Saturday 10 de December de 2016

Una experiencia de vida en la ciencia

Huberto Meléndez Martínez      11 Aug 2014 23:30:03

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Dedicado a niñas y niños que visitan espacios culturales.

La mayor parte de los esfuerzos y del tiempo que aplican quienes colaboran en los museos y centros de ciencia del mundo, se refieren a diseñar estrategias para conformar ambientes de convivencia positivos y retadores a los visitantes.

Los planes, los presupuestos, las jornadas de formación de capital humano se orientan intencionadamente a consolidar la propuesta educativa.

Se buscan exposiciones temporales, renuevan los espacios, rediseñan los conceptos, aplican encuestas de opinión, hacen valoraciones internas y externas para conservar la pertinencia social de las instalaciones.

El establecimiento de vínculos con otros organismos educativos tiene el propósito de coordinar los esfuerzos y garantizar el resultado positivo de la visita o recorrido, pues difícilmente una sola institución puede conseguir dar una formación completa a las personas.

Prácticamente todas las propuestas se orientan a dar la mejor atención a su público, se promueve la visita o se les lleva parte de su acervo en los módulos itinerantes, pretendiendo dar la mayor cobertura poblacional.

En varias instituciones de esta naturaleza se presentan situaciones similares que ponen a reflexionar al personal, relacionado con el dominio de los contenidos, por parte de quienes dan atención a los visitantes.

Seguramente usted, amable lector, también tuvo alguna experiencia semejante (y tan inocente) en su encuentro con los adelantos tecnológicos como la siguiente.

Estaba programada la visita de niñas y niños menores de edad que estaban asistiendo a un curso de verano, en el cual habían tenido experiencias diversas de acercamiento con la divulgación de la ciencia.

La sensación expectante durante varios días fue el preludio de un viaje ansiado en los pequeños invitados. Se llegó la fecha y con gran entusiasmo se presentaron con puntualidad en el sitio en el que se trasladarían al Centro de Ciencias. La convivencia durante el trayecto, de aproximadamente una hora, tuvo sus matices agradables, disfrutaron el paisaje, las conversaciones con sus acompañantes, intercambiando de impresiones sobre otros viajes. Algunos de ellos comentaban que apenas alguna vez habían tenido la oportunidad de visitar la cabecera municipal, hubo quién dijo que nunca antes había salido de su comunidad.

Hacía algún tiempo que en el área de sanitarios se habían colocado contenedores de jabón líquido o en espuma, con sensores de movimiento para administrar mejor el producto y reducir el desperdicio.

Apenas se había recibido a la primera parte del grupo, preparándose para iniciar el recorrido, cuando el encargado les permitió pasar a los lavabos.

Una niña alegre, de mejillas joviales, con grandes y expresivos ojos, de unos 5 años, se incorporó a la fila expresando gran contento cuando regresó del servicio. Dijo en voz alta, pretendiendo presumir y para que le escucharan sus compañeros. “¡Es muy lindo el baño, está muy bonito! Solo le acercas la mano y te pone jabón encima. ¡Están hermosos los baños!”. Los adultos presentes solo acataron a sonreír solidariamente con la niña.

Tenía razón Julio Verne cuando decía que los viajes ilustran.




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