Wednesday 07 de December de 2016
»De trato cálido y sencillo, dedica su vida a ayudar a los necesitados 

Sigifredo Noriega, un obispo que roba sonrisas

Selene Lamas      8 Nov 2014 19:28:06      1

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  • El obispo de la Diócesis de Zacatecas es gran amante de la literatura, en especial de autores clásicos latinoamericanos. (Hugo Uribe ) El obispo de la Diócesis de Zacatecas es gran amante de la literatura, en especial de autores clásicos latinoamericanos. (Hugo Uribe )
  • Afirma que desde pequeño fue llamado al servicio de Dios. (Hugo Uribe ) Afirma que desde pequeño fue llamado al servicio de Dios. (Hugo Uribe )
  • Monseñor se define a sí mismo como una persona amigable. (Hugo Uribe ) Monseñor se define a sí mismo como una persona amigable. (Hugo Uribe )
  • Su pasión por la música le ha ayudado en momentos difíciles. (Hugo Uribe ) Su pasión por la música le ha ayudado en momentos difíciles. (Hugo Uribe )
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Originario de la comunidad de Granados, Sonora, Sigifredo Noriega Barceló es un hombre que atendió al llamado de Dios y hoy dedica su vida al servicio de los necesitados.

Con 38 años de sacerdocio, el actual obispo de la Diócesis de Zacatecas se define como un hombre exitoso, pues cada sonrisa que logra arrancar a una persona necesitada se convierte en el más grande de sus logros.

Proveniente de una familia pobre de campesinos en la sierra de Sonora, Noriega Barceló fue llevado de la mano de Dios para descubrir y afianzar su vocación en varios momentos de su vida.

Visionario y humilde, el jerarca católico confiesa que su más grande reto es renovar la Iglesia católica y acercarse a los feligreses que ante los avatares de la vida moderna han dejado de lado la espiritualidad.

Fanático del béisbol y amante de la música, Noriega Barceló es un hombre que se construyó a sí mismo a base de esfuerzos y sacrificios, pues con el talento que Dios le dio para manipular distintos
instrumento musicales logró subsistir mientras estudiaba, para luego convertirse en párroco por 30 años y en obispo desde 2007.

Los más grandes regalos
El obispo de Zacatecas nació el 12 de octubre de 1951 en el seno de una familia alegre y sencilla en una comunidad enclavada en la sierra sonorense y a casi 300 kilómetros de Hermosillo, donde convivió con sus padres y sus nueve hermanos hasta los 12 años.

Comenta que los cerca de mil habitantes de su comunidad de origen, donde casi todos son parientes, también fueron su familia, ya que en ese ambiente se formó y se fue forjando como ser humano, lo que le permitió desarrollar una singular sensibilidad hacia los demás.

Una vez que concluyó la primaria, el obispo tuvo que dejar a su familia para ir a Ciudad Obregón y estudiar durante cuatro años lo correspondiente a la secundaria y la preparatoria.

Sin embargo, comenta que a esa edad no podía saber si tenía o no la vocación, pero sus padres pensaban que “si Dios lo llama hay que ponerlo en el medio para que escuche mejor la voz, porque si hay mucho ruido por acá en la sierra no la va escuchar”.

Una vez concluida su educación básica fue enviado a Estados Unidos al seminario de Montezuma, que fue una institución que se fundó para apoyar a la Iglesia de México que había quedado devastada después de la persecución religiosa de las primeras décadas del siglo pasado.

Expresa que él fue parte de la última generación de aquel seminario, pues se determinó que ya había cumplido su misión, por lo que fue traslado a Tula, Hidalgo, pero debido a que él era de la parte norte fue reubicado en Tijuana.

Allá estudio teología de 1972 a 1976, lo que calificó como una experiencia muy positiva “porque vivir en una frontera te marca, es otra escuela que puedes tomarla para bien o para mal, ahí aprendí muchísimo en las aulas, pero sobre todo en el aula de la vida observando y acompañando a mucha gente”, expresa.

En esta época, el jerarca menciona que también debía sostenerse en sus estudios, por lo que cuando se desocupaba se iba a buscar “chamba” cantando y tocando en las bodas y en las misas y en todo lo que se ofrecía y “de ahí sacaba para la semana”.

Noriega Barceló fue ordenado sacerdote el 7 de octubre de 1976 para convertirse en párroco de Ciudad Obregón, donde se desempeñó 30 años hasta que fue llamado a ser obispo de la Diócesis de Ensenada, Baja California en 2007 y cinco años después fue traslado para hacerse cargo de la de Zacatecas.

