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El Día del Señor

La nueva ley de Cristo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
11 de Febrero del 2017 21:25 hrs
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Liga Corta




Cortesía /

Introducción

El Hijo de Dios hecho hombre nos enseña que él establece la nueva ley que ha de regir a todo hombre que descubra por voluntad divina, su vocación de hombre y de profundamente cristiano.

Este domingo, nos ofrece el tema esencial de la ley de Cristo, basada en el amor a Dios por encima de todas las cosas y a nuestros prójimos como a nosotros mismos.

Jesús pone un contraste entre la ley de Moisés dada en el monte Sinaí, y su nueva ley del amor en un monte también, desde donde ha proclamado su ley nueva como plenitud de amor, en la cual se basan todos los mandamientos y que trasciende la ley antigua que Moisés dio al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento.

Ahora estamos ya en la plenitud de los tiempos mesiánicos, en la cual Jesús nos descubre la plenitud de la ley que rige y unifica al nuevo pueblo de Dios, prefigurado y anunciado por el antigüo pueblo de Israel.


La ley nueva de Cristo, más allá de la ley Mosaica

El evangelio de este día, según San Mateo, nos narra, que en aquel tiempo, “Jesús dijo a sus discípulos: No crean que he venido a abolir la ley o los profetas, no he venido a abolirlos, sino darles plenitud.

Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe  eso a los hombres, será el menor en el Reino de los Cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los Cielos.

Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos”.

Una vez declarado el espíritu de la ley nueva, Jesús aclara algunos puntos significativos. Son contraposiciones, que se refieren a temas concretos, haciendo ver de qué manera éstos se oponen a actitudes interiores.

De esta manera, Jesús nos enseña ir más allá de la casuística de escribas y fariseos que interpretaban la ley y su cumplimiento en su mera exterioridad, dejando de lado lo esencial de la ley que avala esa exterioridad, siempre y cuando brote del contenido esencial de toda ley:  que es precisamente el amor a Dios y a los hermanos sin distinción de personas, porque ante Dios todos tenemos la común dignidad de hijos adoptivos de Dios y ser hermanos unos con otros en su presencia, precisamente por el amor, sin fronteras y divisiones.


Los temas que nos presenta hoy el Evangelio

A).-  Homicidio. Afirmación de la vida humana y del derecho a la misma (quinto mandamiento). Jesús condena no sólo la privación de la vida física, sino incluso toda acción y sentimiento de malquerencia, porque ése es el sentido pleno de la ley.

B).- Adulterio. Afirmación de la plena fidelidad conyugal en el amor. Es inmoral no sólo el hecho consumado, sino también el deseo, es decir, el adulterio del corazón consentido libremente.

C).- Divorcio. Afirmación de la indisolubilidad del vínculo matrimonial. Jesús establece la ordenación original del Creador, anulando con ello, la tolerancia de la ley mosaica, sobre la que fundamentaban su interpretación laxista las escuelas de los rabinos.

D).- Perjuicio. Afirmación de la verdad, sinceridad, honradez y lealtad, con exclusión del juramento. Porque contra la mentira no hay más salvaguarda que vivir en la verdad y sinceridad de hermanos que se saben y se reconocen hijos de Dios en su presencia.

4.- Conclusión.Hoy día en el ambiente civil y en la policultura de las sociedades, constantemente se hace referencia a una multitud de leyes que se formulan y se ordenan al bien común, incluso legislando sobre asuntos en los cuales se intenta justificar muchos criterios y comportamientos que no van de acuerdo con la ley divina.

De esto se deriva un “permisivismo” con el cual se justifican muchos criterios, actitudes y acciones que van en contra de la verdad y el bien que están establecidos en la ley natural y en el ordenamiento de los mandamientos de la ley de Dios como plenitud de amor.

En el corazón de nuestra religión católica, está el amor a Dios y a los hermanos como plenitud del querer divino, hecho ley de libertad y de amor y que abarca y sintetiza todos los preceptos que precisamente se fundan en Cristo, como plenitud de amor y comunión para con ello alcanzar nuestra integración y pertenencia al Reino de Dios.

¡Pidamos al Señor, que siempre seamos cumplidores de sus mandamientos (10), los cuales deben entenderse y vivirse como suprema exigencia de amor y entrega a Cristo y a los hermanos.

Si confiamos en la gracia divina, podremos cumplir todo lo que Dios nos pide en orden al bien y a la verdad, bajo la luz de su revelación y resurrección de su Hijo, para todo hombre y mujer que quieran configurarse desde su bautismo y demás sacramentos con la voluntad de Dios y de esta manera y desde este mundo, alcanzar la vida eterna!

*Obispo emérito de Zacatecas