue posible, dijo: ‘Está bien, solo que yo para dejarlos entrar necesito una orden por escrito de otro…’ y no lo dejaron terminar la frase, porque uno de los soldados dándole brusco empellón a la puerta a medio cerrar, hizo rodar al viejito por el suelo al mismo tiempo que le enseñaba la mausser: “La orden aquí la tenemos”.

“En estas condiciones nos hicimos pasar y continuamos hacia el interior de la casa, entre tanto el anciano se incorporaba, pero esta escena había sido presenciada por un joven pobremente vestido, que nos salió al paso y sin más ni más, encarándose con el oficial, le dijo: ‘Lo que es usted ni maltrata a mi padre ni se lleva nada de automóvil”.

“Y acto continuo hizo ademán de sacar algo de la parte posterior de su pantalón, ademán que el oficial interpretó como sacar la pistola, por lo que más violento que el joven sacó a ver la suya e hizo fuego, cosa que de inmediato derrumbó sin vida al defensor del padre y quién sabe si el anciano hubiere corrido la misma suerte que el hijo, si no interviene una anciana que se le abalanzó al oficial y a gritos suplicaba y lloraba diciendo: 

‘No me lo mate, señor, por su madre, señor, no los mate, llévese todo lo quiera, sí, llévese todo lo que hay aquí, pero no los fusile señor…”.

“La escena no podía ser más horrible; sin embargo, el oficial victimario, con el gesto asesino, dijo a la ancianita: ‘Bueno, si no quiere que los fusile a todos, entréguenos el automóvil”.

“-Sí señores, ahorita voy, ahorita voy’, y la pobre mujer apenas podía tenerse en pie, pero el viejecito, seguramente con mayor presencia de ánimo ante aquella espantosa tragedia que los hacía victimas, dijo: ‘Yo se los entregaré’ y nos llevó hasta la cochera, en la cual estaba cubierto con una lona, un excelente automóvil Prothos, medio desarmado, sin ruedas, sin magneto y sin carburador y todavía se atrevió a decir: ‘Ven ustedes como es cierto que está descompuesto…’”.

“Sí, ya lo sabemos, y ya lo sabíamos, contestó el oficial, pero también sabemos que usted tiene las piezas escondidas que le hace falta, ya nos las va a entregar, porque ya sabe lo que sucede y pronto’”.

“Sí, señores, se las voy a entregar’, contestó lívido el viejecito, y nos condujo a la bodega en cuyo lugar, debajo de unos costales de frijol, estaban las ruedas ocultas son todo y llantas y en una de las alacenas el magneto y el carburador.

“Ya con todo lo que le faltaba al Prothos y ayudado torpemente por los soldados, lo armé y ya listo, lo pusimos a funcionar.

“Para salir a la calle era necesario pasar junto al cadáver del muchacho, cuyo cuerpo aún estaba en el patio principal.

“Cuando nos acercamos puede ver con pena y horror que la ancianita hacía esfuerzos inauditos para levantar a su hijo, y ya junto a ella, desesperada gritó: ‘Espéreme, señor, ahorita lo quito, no lo vaya a machucar’”.

“Pero pasamos sin siquiera rosarlo, ya que había campo suficiente, mientras el oficial con una sonrisa horrible decía: ‘No lo muevan, dentro de un rato vienen por él para llevarlo al panteón’”.

“Ya en la calle me ordenó ir de prisa hasta el cuartel, al que penetramos por su anchurosa puerta hasta la oficina. Paré el motor y entonces los soldados que me habían acompañado me obligaron a ir nuevamente al cuarto inmundo donde había estado antes, cuya puerta cerraron, mientras uno de ellos me dijo: ‘Ahí te estás cuate, hasta nueva orden’”.

Continuará ...
Extracto de Choferes de la Revolución
Autor: Luis Jiménez Delgado
Biblioteca de la Crónica del Estado




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