Thursday 08 de December de 2016

Vigilantes en la espera de la venida de Cristo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      16 Nov 2013 21:10:07

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La Iglesia llama a estar pendientes del regreso de Jesús a la Tierra. (Cortesía)
La Iglesia llama a estar pendientes del regreso de Jesús a la Tierra. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
Estamos ya en el penúltimo domingo del Ciclo C de nuestra liturgia y avanzamos para realizar otro Ciclo, el A, para el año que se avecina a partir del Primer Domingo del Adviento.
Hoy, la Iglesia nos hace pensar, reflexionar y tomar actitudes de renovación y enmienda de nuestras vidas, ante el hecho doloroso del pecado que puede apartarnos de Dios y de sus sendas de amor y salvación.
En efecto, el evangelio nos habla del fin del mundo, prefigurado en la destrucción del templo de Jerusalén por los ejércitos invasores de los romanos, durante el reinado del emperador Tito hacia el año 60 de nuestra era.
Jesús hace alusión explícita a este hecho como profecía que se cumplió para hacer ver la verdad de su doctrina y la validez de su misión como Mesías.
La primera lectura del profeta Malaquías prepara para este anuncio y la segunda lectura, tomada de la Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses, el apóstol corrige las actitudes erradas que esos hombres habían tomado en sus vidas personales y comunitarias, creyendo, sin fundamento válido alguno, que la aparición del Señor al final de los tiempos estaba por cumplirse inminentemente.
La Iglesia, siguiendo las enseñanzas de Cristo, nos amonesta el día de hoy para que siempre vivamos vigilantes en la espera de la venida de Cristo, primero en la historia temporal y luego para la eternidad cuando se manifieste lleno de gloria al final de los tiempos y venga a juzgar a vivos y muertos (La Parusía).

VIGILANTES EN LA ESPERA DEL SEÑOR
Las enseñanzas de Cristo acerca de su venida es tema central, en cuanto que ha de venir siempre para que nos encontremos con él día a día por medio de nuestra fe como deseo libre de aceptarlo y normar sabiamente las acciones de nuestras vidas con la luz de su evangelio.
Pero también en el trasfondo de nuestra existencia está presente su venida definitiva al final de los tiempos, cuando se manifieste con toda la fuerza de su resurrección para llevar a sus seguidores que le hayan sido fieles a la casa del Padre eterno.
¿De qué manera podremos siempre estar vigilantes a la espera de Cristo trascendiendo todas las circunstancias alegres y tristes que debemos asumir para realizar nuestra vocación humana y cristiana?
¿Cómo habremos de vivir en estado de gracia o sea en comunión constante con Dios, para ser felices, aguantar en las tribulaciones, en la muerte y ser fieles a Dios quien desea nuestra configuración con Jesús, alentados e inspirados por la luz y la acción del Espíritu, quien nos hace fieles en el camino cristiano hasta alcanzar la meta de nuestro destino final en la comunión de los santos en el cielo?
Para dar respuestas a estos interrogantes, me centro en lo que San Pablo nos enseña en la segunda carta a los tesalonicenses, quienes creían que la llegada definitiva del Señor estaba inminentemente por llegar y que por tanto, ya no era tan necesario seguir luchando y estando activamente trabajando ya que no quedaba mas que aguardar pasivamente dicha venida.
Esperar a Jesús que viene a nosotros cada día y en orden al encuentro con él en el más allá, es por medio del trabajo como medio seguro de realización humana, si es que se toma en su justo valor y eficacia constructiva, por eso en seguida propongo una espiritualidad del trabajo ordenado precisamente al encuentro de Jesucristo y con los hermanos, ahora y para siempre.

San Pablo nos dice claramente: “El que no trabaje, que no coma”. Nos exhorta a comer nuestro pan como fruto del trabajo honesto y que sirve para una vida feliz en medio de pruebas y dificultades que todo ser humano encuentra en su camino y como reto para la superación.
La espiritualidad del trabajo podemos delinearla en los siguientes puntos:
A).- Realización personal: porque el trabajo es un bien personal para hombres y mujeres, por medio de él se puede transformar la naturaleza para que sea acomodada a las necesidades y exigencias del ser humano y también como realización de sí mismos desarrollando los talentos y dones con los cuales Dios ha dotado a todos sus hijos en este mundo.
B).- Colaborar con Dios en la obra de la creación: esta creación ofrece la capacidad de estar continuamente transformando el mundo, con la ciencia, la tecnología y con el esfuerzo de investigar y conocer las leyes del universo para dar gloria a Dios, pero también para hacer de este mundo por medio del trabajo un mundo justo, agradable, aprovechando los tesoros escondidos en la naturaleza para que se usen aptamente en orden a la realización de los hombres.
C).- El trabajo debe estar al servicio de la comunidad humana en todo el planeta: con la inteligencia, la voluntad tenaz y el deseo de compartir conocimientos, experiencias, ciencias y tecnologías.
Todo esto para producir fuentes de trabajo y que por medio de él se obtenga la casa donde habitar y desarrollarse los miembros de las familias bien constituidas; obtener el vestido, la alimentación y todo lo que ayude a la formación integral de las personas en las escuelas y universidades.
La industria, el comercio y toda la gama de servicios en la sociedad para hacer que todos vivamos en paz y concordia procurando incesantemente el bien integral de todos y cada uno en los diversos países y sus culturas.
D).- El trabajo a la luz de la Pascua de Cristo: Jesús por voluntad de su Padre y con el influjo sorprendente y continuo del Espíritu Santo, integra el sufrimiento, las alegrías y buenos proyectos de cada quien y en comunión fraterna.
La pasión, la muerte y la resurrección de Cristo es el mensaje ineludible e imprescindible en la realización temporal y trascendente de todo ser humano llamado a configurarse con Jesús por se Pascua para que sea nuestra y con el trabajo de la evangelización en todos los niveles de la acción de los hijos de Dios, llegue el Reino de Dios en su fase terrena y hacia la celeste.

CONCLUSIÓN
¡Valoremos el trabajo con sus fatigas, penas y sufrimientos, configurándolo con la cruz y muerte redentora de Jesucristo para luego gozar de los bienes del Reino de Dios en este mundo de peregrinos y luego como conciudadanos de la patria del cielo en la luz eterna de la Resurrección!




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