Sunday 04 de December de 2016

Una y otra vez

Antonio Sánchez González      26 Jun 2014 21:00:21

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Hace años leí una editorial en una revista médica titulada Tócala de nuevo, Sam, frase atribuida -y nunca pronunciada- al personaje de Humphrey Bogart en Casablanca: de nuevo y de nuevo sería un buen título cuando se trata de hablar de depresión, una enfermedad con índices muy altos de recurrencia.

Es imposible soslayar el efecto que tiene la depresión sobre el estado de salud de un individuo.

La Organización Mundial de la Salud señala a la depresión como la primera causa de años perdidos por incapacidad debida a enfermedad en el mundo, y cuando coexiste con otras patologías crónicas, como cáncer o enfermedad cardiovascular, puede ser un factor de riesgo independiente de pobre evolución médica, mala calidad de vida, falta de apego al tratamiento y de muerte.

La depresión es una enfermedad; tener depresión no es tener “nervios”. No es igual tener tristeza que tener depresión, la primera es un sentimiento y la segunda, enfermedad.

La miríada de síntomas que los médicos buscamos para hacer el diagnóstico está bien definida y es clara; incluye a molestias que todos asociaríamos con el término utilizado para denominar a la enfermedad, pero también a otros, como alteraciones de la memoria, dolor crónico, variaciones de peso o alteraciones del sueño que podrían atribuirse a otras enfermedades o a la senectud.

Un error que con frecuencia cometemos los médicos es considerar a la depresión que se presenta en ancianos como consecuencia inevitable de alguna otra enfermedad coexistente o, peor aún, como parte normal del proceso de envejecer.

No es raro escuchar a médicos y a legos por igual, decir que si alguien tiene cáncer, o un infarto del corazón o enfisema, o lo que uno quiera, es normal que también esté deprimido.

Algunos pacientes en esa circunstancia están deprimidos, pero la mayoría no lo están. En ese escenario, desestimar a la depresión como algo inevitable quita al enfermo la oportunidad de recuperarse de una patología potencialmente incapacitante y mortal.

El tratamiento de la depresión con medicamentos es muy eficaz, diverso y efectivo. Sin embargo, a pesar de las evidencias, la depresión con mucha frecuencia pasa inadvertida incluso cuando quien la sufre tiene manifestaciones floridas; peor aún, con dolorosa frecuencia, las personas con depresión no reciben tratamiento aunque tengan hecho el diagnóstico o aquel no se prolonga por los plazos correctos, de manera que se asegure evitar una recaía.

Afortunadamente, ahora existen un buen número de buenos antidepresivos, con excelentes índices de eficacia.

Desafortunadamente, por causas que con frecuencia son atribuibles a los médicos, de manera común se usan por plazos o dosis incorrectos y entonces aumenta la posibilidad de recidivas.

Con el tiempo, los médicos aprendimos a respetar el daño potencial que la depresión puede causar en la salud, y el potencial que tiene la depresión para recurrir, una y otra vez.




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