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Andanzas

La selva

Ricardo González
~
08 de Marzo del 2017 23:02 hrs
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Liga Corta




Desde una rockola destartalada salían unas melancólicas letras: “por un amor/ he llorado gotitas de sangre del corazón/ me ha dejado con el alma herida sin compasión/ pobre de mí/ esta vida es mejor que se acabe, no es para m텔
Un ventilador en una pequeña ventana intentaba extraer el aire caliente del local, contrastando la música del fondo.
En el rincón opuesto a la rockola don León me había puesto a cortar limones para las bebidas, el pago por mis labores era un trago de ron, porque la cerveza no es el fuerte de ese lugar.
Hoy ando más crudo que de costumbre porque antier llegó mi primo de Los Ángeles, vino con la cartera llena, se quería tomar el mundo, agarró tambora, novia, amigos y muchas botellas de las caras.
Pero no me la pudo curar porque fue a la capital a ver unos pendientes, así que me tuve que venir a ayudarle a don León para que me apaciguara los malos espíritus.
No me gustaba venir a la cantina de noche, porque don León la tenía adornada con animales que él había cazado, tenía unos armadillos, un águila, un puma –que la gente decía era un lión-, un búho y dos cabezas de venados.
Una espada adornada con joyería, dos escopetas, además de botellas más antiguas que el edificio que albergaba la cantina, llenas de polvo de ese que hace una plasta cuando se combina con las telarañas.
El ambiente ahí dentro se ponía a todo dar, era la cantina más prestigiada del pueblo, hasta los estudiados iban, no más que don León tenía un carácter duro, curtido entre tantas noches de andar aguantando borrachos y desveladas.
Cuando llegaba uno ya borracho lo corría, le decía que él los hacía que ya hechos no los quería. Era duro con los músicos que entraban a tocar, toquen bien –les gritaba-, sí no le hacían caso no los volvía a dejar entrar por unos meses hasta que entendían.
Nunca ha dejado entrar mujeres, dice que es para embrutecer a la gente no pa’ andar liriando con chamacas, que eso es mucho batallar.
Cuando terminé de cortar limones, de lavar los vasos y de acomodar las botellas al fin don León me sirvió una piedra, sí una piedra, pero no vayan a creer que de las del cerro, no, una piedra es una bebida.
Le dicen piedra porque es negra, contiene una revoltura de licores de hierbas revueltas con Coca Cola, con una te alivianas, con dos la borrachera vuelve a comenzar.
Voy a seguir ayudándole otro rato a don León, a ver si me manda a dormir temprano pero con unos tragos encima