Sunday 04 de December de 2016

Viajar ilustra

Raúl Muñoz del Cojo      10 Oct 2014 19:30:03

A- A A+

Compartir:
Hace más de ocho años, mi esposa y yo tomamos una de las decisiones más importantes en nuestro matrimonio: llevar a nuestro hijo a consulta con el doctor Unruh a Laredo, Texas, especialista en el sistema nervioso.

Por medio de terapias, su objetivo es hacer que los niños con parálisis cerebral puedan estar plenos y con una calidad superior de vida. Como se imaginará, los temas que se trataban con él eran casi en su totalidad relacionados con la salud y el trabajo en las terapias de nuestro hijo, pero al final de la visita preguntaba: “¿y ya se tomaron unas vacaciones?”.

Siempre nos comentó que los mexicanos éramos muy buenos para viajar, pero muy malos para vacacionar. Argumentaba que las salidas a doctores, viajes a fiestas de familiares y escapadas de fin de semana no eran en realidad de descanso.

Al contrario, él aseguraba que este tipo de periplos solo conseguían un retorno a casa con más estrés y cansancio del que se hubiera tenido sin salir de la misma. Por tal motivo, siempre a final de año, parte del tratamiento que teníamos que seguir para nuestro hijo era irnos de vacaciones solos y que nos diéramos tiempo a la convivencia en pareja.

A veces, por naturaleza del trabajo de ambos, es complicado hacer caso a estos consejos, pero créame que decidirse a hacerlo cambia de una manera abismal la convivencia en casa.

Para que tenga una mejor calidad de vida, le comento que Unruh tiene razón: dése tiempo para salir con su pareja unos días a descansar, desconéctese y disfrute como niño esos momentos que por sus ocupaciones o trabajo será difícil repetir.

También es muy importante en esos periodos de su vida analizar realmente cómo vivimos los mexicanos en comparación con otros países y como decía mi abuela Concha, también hay que saber voltear para abajo de vez en cuando.

En días anteriores, apoyando el consejo del doctor de mi hijo, visitamos Brasil y Argentina, países con los que, según estudios mundiales, vivimos en igualdad de circunstancias y tal vez quepan algunas comparaciones sobre la vida cotidiana.

Nuestra aventura comenzó en Río de Janeiro, lugar donde, como en toda América Latina, la diferencia en clases es muy marcada, pero la calidad de vida de sus habitantes se refleja como buena debido al humor de todos. Comparo a los habitantes de Río con los de nuestras playas en México; campechanos y siempre alegres.

El turismo para ellos es una prioridad y lo tienen muy bien desarrollado. Para uno como prestador de servicios es muy agradable toparse con una población que tiene vocación turística. Me sorprende sobremanera la influencia en Brasil de El Chavo del 8 y de nuestras criticadas novelas. Malas o buenas, no sé, pero es muy significativo el lazo que nos une.

En cuanto a economía, Brasil es caro en general y fomentan de manera importante el consumo local. Los artículos importados son aún más costosos que lo hecho en casa.

La flora y fauna son impresionantes, en algunos sectores de la ciudad es difícil acostumbrarse a la presencia de macacos pequeños columpiarse por los cables de luz de Río de Janeiro.

La vida nocturna es muy buena y los cariocas se dan tiempo para todo. Su cocina tiene encanto y personalidad propia. En resumidas cuentas, la ciudad de Río es uno de los lugares a los que volvería sin pensarlo.

Acudimos también al parque de Iguazú, al que llegamos por el lado brasileño y dormimos en el argentino. La impresión en general es la misma. El lado de Brasil está muy preparado no solo para el turismo; también usan el agua del río para hidroeléctricas, lo que hace que esa zona sea rica no solo en turismo, sino en generación de energía.

El lado argentino se ve más quedado en todos los sentidos. Por ambos países el espectáculo natural es irrepetible. El caudal de agua, acompañado de la brisa, trastorna en el momento sus sentidos, y para las personas de lugares secos como nosotros es vivir una experiencia formidable y sentir de verdad la vibra positiva que la naturaleza nos brinda.

El final del viaje fue en Buenos Aires, Argentina, que posee encantos que no se pueden comparar con ningún lugar del mundo, aunque encontré un pueblo argentino muy inconforme con sus políticas gubernamentales que, dicho por ellos, inducen al flojo a no trabajar, esto es por los programas sociales de su actual administración.

El tipo de cambio oficial es de 8.5 pesos argentinos por un dólar, mientras que el del mercado negro es de 14.40 pesos argentinos. Todo mundo busca se le pague en moneda norteamericana.

Un muy mal negocio es pagar como turista con tarjeta de crédito, ya que a la paridad entra el tipo de cambio oficial y se pierde más de un 40% en la transacción. Su comida y hospitalidad en general es buena.

Para terminar, no sé si usted esté contento o no con nuestro gobierno actual, del cual nos quejamos todos los días. Le aseguro que nuestra situación es mil veces mejor a la de Brasil y Argentina. Hasta la próxima.




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 20.60
Venta 21.1
€uro
Compra 21.98
Venta 22.48

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad