Monday 05 de December de 2016
»Primera parte 

Un punto y aparte, la Toma de Zacatecas

Gargo Ernesto Aguilera      23 Jun 2014 00:33:57

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  • Los daños en el Teatro Calderón fueron considerables durante los días de asedio a la ciudad. (Cortesía) Los daños en el Teatro Calderón fueron considerables durante los días de asedio a la ciudad. (Cortesía)
  • Dispararon desde los balcones de los edificios de la avenida Juárez. / Colección José Manuel González  (Archivo) Dispararon desde los balcones de los edificios de la avenida Juárez. / Colección José Manuel González (Archivo)
  • El 90 Regimiento de Infantería frente al teatro. / Archivo de Bernardo del Hoyo (Archivo) El 90 Regimiento de Infantería frente al teatro. / Archivo de Bernardo del Hoyo (Archivo)
  • Estas fotografías fueron publicadas en 1915, en el libro de Federico Cervantes. / Imágenes de Asalto y Toma de Zacatecas (Archivo) Estas fotografías fueron publicadas en 1915, en el libro de Federico Cervantes. / Imágenes de Asalto y Toma de Zacatecas (Archivo)
  • Estas fotografías fueron publicadas en 1915, en el libro de Federico Cervantes. / Imágenes de Asalto y Toma de Zacatecas (Archivo) Estas fotografías fueron publicadas en 1915, en el libro de Federico Cervantes. / Imágenes de Asalto y Toma de Zacatecas (Archivo)
  • La Revista de Zacatecas también publicó los hechos. / Archivo de Bernardo del Hoyo (Archivo) La Revista de Zacatecas también publicó los hechos. / Archivo de Bernardo del Hoyo (Archivo)
  • Luego de atacar el Edificio Federal, un grupo de revolucionarios recuperó este cañón de los escombros. / Colección José Manuel Enciso González (Archivo) Luego de atacar el Edificio Federal, un grupo de revolucionarios recuperó este cañón de los escombros. / Colección José Manuel Enciso González (Archivo)
  • Así se propagó la noticia en los medios de comunicación. / Archivo de Bernardo del Hoyo (Archivo) Así se propagó la noticia en los medios de comunicación. / Archivo de Bernardo del Hoyo (Archivo)
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La batalla más importante y mejor planeada de la Revolución y de la Historia de México posiblemente fue la Toma de Zacatecas.

La ciudad y sus alrededores fueron el escenario donde se encontraron los dos ejércitos que luchaban por una causa totalmente distinta.

El federal buscaba la conservación de un régimen similar a un fascismo primitivo y el constitucionalista luchaba por la necesidad de crear un nuevo país, lejos de cualquier autoritarismo y centralismo del poder, creando las bases institucionales necesarias para el nuevo proyecto de la representación ciudadana.

De esta forma, la Batalla de Zacatecas se convirtió en el acontecimiento coyuntural para esta transición. 
Cuando ocurrió la Decena Trágica, que puso fin a la presidencia de Francisco I. Madero y dio origen al régimen de Victoriano Huerta, se efectuaban elecciones a gobernador en Zacatecas.

El mandatario anterior, José Guadalupe González, había fallecido.

Por esta razón, en Zacatecas no se prestó mucha atención a los hechos ocurridos en la capital del país, pues cuando concluyeron los comicios locales, Huerta ya era presidente y había establecido su gabinete.

Los simpatizantes que lo apoyaron, aplaudieron el regreso de un presidente que sí tendría la capacidad de establecer el orden y la paz, emulando la imagen que había dejado el régimen porfirista.

Sin embargo, a lo largo de los 17 meses que duró el periodo huertista, esa imagen se desvaneció y mostró su peor cara.

El gobierno zacatecano nació de la bandera antirreeleccionista, encabezada por el recién finado Madero.
Sin embargo, era necesario que pronto se tomara una postura en torno al nuevo régimen, pues si las autoridades se mostraban opositoras, sería arriesgado por las represalias que tomara Huerta; sin embargo se eligió una de “aceptación”.

Huerta tuvo apoyo principalmente de los grupos políticos antimaderistas, hacendados, empresarios y el Ejército Federal.

El nuevo gobierno zacatecano aceptó a la presidencia huertista, pero la insurrección y el desconocimiento surgieron a escaso tiempo.

A solo un mes del pronunciamiento de Huerta, Venustiano Carranza  lo desconoció abiertamente y junto con sus seguidores redactó el Plan de Guadalupe, en el que mostraron su rechazo por considerar que su cargo estaba fuera de la ley.

Convocaron a una lucha armada, bajo el sello del Ejército Constitucionalista donde el mismo Carranza se nombraba primer jefe.

