Tuesday 17 de January de 2017

Un ejemplo a seguir

Huberto Meléndez Martínez      14 Jul 2014 20:40:20

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Dedicado a docentes que sin buscar reflectores, cumplen su misión educativa.

Viajar prolongado tiempo por carretera vecinal en un ingrato autobús que, eventualmente pasaba a tiempo; andar una brecha a lomo de caballo un par de horas, era una proeza que había decidido realizar solo en ocasiones ineludibles.

La decisión se había tomado más allá de las dificultades en la comunicación, por su compromiso con la docencia.

Haber cursado sus estudios en la escuela normal tampoco fue sencillo. Su madre había tenido un complicado dilema cuando ella y su hermano arribaron a la adolescencia. Trabajando tenazmente fuera de casa para conseguir el sustento familiar y haciendo grandes sacrificios, se había aferrado a mandar a sus dos hijos a la escuela.

Jamás imaginó que después de la secundaria el escenario presentara tan oscuros nubarrones.

Faltaban recursos para mandarlos a estudiar a la capital del estado ¿a quién seguir apoyando? Los dos merecían la oportunidad. Con dolor en el corazón y el sentimiento de impotencia por carecer de medios, se decidió por su hija, en ella cimbró sus esperanzas de una vida mejor, dadas sus buenas calificaciones escolares.

Cuatro años dedicados seriamente al estudio, sorteando múltiples dificultades, y obtuvo el título de Profesora de Educación Primaria, haciendo sentir a su progenitora la más orgullosa de las madres.

La fortuna empezó a sonreír, porque sin mayores contratiempos le asignaron una plaza en una pequeña comunidad del suroeste del estado.

Los ejidatarios se organizaron para mandar a una persona que hiciera guardia en el crucero del camino y esperar al profesor que les habían prometido hacía mucho tiempo las autoridades municipales.

Volcaron en ella toda su hospitalidad y gratitud por tener una maestra de tiempo completo.

Sin conocimiento para montar a caballo, pero convencida de su misión, trabajó durante varios años en aquellos lugares.

Ahorrando hasta el último centavo ocupó sus periodos vacacionales para seguirse preparando. Aspiraba colaborar en otro nivel educativo. Pronto encontró trabajo en una escuela secundaria. Años más tarde logró cursar un posgrado fortaleciendo sus conocimientos.

Hasta aquí la historia es muy parecida a la de gran cantidad de profesoras, pero su calidad humana y visión educativa permitieron idear una propuesta educativa, el programa La práctica de los valores, una acción formativa.

Por las particulares circunstancias del tejido social zacatecano, las autoridades en turno lo consideraron pertinente y le encargaron instrumentarlo.

Al poco tiempo ascendió a jefa de un departamento atendiendo otros múltiples programas de desarrollo humano.

Cuando llegó su jubilación, inmediatamente fue invitada a ocupar otro puesto en una instancia de divulgación de la ciencia, rápidamente logró consolidar y fortalecer al equipo académico.

Esta es un parte biográfica de la maestra Olga Irma de la Rosa Miranda, un ejemplo a seguir por sus convicciones, su soporte profesional y trabajo responsable, con la componente de una sensibilidad humana fuera de lo común.

En su retiro, colegas y compañeras/os encontraron otra lección: cristalizar sueños personales postergados, otorgando atenciones y cuidados a su paciente mamá.




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