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Historias de Lobos

Mi delito...tener una madre violenta

Ivonne Nava García
~
11 de Marzo del 2017 22:00 hrs
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Liga Corta




Es difícil imaginar que existan mamás que maltraten física y psicológicamente a sus hijos.

Hay que diferenciar abismalmente a aquellas que educan de aquellas que maltratan.

Las madres maltratadoras pertenecen a todas las clases sociales, pueden tener distintos grados de educación, y un bajo porcentaje tiene algún tipo de problema mental. Es decir: no existe un perfil de madre violenta.

En esta historia, un jovencito ya no puede ocultar el maltrato del que ha sido objeto desde su niñez. Su novia y su familia lo apoyan para que romper ese ciclo.

Él constantemente ha sido maltratado severamente por su mamá, quien después de los golpes y con sentimientos de culpa, trataba de compensarlo con regalos y compras de cosas caras. Su hermana y su papá, también sufrieron a causa de la ira irracional de esta mujer.

Nos cuidábamos de su mamá
Nos conocimos cuando tenía 13 años; yo estaba en la secundaria y su hermana era mi compañera. Nos hicimos novios y nos veíamos a escondidas, pero no de mi mamá sino de la mamá de él.

Eso se me hacía muy raro porque se supone que a una de mujer la restringen más, pero aquí era diferente.

A veces lo veía con moretones en los brazos o rasguños. Una vez que estaba lloviendo nos mojó un camión y mi novio se quitó su playera le vi en la espalda como con unas cicatrices. Me asusté mucho porque pensé que era emo y creí que se cortaba o se lastimaba; pero no: me dijo que su mamá lo golpeaba, se me hacía difícil creerle.

Buscó ayudarlo
Les dije a mis papás y hablamos con él; nos dijo que su mamá estaba muy estresada y que era un mal momento, pero que no siempre había sido así, que no nos preocupáramos.

Un día en la noche sonó mi celular; era él, me dijo que estaba afuera de mi casa, que su mamá lo había corrido y que no sabía qué hacer. Le abrimos y mi papá le dijo que no era correcto que se quedara ahí en la casa pero que por las circunstancias lo dejaría, pero que en la mañana irían a buscar ayuda.

Mi papá localizó a una tía de mi novio y le explicó lo que estaba pasando y la señora dijo que iría a recogerlo a la casa; llegó con la mamá de mi novio y con unos policías preventivos.

La señora dijo que él se había escapado porque lo había regañado por llegar tarde, pero no era así. Mi novio nos contó que se había levantado en la noche por un vaso con leche, su mamá lo escuchó y se levantó a maltratarlo; le dijo que dejara de estar tragando, que era un mantenido y le tumbó la leche de un manotazo.

Mi novio llegó todo rasguñado de su cara y le faltaba un pedazo de cabello de los estirones que le había dado la señora; lo corrió diciéndole que se largara para que viera lo que costaba la vida y que lo sacó en la noche de la casa; por eso se había ido con nosotros.

También nos dijo que su mamá se ponía como loca, que gritaba horrible y mi amiga, la hermana de mi novio, nos dijo que sí era cierto: la señora se trasformaba en un demonio gritando y diciendo muchas groserías.

Parecía una buena mujer
Cuando llegó a la casa la señora hablaba como apapachada y le decía a mi novio que lo quería mucho y que agradecía a Dios porque estaba bien. Llamó a la policía para que lo buscaran cuando había sido ella quien lo sacó de la casa.

Mi novio se fue con su mamá a su casa. Yo hasta creí en ella, de verdad que me sentí muy confundida y hasta pensé que mi novio había inventado todo.

Se desenmascaró
Un una amiga cumplió 15 años y fuimos porque mi novio era chambelán. A él nada más le habían dado permiso a las 12 de la noche o en cuanto se acabara el vals, pero el vals se empezó a la 1 de la madrugada. Mi novio y sus amigos estuvieron tomando mucho porque en la fiesta nos pusieron tres botellas en la mesa.