Los rebeldes de Zacatecas
Aunque se convirtió en el más representativo de la lucha antihuertista a nivel nacional, no fue el primero, pues Eulalio Gutiérrez, presidente municipal de Concepción del Oro, desconoció al usurpador en una sesión de cabildo en la que fue apoyado por el destacamento de la Policía Rural.

Es así que en Zacatecas se reconoció pronta y primariamente la ilegitimidad del presidente.

Detrás de Gutiérrez se levantaron en armas personajes que destacaron en la revolución maderista en el estado, como Pánfilo Natera.

Éste se unió a la lucha el 10 de abril en el poblado de Nieves e inmediatamente se envió un destacamento de fuerzas federales a combatirlo.

Sin embargo, los federales se convirtieron en sus aliados cuando se encontraba en Jerez.

La insurrección en Zacatecas creció desmedidamente, al grado de que la rebelión naterista pronto tuvo 500 hombres, los cuales fueron suficientes para tomar la plaza de Fresnillo en mayo de 1913.

Ante la incapacidad del gobierno de hacer frente a los “revoltosos”, el gobernador Rafael Ceniceros emprendió un viaje a la ciudad de México para conseguir recursos necesarios para la defensa de la ciudad y dejó como gobernador provisional a Eusebio Carrillo.

En el área militar estaba encargado el veterano general zacatecano Jesús Aréchiga.

Al informarle a la Secretaría de Guerra, al mando del general Manuel Mondragón, la situación grave que ocurría en las cercanías de la capital, no se le prestó importancia, creyendo que exageraba debido a su avanzada edad.

Con la ciudad desguarnecida y con una fuerza superior a las tropas federales, Pánfilo Natera tomó Zacatecas en junio de 1913 y estableció el primer gobierno provisional en el país.

La primera toma de Zacatecas significó dos cosas para el gobierno huertista.

Era la evidencia de que los “bandoleros” pasaron de ser pequeños grupos de guerrillas a enormes contingentes con armas y adiestramiento.

El levantamiento de Natera inició con un puñado de hombres, hasta reunir cerca de 500 cabezas.
Esto le valió el reconocimiento del primer jefe del Ejército Constitucionalista, por lo que se le otorgó el grado de general brigadier de la División del Norte y a sus seguidores se les dieron grados de generales.

El segundo significado fue hacer notar a Huerta la importancia de la plaza de Zacatecas por su ubicación geográfica, clave para ambos ejércitos.

Además, junto con Torreón, era un importante centro ferrocarrilero y la ruta directa a la ciudad de México.
Por ello, la importancia de la plaza era indiscutible para ambos bandos.

Tras la toma del 13 de junio de 1913, Huerta destituyó del cargo de secretario de Guerra al general Mondragón, por su falta de iniciativa; en su lugar puso a Aureliano Blanquet,  involucrado directo en el asesinato de Madero y Pino Suárez.

La ciudad solo estuvo tomada por siete días, pues Huerta envió a recuperarla al general José Delgado, quien después se convertiría en gobernador provisional de Zacatecas.

El nayarita era un hombre confiable para Huerta y a partir de ese mes, el presidente envió al resguardo de la plaza hombres de confianza, asegurando pomposamente su recuperación.

Mientras tanto, las fuerzas de Natera se resguardaron en Sombrerete y lo declararon como la nueva capital del estado.

Las tropas nateristas, ya con el grado de División del Centro, operaron en los estados de Aguascalientes, Jalisco, Durango y varias municipalidades de Zacatecas, por lo que se convirtieron en un constante dolor de cabeza para el destacamento huertista.

La estrategia de Huerta

Ante la imposibilidad de negociar con los rebeldes, Huerta no vio otra alternativa más que aplastarlos militarmente.

Debido a su trayectoria en el Ejército y a que su Estado Mayor estuviera compuesto por militares de carrera, su proyecto para el país se basaba en la militarización de las dependencias federales,
sindicatos, escuelas públicas y privadas, creyendo que a través de la fuerza controlaría a la insurrección.

En Zacatecas no llegó este proyecto. Solo hubo ofertas de incorporarse a los elementos de los Cuerpos Rurales de la Federación, oportunidad para que los hacendados se armaran en defensa propia y así lograr la pacificación del país.

Al ver que la demanda era alta, se expidió la ley de reclutamiento obligatorio bajo el sello del Sorteo de Operaciones Militares.

Los únicos requisitos eran “tener entre 18 a 45 años, no tener ningún defecto físico de aspecto monstruoso o ridículo, ni ser sordo, idiota o monomaniático”, decía el Periódico Oficial del Estado de Zacatecas del segundo semestre de 1913.

