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De mis apuntes

Contrastes urbanos y nomenclaturas

Carlos López Gámez
~
01 de Abril del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Plano del 2010.
Cortesía / Plano del 2010.

Desde sus orígenes, Fresnillo nunca ha sido merecedor de mejor suerte. Es innegable. De ello abundan pormenores. Uno de ellos, de muchísimos más, siempre lo hemos considerado de indiscutible prioridad: su traza urbana. 


Esta de hecho nunca se hizo. El asentamiento humano se creó y expandió al “ahí se va”. Las consecuencias de esa gigantesca pifia humana se manifiestan en el presente. A propósito, las autoridades locales que se precien de serlo  nunca se han atrevido a poner orden en el crecimiento urbano. Su institucional indiferencia en lugar de intentarlo ha promovido el caos en materia de viabilidad y movilidad.


Para tratar de abordar un tema que supongo debe preocupar a los expertos en el desarrollo urbano, consultamos varios planos urbanos de la ciudad. Uno de ellos data de principios del siglo 20, otro de los años treinta del mismo, para llegar al que corresponde al 2010.


Con relación aparece el centro citadino como punto de partida para orientarnos: La población contaba con 45 calles, algunas con nombres propios que a la fecha conservan, otras no lo tienen. Abundan los caseríos dispersos y arterias que no conducen a ningún lado. Eso sí, aparecen numerosos espacios entre una manzana y otra. 


La mancha urbana de principios del siglo pasado la ubicamos dentro de un circuito limitante de acuerdo con los puntos cardinales. Hacia el oriente la orilla era la Lagunilla; hacia el poniente la calle de Ocampo (Luis Moya): al sur la Gómez y al norte la segunda de San Juan Bautista (Tlaxcala). 


En 1930 ingenieros de la empresa minera se dieron a la tare de levantar un plano urbano de la ciudad, fundamentalmente para puntualizar sus propiedades, incluyendo terrenos baldíos. Sobresale el legendario cerro de Proaño y otros sectores donde nacieron las barriadas. Y, por otro lado, para proporcionar a las autoridades un elemento que debe haberse tomando en cuenta estamos seguros que en algo pudo haber cambiado la población, claro con relación a la traza urbana. 


De ese plano aparecen 74 calles con sus nombres. Para una mejor interpretación, se precisan los nombres y ubicación de plazas, la primera colonia suburbana y barrios. Por ejemplo: Plaza del Huache, de la Huerfanita. Del Barreno, del Comercio, La Alameda, Del Sulfato, de Armas y del Laurel. La primera colonia sería la de Guadalupe (antes barrio; terminaría siendo parte de la colonia Esparza). Los otros barrios serían: los Caleros (Santa Ana) y de Quevedo (Barrio Alto), se incluían las Huertas de Abajo y se destacaba el Campo Deportivo Proaño (Parque Fresnillo). 


El polígono que ocupaba la mancha urbana de 1930 era similar a la de 1908. 
A partir del último tercio del anterior siglo la expansión urbana citadina tuvo un desproporcional e inusitado crecimiento, de manera principal hacia el norte y poniente. Y no fue precisamente por un plano regulador, de ninguna manera, fue una ventajosa manipulación de partidos políticos en contubernio con el ejido para invadir terrenos ejidales, que luego se transformaron en “colonias populares”. De esa manera se incubó el caos y el desmedido e impune acaparamiento de tierras de parte de voraces sujetos.


La mancha urbana tradicional, de acuerdo con los planos de principios del siglo 20 y luego en 1930, se transforma violenta y radicalmente a partir de los 70 para arribar al siglo 21 con otra imagen que refleja un desordenado crecimiento en construcciones de toda índole.


Tomando en cuenta el círculo interior, dentro del cual fijaríamos como punto de partida el anillo de circunvalación que comprende el libramiento citadino (boulevard Jesús Varela Rico y Calzada Proaño), un plano fechado en 2010 nos indica que la mancha urbana está conformada por más de 400 calles. En ese polígono encontramos 50 sitios catalogados como de interés histórico, cultural e infinidad en servicios públicos. 


En años recientes fuera del circuito interior se ubican las llamadas colonias populares. Así como inmuebles de gran dimensión para instituciones educativas superiores, servicios, hospitales e industriales. 


El desmedido crecimiento urbano en el presente ha rebasado en su totalidad lo existente, a tal grado que se han creado zonas conurbadas sobrepasando los límites territoriales del asentamiento regular, con la Estación san José (situada a 8 kilómetros de la ciudad) y Plateros ( a 6 kilómetros). 


La expansión urbana lo mismo comprende al poniente siguiendo la carretera a Valparaíso y al sur rumbo a Jerez. En torno a lo anterior también han nacido los llamados “cinturones de la miseria”. 


Con relación a la nomenclatura del circuito interior  como zonas de expansión presenta serios conflictos por la repetición de nombres de calles. Por otro lado, los servicios públicos en todo el territorio ocupado por la ciudad son generalmente deficientes por la inexistente traza urbana obligada. Así es la historia del Fresnillo.