Llegaron por mí y le dije a mi papá que nos lleváramos a mi novio; en eso estábamos cuando se armó un pleito con unos que andaban molestando a unas muchachas. Mi novio ni andaba en el pleito, pero llegaron los policías y también se lo llevaron. Le dije a mi papá que fuéramos por él porque su mamá lo iba a matar. Los policías ya le habían llamado porque él era menor de edad y estaba muy tomadillo.

Llegamos al edificio de la Policía Preventiva de Guadalupe y también la mamá de mi novio; parecía un diablo: llegó gritando y hasta agrediendo a los policías. A nosotros ya nos lo iban a entregar pero como dijo que ella era la mamá se armó peor el escándalo.

Ese día la señora le pegó a mi papá, le dio una cachetada, y los policías no le decían nada porque los amenazaba muy feo.

Salió el juez o no sé quién de la policía y le dijo que se calmara porque si no la arrestaría, según ella se calmó. En cuanto sacaron a mi novio se le dejó ir, parecía que quería matarlo. Lo alcanzó a agarrar de los cachetes y le clavó las uñas muy horrible. Los policías se la quitaron. El juez dijo que le llamaría al DIF y la encerraron.

Le llamaron al papá de mi novio y fue el pobre señor; no se imagina cómo se veía de flaco y también tenía cicatrices en los brazos y en la cara de que también a él lo golpeaba. A mi amiga también le pegaba pero no la rasguñaba: solo le pegaba con el cable de la plancha en la espalda.

Se la llevarían presa
Llegó alguien que se veía como importante y dijo que se la llevarían al Centro Regional de Reinserción Social. Mi novio y mi amiga se pusieron a llorar, pero dijo ese licenciado que era mejor así, que deberían de ir al Ministerio Público a denunciar, pero no quisieron ir. Mi papá la denunció y estoy orgullosa de él.

Mi novio y mi amiga se fueron con su papá, siguen viviendo juntos. La señora salió, pero tiene que someterse a terapia psicológica y otros tratamientos.

La voz del joven
Mi mamá creía que con cosas materiales a mí se me iba a olvidar cuando me golpeaba tan feo. Crecí teniendo mucho miedo, sé que mi hermana también le tenía miedo, pero con ella se ensañaba menos.

A mí nunca se me van a olvidar sus castigos ni las golpizas que me daba. A veces creía que todas las mamás eran así.

Cuando fui creciendo me di cuenta de que no. No sabía qué hacer, ni a quién acudir. Si mi novia y su familia no nos hubieran ayudado, no sé cómo estaríamos. A mí me dejó marcado para toda la vida.

Tengo 16 años y mi mamá me pegaba desde que tengo memoria. Nunca sentí lo que es el cariño maternal, pero sí sentía muchísimo miedo cada vez que se enojaba.

Tenía miedo de hacer cosas que le molestaran, pero no sabía qué le iba a molestar. Obtenía golpes, rasguños, puñetazos, patadas, lo que fuera… me los hacía con su mano o con cualquier objeto que tuviera cerca.

Me duele que se la llevaran presa, pero solo así se iba a terminar todo. Salió al poco tiempo, pero mi papá reaccionó y por fin la dejó. Mi hermano y yo vivimos con mi papá.

Mi mamá está en tratamiento, pero yo ya no la quiero volver a ver. Espero que cambie y se cure. Entonces voy a ver si ya estoy listo para verla otra vez.

Recomendaciones
Si tú estás viviendo una situación de violencia con tus hijos, perdiendo la paciencia y dejándote llevar por la ira, puedes seguir estas recomendaciones:
Lo primero es que sepas que sólo tú puedes controlar tu propia violencia.
Cuando te sientas a punto de perder el control recuerda:
1. Pon distancia entre tu hijo y tú, aún dentro de tu hogar.
2. Si te es posible, haz una caminata lo suficientemente larga que te permita recobrar la calma.
3. Si no puedes salir de casa, concentra tu energía en alguna tarea fuerte que ayude a descargar tu coraje.
4. Tómate unos minutos para hacer ejercicios y relajarte. Llama a alguien de confianza y conversa un rato mientras te tranquilizas.
5. Piensa en algo agradable que te ayude a aliviar la tensión.
6. Sobre todo, busca ayuda profesional cuanto antes.