Ante la necesidad de engrosar las filas del Ejército Federal, el reclutamiento fue forzoso bajo la leva, forjando filas de hombres pobres, que muchas veces simpatizaban con el movimiento constitucionalista y eran enviados con el mínimo adiestramiento.

Unos huyeron en la primera oportunidad, llevándose municiones y armamento, y sumándose a las fuerzas rebeldes.

El estado estuvo gobernado por tres militares cercanos a Huerta.

El primero fue José Delgado, quien se dio a la tarea de permanecer en Zacatecas y derrotar a los rebeldes.

Su sucesor, Alberto Canseco, originario de Juchipila, fue bien recibido por la élite zacatecana.

A finales de 1913 se organizó en su honor una cena, con orquesta y todos los honores, a fin de apremiarle su ascenso a general de Brigada.

Pese a que la plaza estaba bien guarnecida, no cesaron los enfrentamientos y las balaceras, aunque se realizaban en las lejanías de la capital.

La población se desenvolvía en una relativa tranquilidad. En la prensa y los órganos de difusión del gobierno huertista se aseguraba el compromiso de pacificar al país batiendo a los “malos mexicanos” que peleaban por una causa equivocada. 

Al comenzar 1914, se afianzó el compromiso de Huerta de terminar con la insurrección.

Se argumentaba que la campaña contra los rebeldes no se había llevado a cabo por falta de elementos y de armamento, que ya se tenían, y a partir del 1 de enero se llevarían a cabo las campañas para acabar con los rebeldes, ya que “éstos no tenían la capacidad de enfrentarse con el poder de la República”.

En febrero, Huerta cumplía un año como presidente de México y pese a haber militarizado los estados dominados por sus hombres de confianza y continuar la campaña contra los revolucionarios en el norte, no podía asegurar su completa victoria.

Llega Medina Barrón
El 20 de febrero asumió el gobierno provisional y el mando militar el comandante Luis Medina Barrón, debido a que Alberto Canseco fue llamado para cumplir misiones consideradas más importantes.

El jerezano se incorporó al Ejército Federal en 1890: a él le tocaría defender la plaza de Zacatecas en la batalla decisiva que se libraría cuatro meses más tarde. 

La cotidianidad civil no se vio del todo interrumpida en la capital, pues continuaban los paseos por la Alameda, las serenatas en Plaza de Armas, las fiestas y la algarabía.

Los capitalinos del estado vivían en tranquilidad, pero también se temía por las balaceras ocurridas en el resto del estado y por los atropellos sufridos por los soldados federales, así como a la leva. 

A partir de abril de 1914 comenzó el ocaso del régimen huertista, pues  además de combatir la insurrección del norte, Estados Unidos invadió el puerto de Veracruz para impedir que desembarcara un envío de armas y municiones procedentes de Alemania.

A ello, se sumaron las victorias de las diferentes divisiones constitucionalistas y la toma de ciudades importantes.

En algún momento, el general Medina Barrón reconoció solo tener un completo control de la capital del estado y del partido de Fresnillo, resguardado por Lucio Gallardo.

La División del Norte, comandada por Francisco Villa, creció cuantitativa y cualitativamente, pues recientemente se había sumado Felipe Ángeles, general con larga experiencia y táctica.

Aunque El Centauro del Norte luchaba por la misma causa que el primer jefe constitucionalista, nunca hubo empatía entre ellos.

Villa se había hecho de un numeroso ejército, además de no seguir ni respetar los lineamientos de Carranza, pues como jefe de la causa contra Huerta y bajo el respaldo del Plan de Guadalupe, exigía obediencia en los asuntos militares y políticos.

El rompimiento era inminente y la Batalla de Zacatecas sería la gota que derramaría el vaso.

Cuando Villa tomó por segunda vez la plaza de Torreón, en abril de 1914, el Ejército Federal se reubicó y colocó en la de Zacatecas.

La leva aumentó y la  División del Norte, asentada en Torreón, comenzó a prepararse para librar la decisiva batalla.

Zacatecas se convirtió en el escenario donde se definiría el triunfo de alguna de las facciones combatientes.

El primer jefe ordenó a Pánfilo Natera que preparara el  ataque a la ciudad, que se efectuó por primera vez el 5 de junio.

Sin discutir sus órdenes, Natera procedió, pero su efectivos y armería no sobrepasaban el armamento y tropas federales.

Natera siguió intentando avanzar, pero los federales detuvieron todos sus embates.

En los alrededores de la ciudad cundía el miedo, ya que algunos pueblos y rancherías eran tomados por los revolucionarios... 




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