Para obispo no se estudia
“Es demasiado compromiso, demasiada exigencia, pero si Dios te llama es que ya te ha capacitado”, asegura el prelado.

Explica que esta designación fue un momento difícil. Luego de 30 años de sacerdocio, ya se había acostumbrado a convivir con un grupo de gente.

“Cuando me hacen obispo para Ensenada no me pasaba por la cabeza, después de 30 años de servicio sacerdotal, ya tienes tu vida relativamente hecha, conoces a mucha gente y te surge la pregunta ¿sigo o no sigo?, pero cuando te dicen ‘el Papa te ha nombrado’ es difícil no aceptar”, expresa.

Noriega Barceló revela que ese también fue un momento difícil porque no les gustan las luminarias ni los protagonismos; “yo soy feliz escondidito, con el trabajo en el silencio, pero como obispo hay que dar la cara, eres una persona pública y eso me ha hecho sufrir”.


Renovarse o morir
Con el entusiasmo y la fe que lo caracterizan, Noriega Barceló comenta que en Zacatecas actualmente el desafío de la Iglesia Católica es la renovación, pues aunque es una Iglesia antigua con mucha riqueza, con muchos valores y con una historia bien curtida, requiere adecuarse a los cambios culturales.

Manifiesta que el reto es ver cómo presentar el evangelio de Jesucristo en las nuevas realidades que se viven, en las que Dios pasa a un segundo o a un tercer término y en el que el prójimo ya no importa.

“Hay que ver cómo presentar el evangelio para que trasforme vidas, porque este por sí solo no lo hará; debemos ver las estrategias que se pueden aplicar para acercarlo a la gente”, comenta.

Noriega Barceló manifiesta que también se tienen que renovar las estructuras, ya que las parroquias son el primer lugar donde está el cristiano el día de su bautizo y el último cuando muere, pero porque lo llevan.

“El chiste es que en todo el intermedio de la vida el evangelio influya en la existencia de las personas, ese es el reto, la parroquia tiene que cambiar de rostro”, dice.

“Debemos buscar la sencillez, buscar la humildad, volver a casa, porque es ahí donde aprendimos a vivir y es ahí donde está el amor incondicional”, expresa.

Por ello, el 23 de noviembre se presentará una carta pastoral donde se marcará la ruta para los próximos cinco años y en la cual la caridad será la que marcará el camino porque demostrará que el ser humano sí importa, indica.

El éxito, una sonrisa
Renuente a reconocer sus éxitos personales y como sacerdote, el obispo asegura que el mayor logro de su vida es la sonrisa de las personas.

Con un gran dejo de humildad, asegura que cada que una persona le dice “¡gracias!” y le dedica una sonrisa reconoce un logro personal, porque ello es sinónimo de que estuvo en el momento en el que alguien más lo necesitaba.

“El éxito más grande es ver una cara sonriente, eso me da paz y tranquilidad”, afirma.
Placeres sencillos

Más allá de sus responsabilidades, el obispo es un ser humano que disfruta de deportes como el béisbol, el básquetbol y el futbol americano.

Además, uno de sus más grandes placeres es la lectura, que poco a poco ha dejado de practicar por la falta de tiempo y cuyo interés ha traslado a la música, que también le sirve para relajarse.

“La música me descansa, me despierta el feeling, el alma, el sentimiento y con el tiempo he aprendido a profundizar en ese arte que en lo personal aprendí desde los 14 años”, indica.

Pese a ello, no deja de admirar las obras de sus autores favoritos, como Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, mientras en el plano de la música disfruta de las piezas de Javier Solís, Lupita Pineda, Joan Sebastian y Pedro Infante.

Comenta que es una persona amigable que está rodeada de muchas personas que lo estiman y a las que estima e incluso conserva amigos desde su niñez con los que estuvo en el seminario.

Expresa que en Zacatecas aún está conociendo personas, lo cual de repente le resulta de difícil, ya que lo ven como autoridad, por lo que es necesario generar más lazos de confianza. No obstante, el obispo “tiene amigos aquí y allá” y en cada lugar que ha estado existe gente a la que le tiene mucho cariño.




Comentarios
granados68:
Muchas felicidades al Sr. obispo Sigifredo Noriega Barcelo, es todo un ejemplo de vida y un gran predicador de la palabra del señor, además de contar con mucho carisma, y un liderazgo que arrastra....ejemplo para nuestros jóvenes...Saludos cordiales. Mmc   Thursday 12 de November de 2015 13:20:43
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