Thursday 08 de December de 2016

YoSoyMédico#17

Antonio Sánchez González      19 Jun 2014 21:40:10

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La vida de un médico está llena de momentos de terrible tensión nerviosa”, de nuevo, Veressayev en sus Memorias de un Médico, 1916. “La súbita recaída de un convaleciente, el llanto de un desahuciado que clama por alivio, la inevitable muerte de un paciente, la siempre presente posibilidad de un error o del efecto indeseable del tratamiento... Hay momentos en los que las fuerzas para seguir con esta vida están completamente agotadas”.

En las últimas dos semanas se extendió como reguero de pólvora a través de las redes sociales nacionales un movimiento llamado YoSoyMédico#17: la respuesta de un grupo de médicos y profesionales afines ante el fallo del poder judicial asentado en Jalisco que juzgó como responsables de mala práctica a un equipo sanitario que trató en una sala de terapia intensiva del IMSS a un joven que ingresó en condiciones de extrema gravedad, quien después de dos meses de tratamiento, que incluyó varias cirugías, falleció presumiblemente por la enfermedad que lo llevó al hospital.

En tercera instancia, el juez que conoció del caso ordenó aprehender a 16 médicos que formaron parte del personal que atendió al enfermo porque consideró que hubo defectos en su proceder; sin embargo, más allá de si se considera que hubo justicia técnica encerrada en el veredicto, la reacción dentro de los hospitales ha sido espoleada porque se tocaron partes sensibles del ejercicio cotidiano de la medicina mexicana.

En nuestro país el sistema de salud requiere cirugía mayor porque ¿puede confiar un paciente atribulado por la miseria que vivimos en el doctor que después de cuando menos 7 años de carrera se ve forzado a cobrar 20 pesos por su trabajo en el consultorio de una farmacia de cadena? Además, todos sabemos que es humanamente imposible que un médico piense en cada uno de los pacientes de la lista de 30 que está obligado a ver en una jornada de una institución pública de salud atiborrada por la realidad. El factor es la discrepancia entre lo que demandan los enfermos y lo que el doctor puede cumplir: el público espera, con razón, que su médico sepa y tenga todo para atenderle y eso, con dolorosa frecuencia, rara vez sucede.

No trato de ocultar que el médico también puede hacer daño. El mismo “doctor” puede tener efectos indeseables. Pero el médico puede ser sumando primordial en cualquier sociedad.

En algunas ocasiones por lo que sabe y auxilia; en otras, porque a partir de las inequidades observadas desde su punto de observación privilegiado puede, apoyándose en la supuesta vocación de ayuda, incorporar a su labor la obligación de ser conciencia y ofrecer a quien padece instrumentos para exigir, dando a la sociedad posibilidades de prevención o remedio colectivo.

También al señalar al poder evidencias de que muchas enfermedades y no pocas muertes son producto de las desigualdades, y que por lo tanto pueden ser evitadas. En otras palabras, fomentar la noción de que muchas patologías se deben al trabajo colectivo mal hecho.




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