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Un cofre de historia que está en el olvido

Arely Regalado
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20 de Agosto del 2016 22:01 hrs
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Liga Corta




VILLA GARCÍA.- Entre ruinas y techos caídos, y con apenas unas paredes en pie, el único museo comunitario del municipio cuenta un poco de su historia. 

Ubicado en el corazón de la cabecera municipal, justo a un costado de la iglesia principal, este recinto es uno de los museos más jóvenes del estado. 

En septiembre de 2015 abrió sus puertas al público y sin cobrar cuota alguna ofrece a propios y extraños un recorrido por la que fuera la casona del administrador de la hacienda. 

Se trata del Museo Religioso y de Historia de la Hacienda del Agostadero.

Su acervo está integrado por piezas arqueológicas, restos de mamut, muebles antiguos, un viejo archivo fotográfico, viejos documentos y artículos religiosos. Bajo candado se guardan celosamente las piezas más valiosas del museo. Algunos de los objetos que se exhiben y están en resguardo han sido, incluso, donados por la población.

Recorrer parte de lo que fueron los grandes salones de este inmueble, sus cuatro patios, cocinas, jardines y baños remontan a la riqueza de la época en la que Villa García fue fundada como hacienda reconocida por su actividad ganadera. 

Su belleza es inigualable, y sin importar las ruinas en las que se encuentra, obliga a la imaginación a un viaje al pasado. 

En el olvido
A pesar de su riqueza arquitectónica, poco se ha hecho para conservar la finca. 

En 2008 cuando Gobierno del Estado aportó un millón de pesos y el ayuntamiento pagó otros 500 mil pesos; con ello se logró la compra del inmueble subastado. 

Desde entonces no se ha invertido ni un peso para sacar al edificio del olvido y deterioro en el que está sumergido. 

Aunque existe el proyecto de rescate y rehabilitación de la finca, con miras a que el municipio pueda convertirse en Pueblo Mágico, no hay recurso destinado para la reparación de techos caídos, puertas vencidas, daños en ventanas, restauración de tapices originales, conservación de las habitaciones.  

Como muestra del retraso en el rescate de este recinto, apenas el año pasado el Instituto Nacional de Antropología e Historia inició con los trabajos de diagnóstico sobre la situación del inmueble. 

Se estima que para la rehabilitación total del centro de la cabecera, el mejoramiento de las calles principales y una manita de gato a la presidencia municipal se requieren al menos 300 millones de pesos, cifra inalcanzable para un municipio con los problemas financieros que tiene Villa García. 

La historia 
Joel Hurtado Santos, cronista titular de Villa García, explicó que este museo apenas empieza: en septiembre de 2015 se iniciaron los trámites y el proyecto fue aceptado; ahora el museo está montado de manera provisional. 

Señaló que la finca está en proceso de restauración; se espera que durante la próxima administración se avance en el rescate.

Este recinto fue pensado como un museo comunitario para que la población pudiera donar piezas de valor artístico, cultural e histórico. 

Se tiene un acervo grande, pues hay muestras de piezas arqueológicas, así como una pequeña exhibición de paleontología y arqueología. 

Precisó que la construcción se realizó durante la época de La Colonia: los primeros asentamientos del municipio datan de 1595, cuando inició como una estancia ganadera; posteriormente, se construyó el casco de la hacienda, que abarcaba lo que ahora es el auditorio municipal, la alcaldía, el templo y se extendía hasta 300 metros a la entrada del municipio. 

“El casco de la hacienda tenía tres casas importantes: la Casa Grande, el ahora palacio municipal, y el actual museo, que la habitaban los administradores de la hacienda”, dijo. 

A finales de 1600 la casa formó parte de un mayorazgo que pertenecía a la familia de los Medina y Torres, quienes fueron los dueños hasta principios de 1800 cuando cambió de propietario; posteriormente la hacienda pasó a manos de la hija del último comprador. 

Un médico fue la última persona que habitó esta finca. Luego de eso quedó en el olvido tras haber sido saqueada: se perdieron muebles, figuras, cristalería, cubiertos de plata y los archivos de la ganadería. 

Así, el cuidado de quienes han estado a cargo de su preservación es tan grande que han invertido meses en la elaboración de un guión museístico.

Sin inversión
Desde hace ocho años es propiedad del ayuntamiento; sin embargo, en todo este tiempo no se ha destinado un peso a la conservación de la casona, reconoció el cronista. 

Indicó que la administración que está por concluir gestionó el proyecto para la restauración y se han hecho los primeros estudios. 

“Los trámites burocráticos son muy tardados; pero ahí está el proyecto para rehabilitarla”, expresó. 
Mientras tanto, con el paso de los años el edificio resiste.

“Hay varias habitaciones sin techo y lo que está más deteriorado el segundo piso: el salón del centro, que era una parte importante de la finca donde se reunían todos los administradores del mayorazgo”, explicó.  

Hasta hace un par de años el edificio era utilizado por los presidentes municipales para dar el tradicional Grito de Independencia; con el deterioro, dejó de utilizarse para eso. 

No obstante, entrar en las habitaciones -algunas, totalmente vacías; otras, usadas como bodegas- es adentrarse a un túnel del tiempo y viajar 400 años al pasado.