Monday 05 de December de 2016
»Familiares platican cómo era Beatriz González Ortega  

Una mujer de entereza inigualable 

César González      2 Aug 2014 19:42:43

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  • Beatriz González Ortega. (Crónica del Teúl de González Ortega).  (Cortesía) Beatriz González Ortega. (Crónica del Teúl de González Ortega). (Cortesía)
  • Luis Jesús, María de los Ángeles y Raúl Elizarrarás González Ortega, sobrinos nietos de la profesora.  (César González) Luis Jesús, María de los Ángeles y Raúl Elizarrarás González Ortega, sobrinos nietos de la profesora. (César González)
  • La casona, que ocupaba poco más de estos dos  edificios de la calle 5 de mayo, nació la teulense. (César González) La casona, que ocupaba poco más de estos dos edificios de la calle 5 de mayo, nació la teulense. (César González)
  • Cocina de la casa en la que la maestra pasó su niñez. (César González) Cocina de la casa en la que la maestra pasó su niñez. (César González)
  • Los restos fueron exhumados en la Ciudad de México para ser colocados en la Rotonda de las Personas Ilustres de La Bufa. (César González) Los restos fueron exhumados en la Ciudad de México para ser colocados en la Rotonda de las Personas Ilustres de La Bufa. (César González)
  • Este pasillo conducía a la habitación que ocupó en El Teúl.  (César González) Este pasillo conducía a la habitación que ocupó en El Teúl. (César González)
  • Medalla al mérito revolucionario. (César González) Medalla al mérito revolucionario. (César González)
  • Abrigo que usó al recibir un reconocimiento por sus 50 años de servicio. (César González) Abrigo que usó al recibir un reconocimiento por sus 50 años de servicio. (César González)
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“Luchona, con muy buena cultura, muy buena lectura, llena de valores y con una memoria fotográfica impresionante”, recuerdan Luis Jesús, Raúl y María de los Ángeles Elizarrarás González Ortega a su tía abuela Beatriz González Ortega.

Los hermanos tuvieron la dicha de convivir por más de tres décadas con la profesora, que salvó la vida de miles de heridos en el improvisado hospital en la Escuela Normal para Señoritas, durante la Toma de Zacatecas.

A decir de Raúl, en aquella época la convivencia en familia era sagrada y no desaprovechaban los momentos para estar al lado de Beatriz.

Ella siempre destacó por ejercer los valores que su tío, el general Jesús González Ortega, le enseñó, pues se convirtió en su padre desde el momento en que nació.

El general tomó esa decisión porque su hermano José María González Ortega, el padre biológico, falleció dos meses antes de que naciera.

Educadora y cariñosa
Los hermanos Elizarrarás González recuerdan con cariño a su tía abuela, porque a cualquier hora libre, ella aprovechaba para contarles cuentos y relatos, algunos incluso basados en lo que vivió en junio de 1914.

Al mudarse a la Ciudad de México, Beatriz y los Elizarrarás vivían en casas continuas, por lo que a la hora del alimento, ambas familias se reunían.

Era muy raro el día en que no se sentaran juntos en la mesa; allí, compartía lecciones de vida, hablaba con un léxico decente las situaciones que vivió como profesora y como protectora de la salud en los tiempos de la Toma.

En la década de los 40, Beatriz acostumbraba llevar a sus sobrinos a nadar en la ciudad de Cuautla, Morelos.

Al desprenderse de su ropa, su piel blanca resaltaba las marcas de unos cuántos golpes, comenta María de los Ángeles.

Su infantil curiosidad le hizo preguntarle “¿por qué tienes esas marcas?”.

Ahí, Beatriz González habló por primera vez con los pequeños acerca de lo que vivió un día después de la Toma de Zacatecas, 30 años antes.

En 1914, cuando era la directora de la Escuela Normal de la Constitución, utilizó las instalaciones como hospital, con el apoyo del doctor Guillermo López de Lara; “ella no distinguía entre buenos y malos, a todos se les curaba por igual”, mencionó Raúl.

Esa situación causó molestia en el general Francisco Villa, por lo que este último le exigió una lista con los federales que se encontraban heridos y tenía sólo 10 minutos para elaborarla.

Al negarse, a manera de escarmiento, recibió 14 cintarazos de cuero, y con orgullo, los familiares recuerdan las palabras que su tía abuela le dio al Centauro del Norte: “A mí los golpes no me enseñan nada, recuerden que nosotros también estamos tratando a su gente (de Villa)”.

Eso causó mayor descontento en Villa, por lo que Beatriz, junto con el doctor Guillermo, fueron mandados fusilar al panteón, camino a Guadalupe.


Sin embargo, mientras se dirigían hacia allá, fue tiempo suficiente para abogar por la justicia y el diálogo logró salvarles la vida.

Es así como los familiares recuerdan este pasaje que les ocasiona un gran orgullo y una amplia sonrisa, pues dijeron a Imagen que “es el pedazo de historia que hizo de Beatriz una héroe; una héroe sencilla, humilde y con el tiempo suficiente para pasar tiempo con la familia”.

Muy inteligente
Los 32 años que Beatriz radicó en Zacatecas fueron los más importantes de su formación académica.
Del primer grado en la escuela primaria pasó al cuarto con ayuda de dos cosas únicamente: su inteligencia y una beca que le consiguió el general Jesús González Ortega.

Platican que tenía una memoria fotográfica que impresionaba a cualquiera, recordaba con exactitud todo lo que veía y leía, “era muy buena para dejarnos una enseñanza, hablándonos de un verso que días antes había leído”, dijo Raúl.

Eso la llevó a ser miembro de la Academia de la Lengua Española, puesto que tenía un gusto y un conocimiento elevado por el español.

Luis Jesús destacó por ejemplo, que por ella es que se estableció restaurante como palabra correcta, y no “restorán”, como se decía.

No conforme, Beatriz hablaba latín, griego, inglés y francés, aptitudes que conjugó para traducir la Iliada y La Odisea al español.

Merecidamente logró ser la directora de la Escuela Normal de la Constitución durante la Toma de Zacatecas, pero además fue la directora de la Escuela Normal de Lerdo, en la Ciudad de México.
Luis Jesús platicó también que gracias a ella fue un exitoso abogado, pues lo ayudó mucho para que terminara sus estudios.

“Mi carrera de abogado, que fue muy exitosa, la tengo y la tuve gracias a ella por sus enseñanzas, porque algunas cosas que no entendía en un principio, me abría los ojos con su expresión, porque no solamente estudio para ser maestra, se preparó para ser una gran maestra y conocer el castellano profundísimamente”, dijo. 

Al cumplir 50 años como docente, en 1944, acompañada de sus familiares recibió la medalla Ignacio Manuel Altamirano de manos del entonces presidente de la República, Manuel Ávila Camacho, comentaron los sobrinos nietos.

La anécdota más sobresaliente para los hermanos Luis Jesús, Raúl y María de los Ángeles fue cuando el filósofo mexicano, Antonio Caso, le dijo a Beatriz en una ocasión en la Ciudad de México, y frente a ellos, “yo ante esta mujer, me quito el sombrero”.

Estas son algunas de las experiencias de Beatriz González Ortega, mujer de acciones que siempre buscaron el bien común sin distinciones. 

Con información de Erika Flores




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