Saturday 03 de December de 2016
»Les impacta la muerte de El Ratón 

Un rapto 

Redacción      1 Nov 2014 22:06:06

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(César Navarrete )
(César Navarrete )
“Mi exayudante Ildefonso fue testigo presencial del fusilamiento de nuestro inolvidable amigo y compañero Elías Tolentino El Ratón, chofer como nosotros, siendo además, el primer portador de su postrer despedida, siempre en tono de broma.

“Ildefonso vino al garage de la División del Norte al día siguiente en que la fondera nos hizo saber de la muerte de Elías.   

“Mi exayudante nos dijo que en forma meramente casual se había enterado en el cuartel general de que a un chofer lo iban a pasar por las armas por que no sé qué delito y aunque creyó que no se trataba de mí, por las dudas mejor decidió cerciorarse por su propia vista a quién se refería en tal orden, de esta manera se dio a seguir al capitán que la llevaba a los cuatro soldados que lo seguían, dándose cuenta por esto de que quien salía del garage custodiado por el oficial y sus subordinados no era yo, sino otro, concluyendo por seguirlos hasta la orilla de la ciudad en cuyo lugar estaba la casona en que guardaba los caballos del general Fierro, misma de donde había hurtado El Ratón la gallina que le costara la vida.

“El capitán, acatando órdenes precisas dadas por su jefe Fierro, primero hizo que Elías personalmente entregara a su legítima dueña la gallina y acto continuo, sacándolo del corral, procedió a formarle el cuadro, con los cuatro soldados que llevaba, en uno de los paredones de adobe que formaban el mismo corralón, pero sucedió que en los precisos momentos en que los soldados iban a disparar, se presentó la señora que había denunciado el robo cometido por Elías y seguramente arrepentida de los alcances de su denuncia, suplicó al capitán en estos términos:     

“‘Pero qué va usted a hacer, señor, si la cosa no es para tanto, yo no pedí al general que lo fusilaran, sino que me devolviera la gallina’.           

“‘Señora, yo solo hago lo que me mandan y por eso voy a pasarlo por las armas’.

“‘Pero capitán, eso es injusto, cuando menos espérese que yo hable con el general y verá que suspende la ejecución’.

“‘Yo no puedo esperar, tengo órdenes precisas’. 

Entretanto, Elías pudo decirle a Ildefonso: ‘Les dices a mis compañeros que ya me voy para el otro barrio a 100 por hora, que se atragantó la gallinita…’

“Momentos después, el despiadado capitán daba la orden de fuego sin hacerse el menor caso a la señora denunciante que ahora intercedía por el que iba a ser ajusticiado y ante sus azorados ojos El Ratoncito caía acribillado a balazos.  

“Cuando Ildefonso terminó de relatarnos este penoso suceso, más de alguno de nosotros ya sentíamos una bola en la garganta no teniendo el valor para comentar el caso, optando por retirarnos a nuestros respectivos automóviles, con el propósito de seguir nuestra interrumpida tarea de asear los vehículos, sintiendo muy de veras profunda pena por la forma trágica de perder a tan agradable amigo. 


“Ildefonso se fue y nosotros pasamos el resto del día con la monótona soledad de siempre, malhumorados y contritos como nunca, al grado de quitársenos la parlachinería habitual entre nosotros.

“En estas condiciones estábamos cuando a eso de las 8 de la noche y precisamente cuando nos disponíamos a marcharnos al garage, el coronel jefe del estado mayor del general Pedro Favela, Graciano Gardel, con órdenes del cuartel general para que le facilitara un automóvil, a efecto, según dijo, de transportar un parque de sus pertenencias. 

“El general Aguinaga, encargado del garage y el jefe de nosotros, llamó al primero que se le ocurrió y ese fui yo, hablándome con su habitual manera, dijo:

“‘Oye tú, hijito, pónte a las órdenes del coronel con todo y tu cochecito’.

“Mis compañeros me miraron de cierta manera que a las claras entendí: ‘Ya se te aguó tu cenita y quién sabe si te pase lo mismo que al Ratón.          

“Sin embargo, no había más remedio que obedecer, porque peor hubiera sido indisciplinarse, así que haciendo tripas corazón, como suele decirse, eché a andar a mi viejo amigo el Prothos y de prisa abandonamos el garage con el coronel a bordo”.


Continuará...

Extracto de Choferes de la Revolución.
Autor: Luis Jiménez Delgado.
Biblioteca de la Crónica del Estado




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