Saturday 03 de December de 2016

¡Ya basta! 

Antonio Sánchez González      9 Jan 2014 21:10:07

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¿Me puede recetar unas vitaminas? Esa es, posiblemente, una de las preguntas más comúnmente hechas en la consulta diaria de un clínico. Se nos piden recomendaciones de vitaminas para propósitos diversos, que van desde cansancio hasta la idea de cubrir supuestas deficiencias alimentarias, pasando por la prevención o cura de enfermedades, algunas serias como cáncer o cardiopatías.

El mercado mundial de vitaminas compite en tamaño con los de antibióticos y analgésicos. Los tres ocupan los primeros lugares en ganancias derivadas de ventas de drogas en el mundo. El comercio de vitaminas ha tenido incrementos vertiginosos en los últimos años; por ejemplo, en los Estados Unidos el aumento fue tal que alrededor del 53% de los norteamericanos adultos toman diariamente algún multivitamínico o suplemento alimenticio, y las tendencias en el Reino Unido, Japón y la Unión Europea tienen el mismo sentido. En 2010, el monto gastado por los estadounidenses en vitaminas fue de 28 mil millones de dólares, con incrementos anuales cercanos al 39% en el gasto por persona. En México, los datos son difíciles de obtener por culpa de marcas como Omnilife, Herbalife y Shaklee, entre otras, que no son sujetas de regulación por nuestras leyes.

Nunca, nadie, pudo demostrar a través de investigaciones con rigor científico, que las vitaminas hagan que alguien se sienta mejor. Ya desde 1988, un estudio clínico hecho en miles de pacientes chinos observados por más de 10 años relacionó el uso de vitaminas E y A, y minerales “antioxidantes” como el selenio, con aumento del riesgo de morir por todas las causas, pero particularmente con cáncer de pulmón, lo que modificó la tendencia global de consumo de estos compuestos, cosa que no sucedió en México. Después, otra serie de observaciones clínicas que se publicaron en 2011 alertaron a la comunidad médica acerca de la relación entre los multivitamínicos, particularmente los que contienen dosis grandes de vitaminas B, ácido fólico, hierro y cobre, con aumento del riesgo de muerte equivalente a un acortamiento importante de la expectativa de vida.

En el último mes de 2013, el American College of Physicians, publicó los resultados de otra serie de investigaciones rigurosas, practicadas en cerca de medio millón de pacientes observados por décadas con el propósito de demostrar si las vitaminas, inyectadas, tomadas, o en terapias como las llamadas “quelaciones”, eran eficaces para una caterva de cosas como mejorar la memoria, la inteligencia o las habilidades para el aprendizaje, reducir el riesgo de patologías como la enfermedad de Alzheimer y diversas cardiopatías, particularmente para saber si reducen el riesgo derivado de los infartos del corazón. Las conclusiones son contundentes: no sirven.

El mensaje es simple: las vitaminas no previenen enfermedades crónicas, no reducen el riesgo de morir y no causan bienestar. Basta ya de gastar en eso.
 




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