Monday 05 de December de 2016

Un pastor de ovejas

Huberto Meléndez Martínez      17 Sep 2013 02:53:20

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Esta vez contaré una historia que en opinión de quien la escribe, es una lección interesante. probablemente no aporte novedades, nuestros lectores la conocen, pero algo impulsa a volverla a contar.
Les invito a hacer un ejercicio mental. Imaginemos cómo sería, geográficamente el lugar en el que está usted en este momento, hace cien años…

Tal vez podría, con un poco de mayor esfuerzo, imaginar este sitio hace doscientos años…
Su pensamiento irá eliminando artículos tecnológicamente avanzados, eliminará acabados o componentes de la obra civil del espacio en el que se encuentra. Incluso tal vez podrá eliminar la misma construcción o las de los vecinos, tal vez su misma colonia no existía en esa fecha.

El otro ejercicio mental es, pensar en las probabilidades de éxito que actualmente tiene una persona de 12 años de edad. Tal vez usted piense que la competencia existente es muy cerrada y esas probabilidades sean mínimas.

Una persona de doce años tendría muy remotas posibilidades de sobresalir en nuestro país, hace 200 años. Podría considerar que son tan lejanas, que se acercan mucho a lo imposible.

Y también podrá imaginar que un niño pobre, analfabeto y huérfano e indígena, no tendría alguna probabilidad de destacar. Si a eso le sumamos que se comunicaba en zapoteco, no sabía hablar español. Para contribuir en su precaria manutención ayudaba en el cuidado de las borregas de sus tutores. Con seguridad usted consideraría nulas las posibilidades de superación y de adquirir una mejor forma de vida.
Existió alguien así en la historia de nuestra nación. Cierto día tuvo un descuido y se le extraviaron algunas ovejas. Decidió no volver a casa de su tío por temor a la reprimenda.

Había escuchado que tenía una hermana mayor viviendo en Oaxaca y quiso ir a su encuentro. Pero aquel niño no sabía si Oaxaca estaba al frente de él, hacia atrás, hacia su lado derecho o hacia su lado izquierdo, pero aun así, tuvo el aplomo de caminar en su busca. ¿Cuántas penurias más viviría perdido en el breñal de la selva?, caminando largas horas hasta encontrar la gran ciudad.

Fue tocando casa por casa durante mucho tiempo. ¿Qué haría usted, actualmente, si llega a su puerta y toca un niño de 12 años, desarrapado, hambriento, sucio y algo le dice en dialecto?. Usted no entenderá y tal vez lo confunda con un pordiosero. Hasta es probable que le suelte a su mascota canina para alejarlo.

De algún modo encontró a su hermana, bajo sus atenciones pudo acudir a la escuela. Aprendió a comunicarse en castellano, latín, inglés y francés. Sus virtudes de soñador, curioso, trabajador, dedicado y estudioso le permitieron llegar a ser uno de los más notables mexicanos que ha tenido nuestro país.

Nuestros jóvenes reprueban sus estudios, desertan de las escuelas pretextando falta de apoyo familiar, medios para prepararse, comprensión, oportunidades, etc. Deberían conocer y entender esta historia. Quizá nuestro amable lector pueda compartirla con alguno de ellos.

Benito Juárez tuvo la convicción de que la escuela era  el camino único para la prosperidad y transformación de un país.




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