Thursday 08 de December de 2016

Vigilantes y preparados para recibir a Cristo en esta Navidad 

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      30 Nov 2013 15:59:31

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La venida de Jesús a las vidas de los seres humanos es para llenarlas de paz, consuelo y verdadera comunión con Dios y con los hermanos. (Cortesía)
La venida de Jesús a las vidas de los seres humanos es para llenarlas de paz, consuelo y verdadera comunión con Dios y con los hermanos. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN 
Hoy es el primer domingo de adviento, con el cual abrimos este tiempo que nos conduce a celebrar la venida de Jesucristo en carne mortal.

El tiempo de adviento nos hace estar vigilantes y preparados con corazón y alma limpios para que Jesús sea recibido por sus creyentes y nazca en la humanidad y en el concierto del mundo entero, para recibir su gracia de elección y llenarnos de paz y gozo, en medio de tantas pruebas y retos que se nos presentan en la hora actual, en el desarrollo de nuestra existencia mientras caminamos hacia la patria celeste.

La renovación de nuestra fe y su redescubrimiento ensancha nuestro horizonte con la venida y la presencia de Jesús, permanentemente activo y generoso para darnos vida en abundancia, disipando las tinieblas del error y enderezando los caminos tortuosos del pecado y la incredulidad que siempre, más o menos, cercan la vida de hombres y mujeres en este planeta que nos ve nacer crecer, fructificar, hasta alcanzar la meta de nuestro destino total e imperecedero, por el único camino que es Cristo, nuestro amable redentor, salvador y libertador.

Asimismo, hoy da comienzo en nuestra Diócesis de Zacatecas el Año jubilar para celebrar vivamente con empeño y compromiso pleno, los 150 años de su erección canónica y pastoral por su santidad el Papa Pío IX, a quien debemos recordar con gratitud.

Este Año jubilar se presenta como una gracia nueva que debe ayudarnos para crecer más y más en el conocimiento de Cristo y pedirle que nos acompañe siempre para ser fieles a nuestro bautismo y configurarnos con él y su evangelio en la transformación de nuestros pueblos, familias y comunión social y eclesial, para dar testimonio de la fuerza del evangelio que nos da esperanza cierta de tiempos mejores en la promoción de la justicia, la concordia entre todos los que creemos en él y abrirnos con amplitud de miras a todo aquel que nos pida razón de nuestra adhesión al Señor, en y por medio de su Iglesia.

Ella es signo salvífico levantado entre las naciones y especialmente en nuestro México que necesita mucha paz, fraternidad y desarrollo en todos los órdenes de la vida personal y comunitaria, respetando y fomentando el tesoro de la vida y desterrando los crímenes y violencias que producen tanta inseguridad, miedos, amargura y tristeza en tantas familias que han sufrido el agobio de los grupos criminales que laceran la convivencia pacífica que todos los mexicanos anhelamos.

VIGILANTES Y PREPARADOS PARA RECIBIR A CRISTO
Esta preparación y vigilancia se encuadra en las tres dimensiones en las cuales se lleva a efecto la venida de Jesús a nuestras vidas para llenarlas de paz, consuelo y verdadera comunión con Dios y con los hermanos.

De esta manera se desarrolla la historia de nuestra salvación, precisamente cuando Jesús, nuestro Salvador, viene a nuestro encuentro cumpliendo así la voluntad de su Padre con el gozo y efusión del Espíritu Santo. Tres son pues las venidas de Cristo, a saber:

Primera venida.- Se ha realizado en la historia con la encarnación del Hijo de Dios en el seno virginal de María. Nació en Belén de Judá y ahí culminó la larga espera del adviento precristiano, Des esta manera se han cumplido las profecías acerca de la venida de Mesías para salvar a la humanidad de su postración de pecado y de muerte, restaurando al mismo tiempo el universo creado por Dios y asociado a la suerte de los hombre dentro del plan salvador de Dios Padre operado por Cristo y a través de la acción fecunda del Espíritu de amor.

Segunda venida.- Se va llevando a cabo como tiempo intermedio entre la primera y tercera venid de Cristo; es el lugar de las constantes “venidas” históricas de Jesús a lo largo y ancho de nuestras vidas que avanzan dentro del cosmos que nos ve nacer, crecer y morir.

En este segmento del tiempo y del espacio vivimos entre luces y sombras, entre alegrías y sufrimientos: Es el “paso” o “pascua de Jesús” en nuestras existencias, asociándonos a su cruz en la máxima expresión del amor a Dios y a los hermanos, levantando la esclavitud del pecado para gozar de la verdadera libertad de los hijos de Dios, con el anhelo de alcanzar la bienaventuranza gloriosa y eterna en el paraíso.

Tercera venida.-  Se llama “la parusía” como manifestación triunfante y gloriosa del Señor Jesús, quien entre nubes y rodeado de esplendor ha de venir definitivamente para salvar a toda la humanidad y sus generaciones del pecado, de las insidias diabólicas con el gozo, la paz y la absoluta consumación de los siglos, para dar paso a la nueva tierra y a los nuevos cielos en los cuales reinen para siempre la comunión y la dicha de los llamados a ser conciudadanos del cielo y el banquete eterno de la vida plena.

CONCLUSIÓN
Tengamos muy viva la conciencia de fe y esperanza en Dios, para establecer un equilibrio espiritual, moral y religioso, de estas tres venidas (pasada, presente y futura) que hemos considerado en esta homilía y que se celebran y confluyen en el tiempo maravilloso y reconfortante del adviento, fuente de gracia, perdón y misericordia.

Sellemos, pues, nuestras vidas en el suspiro de preparación y vigilancia ante el Señor que adviene
siempre para encontrarnos con él y con los hermanos, poniendo en nuestros labios y en el fondo de nuestras almas, las últimas palabras del Apocalipsis, último libro de la Biblia:

“Dice el que da testimonio de todo esto. Sí, vengo pronto. ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús! Que la gracia del Señor sea con todos. ¡Amén!




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