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Cosas de Jerez

Los informes municipales de hace medio siglo 

Javier Torres Valdez
~
14 de Marzo del 2017 09:10 hrs
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Liga Corta




El haber vivido la experiencia de asistir a casi medio ciento de informes municipales de gobierno me permite advertir que hay cambios, pues estos siempre se han dado en mayor o menor cantidad, aunque para ser exactos no todos han sido positivos, aunque hay mejoras en algunos aspectos.

Eran los tiempos en que había un solo partido en el poder, desde la capital del estado se decía quien era el siguiente presidente municipal y puede jurarse que entre algunos acaldes de aquellos ayeres, hubo algunos que mal sabían poner su nombre.

Entonces, como podrá comprenderse, los informes eran escuetos y algunas veces fueron leídos por el secretario municipal, porque el presidente no sabía hacerlo con elegancia.

No asistía ningún reportero, pues no los había, en Zacatecas sólo circulaba “La Voz del Pueblo” de J. Guadalupe Luna Jiménez y “Provincia” que era el órgano informativo del Gobierno del Estado.
La televisión ni se conocía, así que el informe era austero, simple, sin protocolos. 

Se informaba “un burro prieto, vendido en 8 pesos, entraron 200 pesos de multas a los vecinos por no barrer las calles, la policía detuvo a borrachos y escandalosos”, cosas de una simpleza, que ahora nos causaría risa.

El presidente municipal citaba a los comisarios y les ordenaba traer a determinado número de personas, suficientes para llenar para llenar el Teatro Hinojosa, desde temprana hora el tamborazo de Pancho Robles se colocaba en el Jardín Grande. 

Decenas de curiosos se arremolinaban en torno a la música dando una imagen de fiesta y alegría, aunque la mayoría solo acudieran al informe con el interés de poder ser admitidos en la “comida” que luego ofrecía la presidencia, que sacrificaba algún becerro que había tenido la desgracia de extraviarse y caer al mostrenco.

La policía, integrada por seis agentes y ocho en situaciones extraordinarias, se encargaba de mantener a raya a los descontentos, encerrándolos bajo cualquier pretexto en la cárcel que se encontraba en el patio del hoy llamado Palacio Municipal.

Pese a la simpleza de ejercicio público, había orden y tranquilidad y las disposiciones del presidente se encaminaban hacía la custodia de las costumbres y tradiciones: cierta vez, en cada puerta del jardín había un policía que impedía el paso a quienes traían sombrero grande, para poder entrar tenían que ir a encargarlo, cosa que se les dificultaba, pues quienes usaban ese tipo de sombreros era gente de rancho.

Los policías no podían meter mariguanos a la cárcel, pues estos no había, los carros de sitio eran tres o cuatro, uno era del señor Alamillo, otro de Natividad Torres y otro de alguien no recordado, mismo que manejaba un fulano dicharachero y hablador a quien apodaban El Pelagallos.

Los policías andaban a pie, pero los días de la feria, conseguían dos o tres caballos y en ellos patrullaban el pueblo al estilo del oeste americano, los gendrarmes traían en la cintura tenazas, pistolas, puñal y cadena, y a pesar de que sólo eran seis, tenían suficiente fuerza intimidatoria como para mantener en paz a la población.

Los ricos del pueblo, aunque no comulgaban con las autoridades, acudían a hacer acto de presencia en el informe para no desairar la invitación del presidente, dichas invitaciones se hacían en hojas simples tamaño carta, con el texto hecho en máquina de escribir por las secretarias de aquel entonces, que a pesar de ser solo dos, cubrían todo el trabajo en forma eficiente.

El gobernador del estado venía pocas veces, pues en aquel entonces los helicópteros ni se conocían y la carretera de terracería no permitía que a la ciudad de Zacatecas se hicieran menos de tres horas y media en su recorrido.

Debe aclararse que los informes municipales se hacían en los últimos días de diciembre o los primeros días de enero, buscando siempre que fueran en domingo para que hubiera más rancheros en el evento.

El 15 de Septiembre, el presidente municipal, acompañado de sus colaboradores, tomaba la bandera y salía a la calle encabezando la multitud que lograba juntarse frente a la presidencia y hacía un recorrido, entre los gritos alcoholizados de quienes se regocijaban en mentarles a los “Gachupines” que nos habían esclavizado.

Pese a todo y antes de la ceremonia del grito, había devoción y fervor patrio, los jerezanos en señal de respeto, se descubrían la cabeza y entonaban el Himno Nacional.

La fecha de los informes la cambió Genaro Borrego para ahorrar el desgaste de numerosas campañas políticas en contínuas fechas.

Ayer como hoy, se aplaudía al presidente en funciones, si lo había hecho bien o mal, era un gesto de cortesía y hubo varios trienios en los que el Presidente Municipal era uno, pero quien mandaba era el Secretario Municipal, que en ese caso fue Chemita Camargo y el Tesorero que también lo fue por varios períodos José Ma. Hinojosa.

No había Sistema de Agua Potable, ni tampoco aviadores que pelearan con el titular, ni ocuparan los vehículos oficiales en irse de pachanga con chofer y todo.

Eran tiempos diferentes y definitivamente no puede establecerse una comparación, pues todo era distinto.
Sin embargo el caravaneo era igual que ahora, eso si que no cambia, pues muchos aprovechan estas fechas para hacerse presentes, saludando a políticos, pero principalmente al gobernador, aunque para ser exactos, Leobardo Reynoso nunca dijo querer ser el presidente del país.